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La Mañana educación

Los estudiantes de la técnica y sus primeros pasos en el mundo laboral

En medio de la expo anual, el docente de la EPET 17, Pablo Ricciardi, habló del sistema de pasantías y de los logros y desafíos de la comunidad educativa del oeste neuquino.

Pura ebullición. Entre los preparativos, puestas a punto y los nervios que aprietan en la panza con el deseo de que todo salga bien, los estudiantes de la EPET 17 ultiman detalles de la exposición que da cuenta de su trabajo anual para celebrar el Día de las Escuelas Técnicas, realizada el pasado miércoles.

Lleno de orgullo, al igual que otros colegas y miembros del plantel directivo, el docente Pablo Ricciardi mira a los chicos y chicas que guió en los distintos talleres y piensa en sus logros, en los obstáculos que vencieron, en el esfuerzos conjuntos para acompañar situaciones delicadas, para hacer que la escuela siga siendo una opción y un horizonte de motivación, pese a los problemas y coyunturas familiares y las dificultades económicas que se hicieron más pesadas este año, con la espiral inflacionaria.

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Pablo piensa también en los cambios que se vienen produciendo en este tipo de establecimientos, que antes parecían ser un ámbito exclusivo de varones. También celebra el aprendizaje y los pasos que se vienen dando con el sistema de pasantías, una puerta que se abrió hace unos siete años para que los estudiantes puedan tener su primer contacto con el mundo laboral.

"Acá los chicos estudian seis años y se reciben de técnicos en automotores. Este año abrimos otra especialidad, la de maestro mayor de obra, por la gran demanda que tenía, en especial para las chicas que quizás querían tener otra alternativa", comenzó diciendo el docente que está encargado de los talleres de la EPET.

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"Una vez que los chicos llegan a quinto año empiezan con las pasantías. Ahora tenemos para automotores, el año que viene empezarán las de maestro mayor de obra. Ahora las experiencias se están haciendo con Mercedes Benz, Toyota, concesionarias y empresas vinculadas al rubro petrolero. Durante todo un trimestre los chicos van a hacer una práctica de trabajo real, todos los días, cuatro horas a la mañana. En algunos lugares pasan por todos los sectores de la empresa, en otros van al área de servicios de mantenimiento, de gestión, repuestos o talleres", precisó.

Pablo remarcó que las pasantías no son obligatorias. Al principio del año lectivo, Fabián, el encargado del programa, hace una charla con los padres para dar detalles de las opciones y el programa, y luego avanza con entrevistas individuales con los chicos que estén interesados. Ahí aborda sus intereses y expectativas, además de dejar en claro cuál es el compromiso asumir y conversar acerca de su situación de vida y todas las dificultades y aspectos a tener en cuenta para que la experiencia sea satisfactoria. Ya una vez iniciadas las prácticas, los acompaña en el proceso. Quienes no quieran sumarse, trabajan proyectos destinados a la comunidad.

"Cuando arrancamos con todo esto, muchos padres desconfiaban. Tenían miedo de cómo los iban a tratar, pensaban que los iban a hacer limpiar y no hacer una práctica real de trabajo. También les preocupaba si algún alumno se accidentaba, por eso se hizo todo un protocolo, con seguro. Algunos los querían llevar en su vehículo particular y no se puede, tienen que ir en transporte público porque la idea es que sean autónomos. Por suerte todo eso se fue puliendo y al día de hoy lo seguimos haciendo porque siempre surgen cosas nuevas. Todo esto es posible gracias a que hay un buen referente como Fabian que se encarga de visitar las empresas y de ver qué es lo que están haciendo los alumnos, que los acompaña y coordina todo el proceso", remarcó.

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"Las pasantías no son rentadas, pero nosotros siempre le pedimos a las empresas que les den un incentivo. Hay muchas circunstancias de los chicos a tener en cuenta, algunos ya son padres. Por eso siempre lo pedimos y, por lo general, las empresas lo dan. Lo que sí está acordado de entrada es que le den es el dinero del transporte, un refrigerio y ropa de trabajo", indicó.

