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Mozos de un conocido restaurante se encadenaron para que los dejen abrir

La medida la hicieron de 12 a 15, durante su horario laboral, para exigir la reapertura en pandemia. "Queremos que nos dejen hacer nuestro trabajo", reclamaron.

Las puertas del tradicional restaurante El Tío, ubicado en la Avenida Olascoaga 533, amanecieron con sus mozos encadenados. Los hombres protestan por no poder brindar su atención al público, con dos pizarras escritas que proponen el menú del día: “Si querés cenar no podés” y “si querés almorzar, tampoco”.

Lejos parecen haber quedado los días de flexibilización de la cuarentena, donde, de a poco, se comenzaba a ver un Neuquén libre de coronavirus, con restaurantes que abrían sus puertas y casi la totalidad de los rubros en una nueva "normalidad".

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Ahora, tras el brote originado en Balsa Las Perlas, una ola de contagios aceleró lo inevitable: nuevas restricciones, con la gente en sus casas, circulación por la terminación del número de documento y con gran parte de la atención al público sin poder trabajar.

Quienes saben de ello, son Luis, Julián, José y Jorge, los mozos del restaurante El Tío, sentados en las sillas donde antes lo hacían sus comensales: “Llevamos 80 días sin trabajar, nos permitieron abrir primero como 'take away', pero no es lo que nosotros hacemos. Después pudimos abrir con el límite de horario, y ahora no podemos abrir ni mediodía ni noche”, dice Julián, de unos 50 años.

“Toda nuestra vida fuimos mozos”, continuó el hombre. “El que menos tiempo lleva trabajando con nosotros es José, que lleva seis años, después está Luis, que lleva 18”, agregó.

En dos hileras de sillas, tres adelante y uno atrás, los cuatro hombres permanecieron con sus muñecas encadenadas, como esposados. Esa es la sensación que tienen los hombres al llegar todos los días a su lugar de trabajo: “Entrás y ves las sillas apiladas, parece más un galpón donde se guardan cosas que un restaurante”.

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Luis, el más flaco y alto de los mozos, portó una bandera argentina que flameaba con orgullo. La situación que atraviesa el país necesita de la unión de los argentinos. Detrás del barbijo, aunque no se ve, esconde una gran sonrisa: “Extrañamos poder atender a la gente. Es nuestra profesión, lo que hicimos toda la vida”, señaló el hombre. Además, dentro de la labor de los mozos, la diferencia en su sueldo la hacen con las propinas, otro de los beneficios que les ha quitado la imposibilidad de trabajar.

Ahora, reclaman a las autoridades provinciales que les deje abrir las puertas del restaurante: “Lo único que queremos es que nos dejen hacer nuestro trabajo. Hay muchos rubros que no son esenciales y están abiertos”, asegura Julián. Para ello, prometen respetar los protocolos necesarios: “Obviamente con distanciamiento social, barbijos y alcohol en gel, como corresponde”.

Así, como a ellos, la nueva normalidad que impuso la pandemia, se llevó puesta la cotidianidad de miles de trabajadores de la provincia, que tras dedicarle toda su vida al rubro que aman, deben llegar a sus casas y mirarse al espejo sabiendo que, por las decisiones sanitarias y políticas, no pueden cumplir con la actividad que les permite ganarse el sustento.

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El hecho de haber sido catalogada como ciudad con transmisión comunitaria del virus hizo que Neuquén debiera volver a la etapa de aislamiento, motivo por el cual el DNU de Nación no permite que se abran locales como restaurantes y gimnasios, entre otros. Por esa razón, el gobierno de la Provincia prepara una serie de excepciones para que la gestión central apruebe la reapertura de algunos comercios.

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