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Los almaceneros andan a los gritos con sus clientes

A los comerciantes les hacen los pedidos desde el cordón de la vereda y atienden a la gente con barbijos.

Por Ezequel Maestú - [email protected]

Detrás de un changuito de supermercado, que hace las veces de mostrador, Carlos y Santiago atienden "La Tablita", una de las reconocidas fiambrerías del barrio Huiliches. "No es lo mejor, ni lo más cómodo...pero hay que cuidarse y cuidar al otro", admitieron a LM Neuquén, ante la improvisación que mantiene la distancia prudencial con la clientela por el coronavirus.

Así son las escenas cotidianas que se recrean a diario en el contexto de la pandemia en Neuquén, con cientos de almaceneros.

"Es distinto a lo cotidiano, porque vos estás acostumbrado a que la gente viene, agarra de la heladera y elige lo que quiere llevar", admitió Carlos, quien está detrás del mostrador del local ubicado en Rufino Ortega y Galarza.

"Ahora te encontrás a los gritos con la gente de afuera, ‘¿¡Que más!?’", grita el joven imitando la situación. "Atendemos en simultáneo y se nos confunden los pedidos. Es un trato menos personal".

No faltan aquellas personas que se toman demasiado en serio el distanciamiento social y le hacen el pedido desde el cordón de la vereda. "Les digo que se acerquen, entiendo las normas de seguridad, mantenemos los dos metros de distancia, pero si vas a comprar tenés que acercarte un poco más. Porque encima, por la puertita, se achica el margen de lo que ves y termina siendo un coro de voces del que no se entiende nada", acotó.

Sin embargo, se encuentran con las dos caras de la moneda. "Nunca falta el vecino que se enoja o se sorprende porque no los dejamos entrar y tenemos que explicarles que acá solamente tocamos la mercadería las personas que trabajamos en el lugar", indicó.

Mientras habla, Carlos se acomoda el barbijo, que cada tanto se le desata: "Es incómodo, pero es lo que hay que usar. Es lo básico y es lo mínimo que podemos hacer". Pero claro, el tapaboca y el distanciamiento no son las únicas medidas que toman porque también tiene que limpiar los elementos de trabajo, dos veces al día, como la cortadora de fiambres: "Antes estábamos cortando fiambre todo el tiempo, había un uso continuo de la máquina y no nos daba para limpiarla cada vez que la usábamos".

Carlos limpia la mesada donde cortan el fiambre mientras Santiago tira los sobrantes al tacho de basura. Suelen turnarse para hacer la limpieza y atender a la gente. También cambió la forma de abastecerse de mercadería. "Los pedidos a los proveedores son todos por Whatsapp. Antes era todo personal y te manejabas con lo que te iba faltando", dijo Carlos.

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"Hay cosas que faltan, como el azúcar o la levadura, se las llevan super rápido", agregó Santiago.

En tanto, Carlos continuó: "Antes teníamos que andar viendo que no se nos venciera la levadura, ahora todo el mundo busca levadura".

Los almaceneros sostienen que más allá de las medidas de seguridad y la incomodidad que representa con los clientes, las ventas bajaron un 30 por ciento desde que se extendió la pandemia.

Entrar y salir de la casa: la pesada rutina de desinfectar siempre la ropa

En la cuarentena obligatoria, las salidas cotidianas para trabajar son parte de un riesgo para los familiares. Es por esa razón que los hombres del almacén siguen un protocolo de prevención al llegar a sus hogares. “Llego, me saco la ropa y la meto en una bolsa para lavarla. Me desinfecto las manos para no ensuciar nada que toque y me meto a la ducha. Recién ahí voy a saludar a mi señora”, admite Carlos. Santiago, por su parte, hace lo mismo, aunque agrega: “Es una forma de que mi vieja se quede tranquila también. Que, si bien no es paranoica, se cuida lo necesario. Además, el único que sale en mi casa soy yo, que tengo que venir a laburar, ella se queda y solo sale lo mínimo e indispensable a comprar por el barrio”. También decidieron no hacer horario cortado y trabajar de 9 a 17 sin interrupciones, aunque eso signifique pasar la hora de la siesta trabajando. “Hay locales que hacen horario cortado, pero elegimos no hacerlo porque es un despropósito estar entrando y saliendo a tu casa, con todo lo que eso implica”, aseguran. “Decidimos que es mejor entrar y salir lo menos posible. Nos aseguramos que salimos una sola vez para ya no tener que salir”.

El estrés diario, un modo de vida

“A veces las cosas te exceden y te terminás agarrando un estrés bastante grande”, aseguró Carlos. Al propietario del local le preocupa la falta de gente y la baja de las ventas, pero también el estrés de atender rápido en las largas filas que se forman.

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