Lo que no se vio de la visita del papa Francisco en Temuco
Por Catalina Arca
“Porque es una oportunidad única”, me repetía la gente de Chile cuando les preguntaba sobre la visita del Papa Francisco a Temuco. Y lo fue para mí también. Ese día comenzó bien temprano en la madrugada, aunque no sé si el día anterior tuvo un final.
La entrada gratuita indicaba que nuestro horario de ingreso era a las 3am por la puerta 3, sector B1 y en un intento por ser puntuales organizamos la salida dos horas antes.
Antes, cargamos las mochilas con un termo de té caliente y comida, frazadas, todo el abrigo que llevamos, algunas lonas y el equipo periodístico. Con antelación, sabíamos que el auto había que dejarlo en la zona antes del puente del río Cautín y caminar seis kilómetros hasta el predio de la base militar Maquehue.
Llegar a estacionar en la Avenida de los Poetas, donde estaba la subida para comenzar la peregrinación, fue casi una odisea por el corte de calles dispuesto desde la medianoche. En ese entonces, la fila ya anunciaba una larga espera y el frío por venir. Dos horas y media después, llegamos a nuestro sector y acomodamos el "mini campamento" a la espera de Francisco.
El reloj casi marcaba las 5 del miércoles y aún faltaban cinco horas para la misa. Había que intentar dormir o pasar el rato escuchando las bandas de rock y cumbia católicos que animaron la noche. "La gente anda diciendo que los católicos somos aburridos", rezaba el pegadizo estribillo de uno de los tantos temas y algún movimiento de cadera se escapaba entre los peregrinos.
Los primeros claros de luz asomaron cerca de las 6 de la mañana, cuando desde el presbiterio saludaron a todas las diócesis de Chile y Argentina que estaban presentes y recordaban los consejos de seguridad. La salida del sol trajo un poco de alivio a los que lograron conciliar o no el sueño.
La temperatura comenzaba a subir al igual que la ansiedad por la llegada del Santo Padre. Los minutos corrían a la par de los custodios del jefe de la Iglesia Católica, quienes recorrían el circuito por donde más tarde pasaría el papamóvil. Al verlos, muchos fieles se apostaron sobre las vallas para tener la primera plana del argentino.
Llegó el momento de saludar a la Virgen del Carmen, la patrona de Chile: las banderas blancas y amarillas o la chilena flameaban en el predio y acortaban los minutos de espera. Ahora sí. Era inminente la llegada de Francisco: en las pantallas gigantes mostraban el aterrizaje del avión papal en el aeropuerto de La Araucanía.
"Francisco amigo, el Sur está contigo", empezaron a corear en Maquehue y un fuerte aplauso estalló cuando la figura del Papa se asomó por la puerta de la aeronave. Faltaba cada vez menos. ya estaba en Temuco y la alegría, el aumento de la temperatura y una extraña energía se sentían en el aire.
Los minutos que tardó hasta el predio fueron más largos que la víspera de la llegada, pero finalmente el auto blanco estacionó. Francisco bajó y se subió al papamóvil para recorrer las callecitas improvisadas. Una vez más, Maquehue estalló con gritos de emoción y aplausos, y aún no había comenzado la misa.
"Mari Mari. Küme tünngün ta niemün (Buenos días. La paz esté con ustedes)", saludó en mapuzugun el Santo Padre en un predio donde se cometieron "graves violaciones a los Derechos Humanos", y los aplausos volvieron a resonar.
Francisco estuvo en el altar con simbología mapuche durante una hora y media, y todos atentamente escucharon su homilía en la que habló de unidad, violencia, pueblos originarios y citó a Gabriela Mistral y Violeta Parra.
Los rostros de los peregrinos mal dormidos conjugaban emoción y reflexión. Poco importó pasar la noche a la intemperie si eso significada poder asistir a la multitudinaria misa. Algunos escuchaban sentados, otros parados, muchos con lágrimas en su cara.
Me emocioné de estar ahí, de poder vivir junto a la gente ese momento, más allá de las creencias religiosas y/o políticas de cada uno, de cada una. Algunos le llaman fe, otros energías, pero en Maquehue se vivió una verdadera fiesta.
El reloj se frenó en el mediodía, los rayos del sol calaban la tierra y la misa había terminado. Era el momento de volver, aunque la peregrinación se volvió caótica en comparación con el ingreso. La Paz que nos habíamos deseado al final del encuentro se disipó por unos instantes.
Más de 200 mil almas cansadas queríamos salir: se formó una larga fila que recorrió los seis kilómetros de vuelta a pleno rayo de sol. Los fieles iban cargados de mochilas y bolsos, sombrero, gorras, sombrillas y el agua en las manos.
Una mujer de 47 años no resistió el calor, tuvo un paro y murió. Un triste episodio que opacó la alegría que se vivió dentro del predio. Casi tres horas después, logramos salir del embotellamiento humano.
Para ese entonces, Francisco ya había almorzado en la casa "Madre de la Santa Cruz" con representantes de La Araucanía y había emprendido su vuelta a Santiago.
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