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“Las subas de precios no afectan el consumo”

En un extenso diálogo con E&E en su oficina del Ministerio de Economía, Feletti defendió los principales lineamientos del programa económico.
Por Claudio Scaletta
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Crecimiento y precios

¿Inflación o tensiones de precios?
Eso necesita una introducción. La economía argentina experimenta desde el último trimestre de 2009 una vigorosa recuperación. Tuvimos dos trimestres difíciles, el segundo y el tercero de 2009, cuando la crisis internacional golpeó de lleno, a lo que se sumó la sequía. Para tener una idea, el año pasado hubo 31 millones de toneladas de soja contra 54 millones de este año.
Quizás allí se encuentre la principal explicación del freno de 2009.
Sí, pero tiene que sumarle la retracción de las expectativas. Hubo una caída de la inversión y de la compra de bienes de consumo durables; automotrices, electrodomésticos. Ahora, a partir de octubre del año pasado y de una política fiscal muy expansiva, con un crecimiento sustentable del gasto público del 35%...

¿Cuánto del gasto fue inversión pública?
El año pasado se tomó la decisión de una fuerte expansión del programa de obras públicas y la inversión pública llega al 20% de la inversión total. Esto es 4,1% del producto. Cuando nosotros asumimos era el 0,8. Y el promedio de la década del ''90 fue el 1,3.
Más allá del crecimiento relativo, si se mira a los países que experimentaron fuertes procesos de crecimiento con desarrollo, se observa siempre que la inversión pública es mucho más alta.
Fue lo suficientemente alta para superar el estrangulamiento de insumos que suponía un proceso de crecimiento como lo actual. Nosotros necesitamos un coeficiente de inversión global del 25% del producto. Dentro de eso, que la inversión pública sea entre la cuarta y la quinta parte se considera aceptable. Vamos a terminar el año con una inversión de 22 puntos del producto. Lo que digo es que tenemos un proceso de recuperación muy vigoroso, que tiene que ver con una política fiscal muy activa y también, a partir de este año, con la recuperación de la confianza en las decisiones de consumo e inversión. Esto se verifica en los bienes de consumo durables, empieza con el boom de la industria automotriz, aparecen los electrodomésticos de nuevo, con las 50 cuotas, lo mismo con la construcción, con proyectos residenciales y proyectos de logística. También se suman dos medidas muy exitosas del Programa Económico. Una es la asignación por hijo, que potencia el consumo interno, y otra es el uso de las reservas para cerrar el programa financiero, lo cual, junto con el canje, creó certeza.

¿La suba de precios es una consecuencia no deseada de la expansión?
Lo que hoy se tiene como tensiones de precios es la combinación entre una aceleración en algunos precios, sobre todo la carne en el primer trimestre de este año, lo que tuvo que ver en parte con una insuficiencia de oferta y con mayor consumo, una consecuencia de la liquidación de vientres y ajuste de stocks por la sequía del año pasado. Ahora lo que se verifica es una desaceleración de la suba de precios a medida que se pone en marcha el crecimiento de la capacidad instalada, que está aproximándose al 78% promedio. No es que el Gobierno no reconoce las subas, el INDEC las reconoce. Los factores que la explican: son en parte algunos desequilibrios entre oferta y demanda y en parte la situación internacional. No se olvide que en el período 2007-2009 tuvimos el impacto de la burbuja de los precios de las commodities.

Además de los factores reales, como insuficiencia de oferta o derrame de precios internacionales, ¿no hay un componente de expectativas con inercia de cultura de remarcación?
Creo que se puede “remarcar por las dudas” cuando hay capacidad de stockearse. Es decir, uno se arma un stock y remarca. Hoy los límites para el crédito impiden stockearse. Las Pymes tienen problemas de capital de trabajo, cuanto más venden, más problemas de necesidad de acopio de stock y demás. Pero, además, resulta de interés comparar la evolución de la inflación entre los grandes centros urbanos (chequea cuadros). Entre diciembre de 2009 y agosto de 2010 el INDEC midió una variación del 7,5% en Buenos Aires; 8,6 en Córdoba; 11,2 en La Pampa y 16,5% en Santa Fe. Esta gran variación, esta diversidad, indica que no se trata de un fenómeno homogéneo y que no puede decirse que se esté frente a una espiral inflacionaria. Por otra parte, si hubiese una espiral inflacionaria nosotros nos encontraríamos con retracción de consumo, tensión social y presión cambiaria. Nada de eso está ocurriendo.

