La historia es conocida, pero siempre vale la pena recordarla porque encierra los valores de una gran amistad y, fundamentalmente, porque tiene un final feliz después de algunos pasajes tristes y dramáticos.
Érika Flores (52) y Alejandra Álvarez (50) son amigas, pero en realidad son hermanas de corazón. O mejor dicho, de riñón.
Este sábado se cumplen 7 años de la exitosa operación que le realizaron a Alejandra para salvarle la vida. Necesitaba con urgencia un trasplante de riñón y Érika, su mejor amiga, fue la donante.
Alejandra vive en Buenos Aires y Érika, en Neuquén. Se quieren como hermanas, no solo porque se conocen desde que eran casi adolescentes, cuando trabajaban como promotoras en esta ciudad, sino porque ambas protagonizaron una hermosa historia de amor, de esas en las que una persona ratifica su compromiso de amistad ofreciendo todo lo que tiene a su alcance para que la otra pueda seguir viviendo frente a una situación extrema. Y lo que tenía Érica a su alcance para ofrecer era lo que necesitaba Alejandra: ni más ni menos que un riñón.
Todo comenzó hace unos seis años cuando Alejandra le contó a Érika que se había enfermado y que el diagnóstico no era bueno. Los médicos le dijeron que se trataba poliquistosis renal, que no era otra cosa que la aparición de pequeños quistes en los riñones que estaban destruyendo sus funciones. Pese a esta dolencia, Alejandra hizo tratamientos para quedar embarazada y lo logró, pero con el tiempo su salud fue deteriorándose al punto que tuvo que someterse a diálisis diarias para poder seguir viviendo.
Aunque las amigas estaban separadas por la distancia (Alejandra se había ido a vivir a Buenos Aires y Érika, a Rosario), mantenían largas conversaciones telefónicas diarias en las que hablaban de la vida, de sus proyectos y también de sus miedos.
Durante aquellas charlas, un día Alejandra le confesó que no podía vivir más de esa manera. El proceso de diálisis era interminable y si no se hacía un trasplante renal, su vida sería cada vez más complicada. En rigor, la joven ya estaba en la lista de emergencias, pero los donantes no aparecían y, si aparecían, no eran compatibles.
“¿Qué necesitás para que yo te done mi riñón?”, le preguntó un día Érika. Alejandra quedó sorprendida. Le explicó que para ser donante tenía que tener el grupo A positivo, como ella. “¡Tenemos el mismo grupo!”, le respondió la amiga.
A partir de ese momento comenzó otra historia. Otra historia que tuvo final feliz.
El 19 de febrero de 2015 se realizó la ablación y finalmente el trasplante que a las dos les cambió la vida porque si ya eran íntimas amigas, ahora compartiendo un órgano vital, el vínculo se volvió indestructible.
Y para festejar los 7 años de aquella operación, Érika viajó a Buenos Aires para encontrarse con Alejandra, su hermana de riñón.
Y charlaron como siempre, salieron a pasear, a tomar algo y se sacaron varias fotos que compartieron con sus amigos y seres queridos y, por supuesto, con LMNeuquén que fue el primer medio que en su momento dio la gran noticia.
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