Leer cuentos, la costumbre que nunca se debe perder

Los niños necesitan relatos fantásticos, que a su vez son metáforas de la vida.

Los avances tecnológicos, en muchos casos, distraen a padres y a hijos, y le quitan espacio a un encuentro básico y sencillo: la lectura. La independiente, esa que consiste en tomar un libro y repasarlo para nuestro interior. Y la que ubica a los padres en el rol de narradores para el o los niños de la casa. Un rol que la falta de tiempo o el exceso de actividades no debería disminuir.

Leer o contar cuentos a los chicos es un hábito que se debe reforzar en caso de merma y, si se perdió, siempre hoy es una buena ocasión para retomarlo. Pero ¿qué leerles? Ofertas hay muchas. Algunas nuevas y otras inoxidables, como cuentos de hadas y clásicos. Antiguamente, contar cuentos de hadas a niños formaba parte de su desarrollo emocional e intelectual, porque esos relatos eran verdades sobre el comportamiento y la convivencia que descifraban enigmas, deshacían agravios y resolvían problemas. Los verdaderos cuentos infantiles suponen el saber y los conocimientos más antiguos transmitidos generación tras generación. Según los especialistas, el verdadero cuento de hadas es una pintura que habla de transformación, liberación, miedos... Y transmite arquetipos humanos y de situaciones diversas que, a lo largo de la historia, se repiten una y otra vez. Son narraciones que entran en la imaginación del niño y le ayudan a concebir e imaginar extraordinarias fantasías, muchas de las cuales encierran angustias y temores. El niño alguna vez (o muchas) se siente dentro de esos temores, que no sabe identificar ni verbalizar. A través de estos cuentos llegará a soluciones tranquilizadoras, como el triunfo de Caperucita Roja frente al lobo o superar el miedo al abandono, como en “Hansel y Gretel”.

Drama: A los chicos les alcanza con oír el cuento. Dramatizarlo de más los puede confundir.

Contar: Más allá de la lectura de cualquier clásico, también sirve cada tanto inventar un relato.

Además, mediante la lectura se enriquece el lenguaje de los chicos, y con él aumenta su capacidad creativa y de comprensión del lenguaje.

Leer (y contarles) es importante, asimismo, en el desarrollo de la relación entre padres e hijos. Son momentos cálidos que quedan para siempre en el consciente de los adultos y en el inconsciente de los pequeños.

Caperucita es una metáfora acerca de confundir el camino: nuestra sabiduría e inocencia devoradas por nuestra parte más negativa”.

Para tener en cuenta

Es importante no dramatizar en exceso, porque captamos más la atención del niño pero generamos que se interesen por nuestra actuación y no tanto por la historia. Además, es importante que repitamos el cuento durante varios días, así les damos tiempo de procesarlo e internalizarlo. Tampoco hay que dar explicaciones de lo que nosotros entendemos que el cuento intenta transmitir: le dificultamos al niño la comprensión individual. Otra cosa importante es sólo contar un cuento antes de ir a dormir, para permitirle a nuestro hijo que se relaje y entre en sueños con una única imagen en su cabecita. Al momento de elegir cuál va a ser nuestro relato, debemos buscar los cuentos originales. A veces tendemos a suavizar y desvirtuar las imágenes de esos cuentos porque nos parecen grotescas. “A no confundirse -apunta la licenciada Manuela Rossito-: Caperucita Roja y la abuela, comidas por el lobo, por ejemplo, no significan otra cosa que una metáfora sobre confundir el camino y que la sabiduría (representada por la abuela) y la pureza (por Caperucita) puedan ser devoradas por tu parte más negativa (el lobo). El niño sólo necesita oírlo, sin dramatizaciones”. Y siempre tener en cuenta que un cuento debe tener final feliz, por lo menos hasta los nueve años, para contribuir a la confianza necesaria para sostener una ilusión ante los desafíos que presenta la vida.

Trucos para que agarren los libros

El incentivo para que los chicos tomen el hábito de la lectura es fundamental, tanto como limitarles el uso de los aparatos tecnológicos, principal rival de los libros. Ojo, tampoco forzarlos, porque es peor. ¿Trucos? Predicar con el ejemplo, porque si los chicos ven a los adultos leer libros, se van a interesar más en el tema. Otra es dejarles los libros a mano y a la vista, para que los puedan agarrar cuando y como quieran.

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