Más allá de temor inicial, los estudiantes de la Epet 17 disfrutan de ese primer pantallazo del mundo laboral y regresan a los talleres contentos, contagiando su entusiasmo al resto de sus compañeros. Les cuentan las vivencias, lo que aprendieron, le dan detalles de las máquinas y herramientas con las que trabajaron. "Muchos chicos no tienen pensado seguir estudiando. Para ellos, estas prácticas son una saluda laboral, una primera experiencia. De hecho, algunos continúan trabajando luego en las empresas. Nosotros igualmente siempre tratamos de incentivarlos para que sigan estudiando, pero bueno, es complejo y más con las necesidades de cada uno. De los que se reciben, solo un 20 por ciento van a la universidad. Hay chicos que ya están trabajando, cuidando a chicos, a un abuelo. Por lo general son chicos que están buscando trabajo porque en la casa no les alcanza", postuló Pablo al reflexionar sobre la circunstancias socioeconómicas y familiares de los estudiantes.

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"Los chicos de esta EPET son muy inquietos, tienen muchas ganas de aprender y, por lo general, necesitan contención. Yo antes trabajaban en las escuelas del centro y me vine a dar clases acá porque me gustó la escuela y lo primero que noté fue que los chicos tenían otro trato, mucho más familiar. Nosotros nos caracterizamos por eso también, por tener un trato lo más personalizado posible y eso los chicos lo sienten. Tiene un sentido de pertenencia en la escuela. Están muchas horas acá, así que se hacen muy amigos de los profes, muy amigos entre ellos", dijo en alusión al equipo docente del establecimiento educativo ubicado en José Buffalo 1998.

Contención ante las dificultades socioeconómicas

Pablo contó que hay un 30 por ciento por año de deserción escolar. "El problema es social. Hay muchos chicos que viven con los abuelos, que los cría una madre o un padre solos, chicos que tiene todo el día a los padres trabajando y los ven poco. No somos ajenos a tener chicos que se drogan, maltratados, abusados, hay muchos chicos con problemas económicos y tienen que salir a trabajar. El problema social es grande, no nos afecta solo a nosotros sino a toda la sociedad", planteó.

"En comparación con otras escuelas que han tenido problemas grandes, nosotros hemos tratado de ir resolviendo situaciones complicadas apostando al diálogo. Somos una escuela contenedora y los chicos nos respetan en ese sentido, siempre tratamos de ayudarlos", indicó.

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"La escuela técnica no es barata. Requiere de una inversión en ropa de trabajo, elementos de dibujo, cada dos o tres meses tenés que traer plata para comprar materiales. Nosotros contamos con un fondo para quienes tienen dificultades, pero en sí la escuela técnica es cara", agregó.

"Más allá de eso la escuela tiene un montón de beneficios, por eso estamos saturados de chicos. En los ingresos quedan un montón de chicos afuera. Hay distintas prioridades para el ingreso: primero están los chicos con discapacidad, luego los que tienen hermanos escolarizados en esta EPET o personas trabajando acá, chicos que viven dentro del radio escolar y que hicieron la primaria dentro del radio escolar. Este año tuvimos 160 inscritos y pudimos tomar solo 96", recordó y agregó que en cada ciclo lectivo se guardan vacantes para repitentes y chicos judicializados.

Cursos con el 40 por ciento de mujeres

"La escuela técnica cambió muchísimo ya hace más de diez años. Antes había muy pocas mujeres, ahora hay un montón de chicas. En primer año son el 50 por ciento y en segundo pasan a ser el 40. Hay cursos en los que hay más chicas que chicos. Incluso ahora tenemos un montón de docentes mujeres", destacó Pablo, para luego deslizar que la presencia femenina incidió en las relaciones entre los estudiantes.

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"Los grupos donde son todos varones, se tratan de una forma. Cuando hay mujeres, cambia el trato, el vocabulario. Todo esto se ha ido educando para bien", dijo y agregó que no hay subestimación respecto a la capacidad de las chicas. "Tal vez entre pares, al principio, pero después no, porque las ven cómo trabajan. Hay chicas que tal vez algunas cosas no les gusta y toman apuntes y hacen otras tareas, pero eso también pasa con los varones que capaz no les gusta tirarse abajo de un auto", manifestó.

Es importante que las chicos y las chicas sepan que a la escuela técnica solo van a venir a trabajar con máquinas y herramientas. Hay de todo en la escuela técnica. Tenemos la parte de lectura, escritura, investigación. Se piensa que la escuela técnica te forma para el trabajo y aunque es un poco así, también te forma para tener conocimiento generales, científicos.

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