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"Logramos el objetivo de quitar la imagen de borracho al enólogo"

Daniel Pi, chief winemaker de Trapiche, contó que a su generación le tocó construir la industria del vino.

Daniel Pi es una institución en el mundo del vino. El chief winemaker de Trapiche comenzó a recorrer el camino de los viñedos allá por los 80, cuando no se trataba de un mundillo glamoroso. Entre risas, contó a Realidad Económica por LU5 que su suegra lo trataba de borracho cuando estaba estudiando Enología en Mendoza y hoy se le nota el orgullo de ser el hacedor de los Trapiche que recorren el mundo.

En una larga charla, habló de sus comienzos, de la apuesta del Grupo Peñaflor por la exportación y de cómo la pandemia cerró algunas puertas y abrió otras. Los invitamos a leer una charla sin desperdicio.

- ¿Cómo cuenta su camino en el mundo del vino?

- Empecé en la industria del vino en el secundario, iba a un colegio que quedaba cerca de mi casa con orientacion agricola. Debo decir que mi familia no tiene ninguna relación con la industria y fui teniendo con la enología un enamoramiento progresivo. Empezó cuando tenía 15 o 16 años, siguió en la facultad y después me dediqué a esto cuando no estaba de moda. Cuando yo estudiaba enología era nada. Mi mujer, entonces mi novia, estudiaba Medicina y mi suegra le decía: "¿Por qué una médica se iba a casar con un borracho?" (se ríe con ganas). No estaba bien bien visto. Me recibí en el año 82 y la industria estaba en crisis y no era lo que es hoy, que es glamouroso. A mi generación le tocó construir la industria del vino. Allá por los 90, se empezaron a recibir inversiones del extranjero y, como todo lleva mucho tiempo, hoy podemos decir que logramos el objetivo de quitar la imagen de borracho para quien está en el mundo del vino.

- Con todo ese bagaje a cuestas, ¿cómo ve la industria hoy en día?

- El presente es diferente a la crisis que vivió la industria entre fines del 70 y comienzo de los 80. El consumo del vino ha ido mutando, pasó del volumen alto del consumo de los 70 -que llegamos a tener casi 92 o 93 litros per cápita- a hoy que tenemos 22. El consumo ha caído mucho en términos de volumen total a pesar de haber aumentado la población. Estamos tomando menos de la mitad de lo que se tomaba antes. También debo decir que se está tomando un producto de más calidad y se está exportando mucho, antes eso no existía. Hoy se exportan casi 800/900 millones de dólares de vino embotellado. Esto hace que sea el producto argentino que más se ve en el extranjero. No hay otra cosa que nos represente más en las góndolas, en las vinotecas o en cualquier otro retailer de cualquier parte del mundo. La ruta del vino es diferente y se está transformando, hay una crisis de transformación con oportunidad de cambio dado por la marcha de la economía del país. Desde 2016/2017 se dio una caída de producción que afectó a la oferta de vino. Sobre todo, al mercado doméstico que ha subido mucho los precios, por encima de la inflación.

Hoy la industria está en un estado de equilibrio, buscando la oportunidad para seguir expandiéndose en todos los mercados de exportación. No vemos mucha oportunidad en el mercado doméstico y donde sí hay posibilidades es en la exportación.

- Hace unos años en Suecia, en el local de la compañía Systembolaget -que tiene el monopolio de venta de bebidas alcohólicas- ubicado en el centro de Estocolmo dedicaba toda la vidriera a Trapiche Malbec. Cuánto trabajo debió llevar esa tremenda iniciativa de la empresa sueca, ¿no?

- ¡Qué lindo que recuerdes eso! ¡Conozco ese local! Es muy difícil incluso hacer publicidad de bebidas alcohólicas en Suecia porque está prohibido. La única forma que tenemos que llegar es a través de un acuerdo con Systembolaget, con quienes tenemos una muy buena relación. El comprador de aquel momento era un amigo y aunque dejó de ser comprador sigue viniendo a Argentina porque tiene un apasionamiento bárbaro.