Pero los precios suben…
Es cierto, pero también es cierto que la expansión de la producción, las expectativas de consumo y la política de ingresos del gobierno hacen que el consumo no se desacelere ni se deteriore. No hay un deterioro notable del poder adquisitivo de la población, nadie puede afirmar eso.

Tipo de cambio

¿Cuál es el límite de utilizar al tipo de cambio como “ancla” contra la inflación”?
Primero no creo que haya un ancla cambiaria como instrumento inflacionario. Eso fue una caracterización que hicieron algunos economistas. Hoy no sólo no hay ancla cambiaria, sino que tampoco hay una política antiinflacionaria en los términos clásicos. Lo que hay son políticas de ingresos, acuerdos de precios, control de oferta y, fundamentalmente, una visión de tener una economía expansiva: una política fiscal que es expansiva, una política monetaria que acompaña –el cambio en el programa monetario implicó mantener los medios de pago en relación al crecimiento del producto– y se convalida un sector externo que también es expansivo. Todo esto impacta sobre el tipo de cambio de un modo muy particular. Primero, lo que se tiene es una expectativa favorable del crecimiento de la economía; con lo cual mucha gente que había llevado ahorro a moneda dura ahora lo está retornando al circuito productivo por distintas vías. Por otro, yo quiero situar algo no menor respecto del tema de la competitividad de la economía argentina. Hoy un tercio de las exportaciones son industriales. Y un 65% de esas exportaciones industriales van a Sudamérica.

¿Pero eso no es por la interdependencia del complejo automotor?
De 22.000 millones de dólares de exportaciones industriales, 8.500 son de la industria automotriz. El resto está compuesto por una gran variedad de productos y destinos, lo que indica el armado de un nuevo núcleo industrial. Entonces, hoy no vemos un tipo de cambio que deteriora esa competitividad.

¿Por qué, entonces, hay tantas quejas en algunas economías regionales por el tipo de cambio?
Yo he conversado con algunos empresarios de distintas regiones que aducen que hoy el tipo de cambio no les resulta tan competitivo, pero la verdad, para ser exactos, la dinámica exportadora que hoy tiene la argentina, sobre todo en manufacturas de origen agropecuario e industriales, y con la diversidad de mercados que tiene, no nos hace pensar que tenemos un tipo de cambio que se encuentre retrasado. Tampoco tenemos una avalancha de importaciones. Y no sólo tenemos superávit comercial, sino también una mejora en el sector Servicios Reales, que históricamente fue deficitario y hoy está más empatado.
Convengamos, como mínimo, que el tipo de cambio no acompañó a la inflación.
Lo que nosotros vemos hoy es que la política cambiaria transita por un andarivel finito, difícil. En una economía que además es bimonetaria, en la que el peso no funciona como reserva de valor, tenemos que garantizar que el nivel de tipo de cambio sea tal que mantenga la competitividad de  la Argentina, pero al mismo tiempo tenga un nivel aceptable como para que no se deterioren los salarios. Hay muchos empresarios que sienten que pierden capacidad de negociación frente a los gremios producto del buen nivel de empleo. En este marco ven como único factor para recuperar rentabilidad una devaluación. Ese es un camino que no vamos a recorrer. Hoy el tipo de cambio es muy consistente con el funcionamiento global de la economía.

Desafíos

¿Cuáles son los riegos del actual modelo?
Como desafíos, más que como riesgos, nosotros necesitamos dos movimientos en la inversión. Uno cuantitativo; necesitamos llevar la inversión a más de 25 puntos del producto. Este año va a estar en 22, creemos que el que viene en 23,5, pero nosotros necesitamos una inversión que sea la cuarta parte del producto o más, para sostener las necesidades de infraestructura y las necesidades de diversificación industrial que Ar-gentina tiene. El otro es cualitativo y consiste en orientar el proceso de inversión. Después de tantos años de crecimiento somos un país de desarrollo medio. Vamos a alcanzar 10.000 dólares de ingreso per cápita, entonces tenemos que empezar a sofisticar las políticas industriales.

