Los desaparecidos del San Martín por sus amigos

Sus compañeros recuerdan cómo eran en esos años juveniles.

POR PABLO MONTANARO - montanarop@lmneuquen.com.ar

En la vereda, frente a la puerta de acceso al Colegio San Martín, sobre la avenida Argentina, cinco baldosas recuerdan que allí estudiaron cinco jóvenes que fueron víctimas de la atrocidad desplegada por la última dictadura militar. Unos fueron secuestrados y luego desaparecidos, otros asesinados por el terrorismo de Estado.

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La memoria de estos cinco jóvenes que estudiaron en el colegio fue reivindicada en los últimos años cuando se colocaron las baldosas. Todos los días, cientos de vecinos y estudiantes transitan por el frente de este edificio escolar, y algunos se detienen a leer los nombres que contienen esas placas blancas: Ricardo "Panchito" Raby, Susana Edith Mujica, Ricardo "Caíto" Sapag, Enrique "Ique" Sapag y Roberto "Champa" Rigoni. Placas que constituyen una forma de construir memoria.

Raúl Aranda recorre los pasillos del colegio, mira las aulas, recorre con su vista el pizarrón y recuerda que conoció a Roberto "Champa" Rigoni en el año 1966 en el edificio de la calle Santiago del Estero donde funcionaba el colegio hasta su traslado donde está emplazado actualmente.

Los desaparecidos del San Martín por sus amigos

Rigoni había nacido en Bahía Blanca en julio de 1953 y luego su familia se trasladó a Neuquén. "Con Roberto empezamos juntos primer año. Era una persona muy locuaz, muy seguro de sí mismo, defensor de sus principios que lo llevaba a que discutiéramos en asambleas por cosas superfluas para ver cómo juntábamos fondos para el viaje de egresados", cuenta Aranda.

Con una sonrisa confiesa que ambos eran infaltables en los asaltos, en las tertulias y que se colaban en los cumpleaños de 15. Rememora una anécdota en la que "Champa" compitió con uno de sus mejores amigos por una novia. Tiraron la moneda y la suerte recayó en él.

Entre las amistades de ambos estaban Ricardo y Enrique Sapag, hijos del gobernador Felipe. Roberto era muy amigo de Caíto, por eso Aranda presume que "ese proceso político que los llevó a militar lo han vivido juntos porque eran muy compinches". Agrega "creo que fueron armando su ideal juntos, más que era la época que habían matado al Che Guevara y su condición de hombre puro y la lucha por sus ideales, no tengo dudas, tuvo que haber dejado en Roberto, como en los Sapag, una fuerte impronta".

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Aranda focaliza una situación particular que se daba por esos años cuando los estudiantes universitarios comenzaron a movilizarse en busca de la nacionalización de la universidad, el LEN (Línea Estudiantil Nacional) movía las bases y el pensamiento peronista de muchos jóvenes de la ciudad, entre ellos Roberto y los Sapag. Imagina a sus amigos metiéndose en esas movilizaciones para conocer algunos de los caminos que tomaba esa generación en busca de la igualdad, la solidaridad y la justicia social.

Después llegaron los ’70 y emergieron las organizaciones armadas, como Montoneros, "a la que muchos jóvenes de entonces miraban con simpatía, algunos en forma pasiva y otros como él que llegaron a dar la vida", reflexiona Aranda.

"Yo no me jugué del todo", confiesa y de inmediato afirma la admiración que tuvo en ese momento y aún mantiene por aquellos tres compañeros. "Admiración porque defendieron sus ideales. Algunos, como yo, apoyábamos indirectamente, al menos con el corazón. Estábamos pendiente de lo que les pasaban, sospechábamos que el destino no era bueno en el sentido de que estaban muy jugados".

Rigoni militó en la Juventud Peronista y luego a los 18 años se sumó a Montoneros. El 16 de abril de 1977 fue secuestrado, visto en el centro clandestino de detención "El Campito" en Campo de Mayo, y cuatro días después su cuerpo apareció en La Matanza.

Tres años antes de su desaparición, había nacido Sebastián el hijo de Roberto fruto de su matrimonio con Analía.

Los hijos más chicos de quien fuera cinco veces gobernador militaban en la Juventud Peronista previo al golpe militar y luego en Montoneros. Ricardo tenía 24 años cuando el 30 de junio de 1977 fue asesinado por las fuerzas represivas en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires y Enrique fue muerto en octubre de ese año en Buenos Aires.

Aún resuenan enfrente del colegio las palabras de su hermana Silvia Sapag, cuando se colocaron las baldosas, quien aseguró que "ellos tenían ideales y lucharon" como también las de Luis Sapag quien aseguró que "si la democracia hoy es tan fuerte, es por ellos".

Una de las cosas que destaca Aranda de los hermanos Sapag es la humildad con la que se manejaban en lo cotidiano a pesar de ser los hijos de quien había sido gobernador y fundador del Movimiento Popular Neuquino. Evoca que un día Caíto quien estudiaba para contador público fue a estudiar a su casa. "Mi mamá que era una mujer esposa de un trabajador de clase media para abajo, me acuerdo que sacó las mejores tazas de té para servirle a Caíto. En eso Caíto era un tipo muy humilde, no tenía los humos por ser el hijo del gobernador".

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Un buscador del amor

Cariñoso, bondadoso, siempre buscando el amor, un gran y fiel compañero. Así define Amalia Jara a su compañero Ricardo "Panchito" Raby, quien curso el secundario en el colegio San Martín donde egresó en 1973 y posteriormente se desmpeñó como trabajador no docente de la Universidad Nacional del Comahue.

