Las Grutas. Los comerciantes de Las Grutas perdieron el apego a las normas de convivencia de la ciudad en su afán por escaparles a los efectos de la crisis sobre sus ventas.
En el balneario Las Grutas está sucediendo lo mismo que en los grandes centros urbanos: los comerciantes hacen uso de la vía pública según su antojo.
Desde los últimos días se viene observando que desde distintos locales sacan a la vereda percheros con prendas de vestir, anteojos, bolsos, gorras y juguetes, entre otros productos.
Incluso en uno de los negocios hasta colocan conos para el control de tránsito, como para evitar que los vehículos estacionen allí y no dificulten la imagen de las ofertas de las mercancías que ofrecen.
Todo empezó cuando a un comerciante se le ocurrió apelar a esta modalidad para mejorar sus ventas. Con el correr de los días, otros colegas se fueron sumando a la movida hasta que se llegó a la situación actual, con la ciudad convertida en una feria persa virtual.
La veta hallada por el comercio para tratar de vender más generó complicaciones al tránsito peatonal por las veredas del balneario. Los turistas tienen a mano todo tipo de mercaderías para comprar, pero la movida está acompañada por los problemas para circular.
Feria: El centro de Las Grutas se convirtió en una feria persa sin regulación alguna.
Un prodigio que asombra y maravilla a los visitantes
El comportamiento del mar en esta parte de la costa atlántica es tan caprichoso que todos los días ofrece dos paisajes diferentes, un prodigio que asombra y maravilla los visitantes. La marea baja descubre enormes extensiones de arena donde se puede transitar e instalar los enseres veraniegos. En cambio, al llegar la pleamar esos terrenos se cubren totalmente de agua y permiten un escenario apto para la circulación de barcos y lanchas.
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