Los negocios y la camiseta

Extrañamente (o no) todo el mundo ajeno a Boca empezó a ver hinchas del club de la Ribera por todas partes donde hay poder de decisión sobre el fútbol. Y atribuyen a que la camiseta les tira a los poderosos para definir a favor del equipo de los mellizos Guillermo y Gustavo Barros Schelotto.

De pronto, los máximos dirigentes del fútbol nacional se volcaron a decidir a favor de su corazón futbolero, sin más. Los espectadores lejanos a los despachos y, en la mayoría de los casos, al césped por donde rueda la pelota se dieron cuenta de que el problema del fútbol argentino son los hinchas de Boca incrustados en los cargos con decisión sobre la suerte de los equipos de la devaluada Superliga, que a la mayoría de los conjuntos con pretensiones le sirve para probar esquemas y futbolistas de cara a alguna copa de la Conmebol.

Y a esta altura de la opinión en curso es necesario detenerse en la AFA y la Conmebol, pensar unos minutos y resolver si uno puede creer que en esos ámbitos se decide por afecto a una camiseta. En la AFA y la Conmebol anidaron los dirigentes que coimearon a Torneos para cederle los partidos, según pudimos saber por las actuaciones encaradas por jueces estadounidenses, que no movieron esas causas por amor a la pelota, sino por el despecho de empresas de ese país que fueron estafadas por los coimeros.

La camiseta de los amores no explica que un árbitro esté pagado para beneficiar a un club o a otro, como se sospecha en el mundo del fútbol. Y si no hay amor a la camiseta, lo que está detrás de las sospechas, si es que algo existe, son los negocios. Ahí es donde hay que buscar si se duda de la honestidad y no en el cuadro de los amores de nadie.

Si se duda de la honestidad en el fútbol, lo mejor sería buscar en los negocios antes que en el amor por una camiseta.

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