Las petroleras no deben demorar más las respuestas ante los altísimos riesgos que les hacen correr a los operarios que sustentan sus millonarios negocios a costa incluso de sus propias vidas. En 13 meses murieron seis trabajadores en yacimientos de la cuenca neuquina.
Y no cambió nada desde la primera de estas muertes, en febrero del año pasado, hasta ayer, cuando se produjo el último deceso de la trágica saga. Se sucedieron los anuncios de éxitos en la producción, las promesas de inversiones de cifras mil millonarias en moneda dura a largo plazo, las propagandas de los dirigentes empresarios y políticos, al mismo tiempo que cada tanto sucedía una nueva muerte de un trabajador.
Las vidas perdidas de los operarios no impactan en los promocionados costos de las petroleras, que bajan sin cesar para mejorar, también sin pausa, la renta empresaria.
En Neuquén no hay ningún trabajo más riesgoso que el de los petroleros. No existe otra actividad con tanta muerte.
El Sindicato de Petroleros de Neuquén, Río Negro y La Pampa sacó a la palestra la discusión de las condiciones horarias del trabajo en los yacimientos cuando promediaba la saga de muertos. El régimen laboral de los trabajadores del sector contempla una relación de dos días de trabajo por uno de descanso. Las empresas disponen cómo se distribuyen las cargas. En los pozos de la cuenca neuquina por lo general se impone el modelo con 14 días continuados de trabajo por siete de descanso consecutivos.
Guillermo Pereyra, titular de Petroleros, con apoyo del gobernador Omar Gutiérrez, reclama la instauración de un régimen de seis días en los yacimientos por tres de descanso. La propuesta fue bien recibida por los discursos de todas las partes, pero en la práctica cayó en saco roto. Mientras, en ninguna actividad hubo más muertes.