Jara recuerda que lo conoció en 1971 en la universidad y militaban juntos con otros compañeros en el barrio Bouquet Roldán. "Vivíamos con una compañera, con Panchito, con ‘Chicato’ Caso que era mi marido como en una especie de comunidad".

La mujer lo rescata como un militante "muy comprometido" pero sobre todo como persona "te escuchaba siempre y se aquerenció con mi familia, venía a comer todos los días".

En tanto, Susana Vega quien lo conoció a los 17 años militando en la Juventud Peronista lo define como "un oso de peluche romántico, un tipo muy cálido y muy niño, muy convencido de la militancia y poseedor de una formación teórica muy importante con todo lo que era la historia nacional, el marxismo". Agrega que Ricardo formaba parte de un grupo de estudio con los hermanos Sapag, Rigoni, entre otros.

Ricardo tenía 21 años cuando fue secuestrado junto a su esposa, María Domínguez, el 4 de febrero de 1977 en Lanús, provincia de Buenos Aires. Cuatro meses después, el 26 de junio de 1977, fue asesinado en en un enfrentamiento con fuerzas represivas en Castelar.

Para Vega la militancia que emprendió Raby "fue la construcción de su familia y eso era así. Fue la militancia, una sociedad solidaria naturalmente con la premisa de ayudar a los que menos tenían".

Vega destaca la colocación de las cinco baldosas en el colegio porque "por un lado, está esa concepción que dice que los pueblos que no tienen memoria repiten los desastres y, por otro lado, para que las nuevas generaciones sepan lo que pasó en esos años en el país".

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Una amistad a primera vista

Corría el año 1965 cuando Miriam Pérez y Susana Mujica coincidieron en la misma aula para cursar el cuarto año nacional. "Lo nuestro fue amistad a primera vista, en la primera semana nos fuimos acercando y yendo para el fondo del aula en la complicidad de gestos, frases, intereses que confirmaron nuestra unión", recuerda emocionada Miriam en su casa de Plottier a su amiga nacida en diciembre de 1949 en Cutral Co "muy simpática, absolutamente inteligente y chispeante, con mucha broma".

Miriam se enorgullece cuando señala que "ella me considerara su amigas apenas nos conocimos, ella a la que todos admiraban y respetaban por su personalidad chispeante, la del comentario justo, la del gesto serio pero con mirada pícara".

Mientras exhibe una de las fotos que atesora en las que se las pueden ver juntas a otras compañeras sobre la calle Santiago del Estero donde estaba el colegio, dice que fueron infinitos los momentos divertidos que compartieron dentro y fuera del aula. "Ibamos a esquiar juntas a San Martín de los Andes, cuando subir al refugio era toda una aventura, no había telesilla entonces ibamos subiendo por el camino real, por los atajos con ese espíritu de aventureras y llorábamos de risa".

También recuerda cuando se hacían la "rata" en lugares obvios como el río, el Tenis Club o en la confitería El Ciervo.

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Pero la "rata" que más recuerda es la que terminaron en el cielo de Neuquén. "Fuimos las dos solas hasta el Aeroclub en el Aeropuerto donde había una confitería. No sé si se había puesto de moda o era otra aventura a probar, la cosa es que charlando con algún que otro piloto, conocidos de nuestros viejos, nos invitó a volar para ver el río y la confluencia desde el aire en un bimotor. Que inocencia la nuestra y la del piloto", describe.

También emprendían las "endorratas" como las llamaban a las que hacían en la misma aula escondidas debajo de los enormes y pesados pupitres, tiradas sobre camperas y sacos de los compañeros solidarios . "Había que quedarse cuarenta minutos tiradas para que no nos tomen lección, sin mirarnos porque nos tentábamos de risa y quietas que era muy difícil", cuenta.

Todo el tiempo Miriam piensa en Susana, en su amistad en sus mismos gustos, "admiraba al inspector Clouseau que a James Bond, a Jean Paul Belmondo que a Alain Delon y le gustaban las películas como La fiesta inolvidable, Zorba el griego, entre tantas otras".

Entre risas, salidas, cigarrillos compartidos, bailes soñaban con terminar una carrera humanística.

Tras terminar el secundario, sus vidas tomaron otros rumbos. Susana militaba en el PRT-ERP. Se volvieron a encontrar en Neuquén cuando nació Martín, el segundo hijo de Susana.

"Apenas volvió nos volvimos a encontrar, habían pasado diez años exactos. En ese tiempo nos escribimos alguna que otra carta", cuenta Miriam quien todavía atesora esas cartas.

Unos días antes del secuestro de Susana, Miriam la acompañó a la clínica Peláez para el control de Martín. "Yo la ayudaba con las tareas de la casa porque le había agarrado una especie de alergia y tenía las manos con llagas. Mientras esperábamos para entrar al consultorio me agarra fuerte la mano y me dice: ‘Yo estoy en un camino, estoy en un camino y la verdad que mis hijos...’. No me dijo nada más. Algo quiso decirme, pero no sé", cuenta sobre ese momento.

Unos días después, el 9 de junio de 1976 cuando regresaba del médico tras un control ginecológico fue secuestrada y llevada al centro clandestino de detención "La Escuelita" de Bahía Blanca y hasta hoy permanece desaparecida.

Miriam se aferra a una de las fotos en la que está con su amiga, la mujer afirma "la extraño muchísimo a Susana, cualquier cosa emotiva que me sucede la tengo presente. Soy yo la que está, la que se fue es ella. Es la perdida franca de la juventud".

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