La voz que se llevó la guerra

La vida no es lo que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, dijo el escritor colombiano Gabriel García Márquez. En eso pensé el martes cuando se conmemoraron 37 años del inicio de la Guerra de Malvinas, ese acontecimiento crucial en la historia argentina por esos dolores grandes que sufrieron quienes en la húmeda trinchera apretaban el fusil, compartían el último cigarrillo o esperaban al ocasional compañero que había partido hacia alguna misión. Una amiga de Buenos Aires compartió en las redes una carta que justamente cinco meses antes del comienzo del conflicto bélico le había escrito, desde la Base Naval de Puerto Belgrano, Alberto Martino, un amigo con el que habíamos hecho parte de la primaria y la secundaria y por entonces conscripto de la Armada. Alberto me llevaba dos años y era un hermano para mí y compartíamos muchas horas jugando en la calle. También unos meses antes de que el dictador Galtieri desafiara desde una Plaza de Mayo colmada al gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher con “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”, nos habíamos encontrado cuando él salía del predio de la ESMA. Recuerdo que hablamos de su querido Racing Club, por el cual sufría demasiado. Nos despedimos esa tarde sin saber que unos meses después el gobierno militar, en franca caída, intentaría recuperarse con aquella aventura bélica. Jamás imaginé que ese 2 de mayo fatídico su nombre iba a estar en la lista de los 323 argentinos muertos en el hundimiento del Crucero General Belgrano. Jamás imaginé que aquella tarde cerca de la ESMA su despedida con un simple “nos vemos” seguiría resonando en ese vacío que me dejó su muerte.

Jamás pensé que iba a ver su nombre en la lista de los 323 muertos por el hundimiento del Crucero Belgrano.

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