¿En qué etapa está el proyecto de un Banco de Desarrollo?
Hasta ahora el proceso de Inversión en la Argentina fue autofinanciado con la rentabilidad de las empresas, esto llevó a que los sectores más competitivos, concretamente el agro, fueran los que más rápidamente pudieran reequiparse. También algunos núcleos industriales importantes como automotrices y siderurgia. Orientar el proceso de inversión requiere identificar proyectos de inversión y financiarlos. El Gobierno puso una oferta de 8.000 millones de pesos para créditos, para arranque: 5 años a tasa fija como estímulo. Hay que ver en este esquema cuál es la demanda. Hasta ahora estamos teniendo una demanda de casi 900 millones de pesos. No hay precisamente una avalancha.

¿Qué tipos de empresas son las que demandan estos fondos?
Empresas grandes con grandes proyectos de inversión. Pensar hoy en un gran banco de desarrollo, avanzar en una gran estructura burocrática, es prematuro. Primero queremos hacer una compulsa en el mercado de cuál es la demanda de proyectos de inversión, y después lo que necesitamos, en esta segunda fase -y creo que en eso el Ministerio de Industria está trabajando muy bien- es empezar a crear una matriz de diversificación industrial sobre la cual focalizar estímulos. Lo que nosotros advertimos desde la Secretaría (de Política Económica) es que buena parte de los estímulos tienden a ser horizontales y dispersos. Bueno, habrá que pensar, y en esto tenemos modelos de sobra, como el de Brasil, en generar matrices que concentren estímulos en determinados sectores. Creo que es la etapa que se viene. Hasta ahora hemos podido recuperar la economía y lograr la consistencia macro y, simultáneamente, lograr que el Estado sea un redistribuidor importante. Ahora nos falta avanzar en el proceso de inversión.

¿Qué rol jugará en esto la Inversión Pública?
La Inversión pública ya está jugando un papel. Hoy Argentina es más competitiva porque tiene una oferta de servicios públicos subsidiada e importante. La recuperación inmediata de la inversión pública fue focalizada en tres grandes núcleos. El núcleo energía, donde el siempre anunciado colapso energético nunca ocurre; como dato puedo decir que entre 2007 y 2010 se aumentaron 3.700 megawats de energía eléctrica de los cuales 700 se hicieron con Enarsa. Es decir hay un shock de inversión en energía, en muchos casos en térmica, aunque la idea es avanzar hacia una matriz más termonuclear. El segundo foco o núcleo duro de inversión fue la vialidad, porque era necesaria para mover producción, sobre todo en la frontera agropecuaria que crecía vertiginosamente. Recién ahora se está abordando el problema ferroviario, pero pensando primero en cargas. A mi me tocó ir a la Corporación Andina de Fomento como representante argentino para negociar los créditos del Belgrano Cargas que abarca todo lo que es el noroeste para acelerar el movimiento de mercaderías vía tren. Y el tercer núcleo fue la inversión en infraestructura social; alcantarillado, cloacas, viviendas, alumbrado, es decir; todo lo que hace al urbanismo, que estaba muy deteriorado. Pensemos que Aguas Argentinas no había tenido inversiones en agua corriente en por lo menos una década.

82% Móvil

¿El objetivo del vetado 82% móvil eran las acciones del Estado en las empresas?
El primer punto es que cuando uno define un incremento de haberes jubilatorios tiene que pensar que es una cuestión de flujo. Dado que afortunadamente la esperanza de vida ha mejorado el stock de jubilados seguirá existiendo, lo que no es una cuestión de si la plata está o no está en el presente, sino de cómo se sostiene el flujo en el tiempo. Creo que lo que releva de toda discusión sobre esto es lo que dice el propio vicepresidente de la Nación cuando vota, que dice, “bueno, después vamos a discutir cómo entre todos nos ponemos de acuerdo con los recursos”. Acá hay una pretensión, sobre la base de un reclamo legítimo -que es lo único que puede unificar a la oposición, el reclamo- de desmadrar al Estado, porque como decía antes tuvimos una política fiscal que fue exitosa, que colocó al Estado en situación de autonomía frente a la volatilidad de los mercados internacionales y permitió recuperar la demanda interna. Entonces, pensar que nosotros hoy vamos a aplicar recursos en forma de consolidación de un gasto en el tiempo sin saber cómo se va a financiar es algo que no vamos a permitir. El equilibrio fiscal es decisivo para la economía, sino fijémonos lo que dijo el FMI esta semana: recetas de enfriar la economía. En segundo lugar, la inconsistencia de la oposición también se revela en que hoy están tratando de perder recursos por la vía aumentar el mínimo no imponible de ganancias. La misma oposición que plantea un aumento del gasto público de 40.000 millones de pesos sin planear como financiarlos, es la que quiere drenar los recursos existentes.