También tengo una asesora sueca, una master wine. Y debo decir que tenemos de Suecia cierto mimo. Hacemos un gran esfuerzo para estar en todos lados. Con el Grupo Peñaflor - dueño de Trapiche, de Finca Las Moras, Navarro Correas y Mascota Vineyards- estamos exportando cerca de 5 millones y medio de cajas de 12 botellas. Somos el exportador más grande.

Pero, si nos comparamos con Concha y Toro, de Chile, ellos exportan el triple. Por eso decimos que hay un camino por recorrer, nos está faltando un poco de estabilidad económica del país para asegurar que podamos llegar a más mercados. La venta es como una pirámide, lo barato se vende más y lo más caro, menos. Nosotros estamos en una posición en la que tratamos de vender un poco más caro porque, cuando las condiciones económicas cambian, no podes vender barato porque no te dan los números. Hoy en día estamos con un tipo de cambio relativamente favorable, apenas atrasado.

Otra vez; ¡Qué lindo que hayas recordado lo de Systembolaget! Conozco perfectamente la tienda de la que hablas, es muy grande.

- ¿Cómo los está afectando la cuarentena en Argentina y en el mundo?

- Tando de Argentina como en el mundo, hay un comportamiento parecido. El negocio se divide en on trade (restaurantes y vinotecas) y off trade (grandes superficies). Todo lo que es on trade está muy afectado y quienes tienen basado su negocio en este sector están sufriendo porque están cerrados. No pasa lo mismo con el off trade. Las empresas que tenemos armado el negocio vendiéndole a los supermercados o a monopolios como Systembolaget no estamos tan afectados. En nuestro caso se ve afectado el negocio en la parte de venta a restaurantes. Se caen órdenes de importadores de retailers, pero quienes tienen venta online o grandes superficies están comprando más. Hay un balance de alguna forma. Nosotros seguimos exportando normalmente.

- ¿Cómo fue la vendimia de este año atravesada por la crisis sanitaria?

- Fue un desafío importante, la cuarentena nos tomó cuando habíamos hecho un poco más de la mitad de la vendimia. Trabajamos en cuarentena y tomamos todas las medidas necesarias. Dimos charlas de seguridad a la gente, la parte administrativa pasó a home office, lo mismo para la parte de comercio exterior , distribuimos a la gente de la bodega en turnos para evitar que sean muchos y cada cuatro horas paramos para hacer limpieza y desinfección. Usamos barbijos, todos tienen alcohol en gel, les damos kits de jabón y lavandina para las casas; también dimos un incentivo económico por el hecho de estar trabajando.

Al principio fue muy duro porque la gente que venía no entendía que era una actividad esencial vinculada a la exportación y que su familia debía quedarse adentro. Costó mucho que se entienda en el ambiente familiar porque tenían miedo a que el trabajador contagiara al resto. Ahora se entiende perfectamente y todos saben que tenemos el privilegio de estar trabajando porque hay muchos que no lo están haciendo y no está entrando dinero en la casa.

- ¿Cómo ve el futuro del vino en el día después de esta crisis?

- Creo que no va a haber un día después, creo que será muy gradual la vuelta a cierta normalidad. Incluso cuando se normalice todo y podamos movernos libremente, creo que la gente va a ir a un restaurante con más miedo, que vamos a viajar no tan desaprensivamente como lo hacíamos, que nos dimos cuenta que podemos hacer muchas cosas de modo remoto… Veo problemático el tema de volver a la normalidad como la conocíamos, creo que nada será igual. De alguna manera estaremos más conscientes de los peligros que hay en el contacto con muchedumbres o al estar en lugares poco higiénicos, por ejemplo.

Termina la charla y Daniel se toma su tiempo para hablarnos de su madre, de su hija enóloga varada en Australia, de su hijo en Buenos Aires y de su esposa médica. Antes de despedirse nos dice: “Soy el que la está pasando mejor de la familia. Voy para Valle de Uco a probar vinos, me divierto un rato y vuelvo”.

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