“Empresarios mediocres”

¿Por qué el Gobierno tiene problemas de consenso entre los representantes de las corporaciones empresarias, cuando a estos empresarios les va muy bien con las políticas gubernamentales?
Porque el proceso económico en la Argentina, históricamente y no ahora, sobre todo desde la llegada del peronismo, implica que el bienestar económico, muchos años de buen nivel de empleo y de salarios, lleva a la disputa del poder social y a la emergencia de nuevos actores que disputan el poder. La cúpula del empresariado argentino es mediocre y rentista. Piensa que tiene que recuperar su inversión en tres años. Para estos empresarios un gobierno es bueno si ellos invierten y en tres años recuperaron su inversión, sin que importe todo lo demás, y no piensan en sostener un proyecto en 20 años. Y les molesta además que no puedan decidir sobre sus establecimientos de trabajo sin tener que discutir con los gremios y el Estado. Y digo que el empresariado argentino es mediocre porque si no en este escenario estaría liderando el proceso de inversión, podría ser capaz de formularle una oferta política al país, algo mejor que las inconsistencias que balbuceó (Julio) Cobos en IDEA. La gran diferencia con Brasil es que no pudimos suprimir al sector rentista del empresariado. Necesitamos empresarios que sepan que un proceso de inversión demanda sostenerlo durante 20 años. Por suerte hay un sector del empreariado mediano, de alrededor de 100 mil empresas, que ha sobrevivido a todo y que, la verdad, nos falta política estatal hacia ese sector. Pero nosotros no nos podemos guiar por las cúpulas, por personajes como (Cristiano) Ratazzi.

Petróleo y fruticultura

¿Qué puede esperarse en materia de política petrolera?
El proceso privatizador del petróleo supuso un pingüe negocio de explotación. La nafta durante la convertibilidad estaba en 2 dólares a pesar de que el barril estaba en 18. Esto supuso enormes ganancias para las empresas, pero no hubo en contrapartida trabajos de exploración. La gran tarea pendiente es el trabajo de exploración e identificación de reservas. Si Argentina es un país con más petróleo del que hoy se dice es un interrogante que hoy debe resolver Enarsa. Superar la visión de una explotación que fue muy negativa, que llevó al país a exportar un tercio de su producción de petróleo cuando no es un país petrolero, sino un país con petróleo. Y el otro punto es saber si Argentina tiene reservas no cuantificadas. La tarea de Enarsa es fundamental hoy como empresa exploradora.
¿Y sobre las quejas cambiarias de los exportadores frutícolas?
Allí uno de los problemas es la gran diferencia entre los comercializadores y los productores. Hoy se piensa en dos cuestiones. No se está frente a un problema de atraso cambiario, sino un problema de inversión y de regulación estatal de los precios primarios.

FMI

¿Qué posibilidad hay de que el FMI vuelva a monitorear las cuentas públicas?
Lo que el Ministerio de Economía resiste es el monitoreo del Fondo con vistas a digitar políticas. Lo que el ministro (Amado) Boudou dice es que no puede ser que haya un conjunto de burócratas internacionales que vengan a decirnos los que tenemos que hacer. Hoy la política económica del gobierno nacional está decidida por la Presidenta de la Nación, será mejor o peor, pero es la presidenta que votaron los argentinos. En la medida que el país tenga presupuesto equilibrado, consistencia en sus cuentas externas, tenga una relación deuda-producto razonable, es muy poco probable que tengamos que aceptar ningún monitoreo del FMI.

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