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50 años del golpe de Estado en Neuquén: la lucha de las Madres sigue vigente

Este 24 de marzo será el primero sin la presencia física en las calles de Inés Ragni y Lolín Rigoni, pero su legado se multiplica en miles de neuquinos.

A 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la consigna que atraviesa generaciones sigue vigente: memoria, verdad y justicia. En la marcha de Neuquén faltarán Inés Ragni y Lolín Rigoni, las últimas Madres de Plaza de Mayo de la región, referentes indiscutidas de un camino construido con dolor, coraje y una perseverancia inquebrantable.

Su ausencia física marca un antes y un después. Pero lejos de significar un vacío paralizante, plantea una pregunta urgente: ¿Cómo se continúa una lucha que ellas sostuvieron durante décadas? Las respuestas empiezan a tomar forma en las voces de quienes hoy asumen ese legado, desde los organismos de derechos humanos, el ámbito jurídico y la militancia territorial.

Natalia Hormazábal, abogada y referente en derechos humanos, fue querellante durante 18 años en los juicios de lesa humanidad en Neuquén en representación del CeProDH. Para ella, ese rol no fue un lugar dado, sino una conquista.

LOLIN RIGONI

“Para nosotros fue una conquista poder ser querellantes durante tantos años, fue una pelea que dimos por mucho tiempo y supimos sostener, remarcó a LM Neuquén.

Ese proceso judicial, que permitió sentar en el banquillo a represores y avanzar en condenas por crímenes de lesa humanidad, fue parte de una lucha más amplia, impulsada desde abajo, con las Madres como faro.

“No terminamos con la impunidad y esa es una tarea que permanece pendiente y de primer orden para todos los que nos reclamamos luchadores y luchadoras”, afirmó.

La memoria como disputa en el presente

Para la abogada, este 24 de marzo no solo convoca a recordar, sino a movilizarse masivamente frente a un contexto que considera de retroceso en materia de derechos.

“A 50 años del golpe genocida este 24 de marzo tenemos que ser millones en las calles de todo el país para seguir reclamando, hoy hay múltiples razones para sostener esa presencia. Vivimos una nueva ofensiva neoliberal. La reforma laboral es una expresión de eso. Más que nunca tenemos que salir a las calles a reclamar contra todos los derechos atacados”, destacó.

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Hormazábal estableció un paralelismo directo entre el plan económico impuesto por la dictadura y las políticas actuales. En su mirada, el disciplinamiento de la clase trabajadora sigue siendo un objetivo, aunque con otras herramientas.

“Si con la dictadura genocida el disciplinamiento de la clase trabajadora se intentó con desaparición, sangre y fuego, hoy se intenta por vía legislativa, pero también discursiva. Este gobierno intenta amalgamar negacionismo con ataques a la clase trabajadora”, aseguró.

En ese sentido, sostuvo que la reforma laboral en debate no solo es inconstitucional, sino que implica un retroceso profundo en derechos conquistados. “Intenta borrar al sujeto de derechos fundamentales como es el trabajador para dejarlo solo, desnudo y aislado frente al capital”, advirtió.

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Y va más allá: “La dictadura ya intentó avanzar contra el 40% de la ley de contrato de trabajo, recortando más de 300 artículos. Hoy esta reforma no es menos grave, porque ataca los mismos pilares: la estabilidad, la tutela judicial efectiva, la acción colectiva”.

El sentido histórico de la memoria

Lejos de una mirada meramente conmemorativa, Hormazábal insiste en que la memoria debe entenderse en su dimensión política e histórica.

“Hay que volver a sostener con mucha fuerza que la lectura correcta de lo ocurrido en dictadura tiene que ver con el plan económico que se intentó imponer, con la idea de terminar con el ascenso obrero de una generación que había ganado fuerza y combatividad”, afirmó.

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Esa interpretación, señala, es clave para enfrentar los discursos que buscan relativizar o distorsionar lo ocurrido. “No tenemos que permitir que avance el negacionismo. Seguimos diciendo: son 30 mil y fue genocidio”.

“La aparición de nietos y nietas que recuperan su identidad demuestra que, a pesar del tiempo y del pacto de silencio de los genocidas, la lucha sigue vigente”, aseguró.

En ese marco, planteó una demanda central: “Tenemos que seguir exigiendo la apertura total de los archivos de la dictadura. Es necesario que el Estado y las Fuerzas Armadas rompan ese pacto de impunidad”.

Un 24 de marzo sin las Madres

En Neuquén, esta fecha está atravesada por una ausencia que se siente en cada convocatoria. Marina López Dorigoni, integrante del grupo de apoyo a las Madres, lo destacó.

“Es el primer año donde ya no están las Madres de Plaza de Mayo y algunos otros referentes tan importantes como Noemí Labrune o Walter Pérez”, señaló.

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Lolín Rigoni, Junto a Inés Ragni, su gran amiga y compañera de luchas.

Lolín Rigoni, Junto a Inés Ragni, su gran amiga y compañera de luchas.

Sin embargo, lejos de debilitar la organización, esa ausencia parece haber reforzado el compromiso colectivo. “El orgullo que tenemos es que este año también estamos construyendo una marcha del 24 de marzo en forma absolutamente unitaria. Y eso tiene un valor enorme”, resaltó.

“Más allá de los matices o algunas diferencias, se construye una marcha unitaria. Eso habla de la importancia del momento”, afirmó.

Para López Dorigoni, la continuidad de la lucha no es una consigna abstracta, sino un compromiso concreto. “Tenemos el compromiso asumido con Inés, con Lolín, con nosotros mismos y con los 30 mil de sostener la lucha y la exigencia de justicia”, afirmó.

Ese compromiso implica también sostener la memoria como una práctica viva, no como un recuerdo estático. “La memoria no es solamente algo que ocurrió en el pasado. Tiene que ver con una memoria viva y fértil, con las luchas actuales, con la continuidad”, agregó.

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La dirigente por los derechos humanos de Neuquén reclamó un a vez más la necesidad de que se abran los archivos de la dictadura y que los genocidas no sigan sosteniendo el pacto de silencio.

“Los pocos casos que se lograron juzgar fueron por el mérito y el coraje de quienes sobrevivieron y sus familiares, que fueron a declarar tantas veces, incluso revictimizándose”, destacó.

La deuda pendiente

A pesar de los avances logrados en materia judicial, López Dorigoni coincide en que queda mucho por hacer. “Claramente falta mucho. Los empresarios continúan impunes, y son los mismos que hoy impulsan políticas que afectan la producción y el trabajo”, denunció.

“Recordar el golpe no es solo una cuestión del pasado. Tiene que ver con lo que pasa hoy, con los derechos que se intentan recortar, con la violencia que se ejerce contra quienes reclaman”, afirmó.

Inés Ragni, madre de Oscar, desaparecido en 1976, dará su testimonio.

También mencionó situaciones actuales que considera alarmantes, como la represión a jubilados y jubiladas que se movilizan y aseguró que se intenta instalar "una falta de derechos y garantías".

El grupo de apoyo a las Madres, del que forma parte López Dorigoni, atraviesa este momento con una mezcla de duelo y reafirmación.

“Desde la partida de Lolín, lo que hicimos fue renovar nuestro compromiso personal y militante para continuar con los objetivos de la asociación: sostener la lucha, cuidar los archivos, difundirlos y transmitir lo que han sido las Madres de Plaza de Mayo”, contó.

Ese trabajo incluye no solo la preservación de la memoria, sino también su transmisión a nuevas generaciones. “Tenemos la obligación de recomponer esos lazos y de seguir pensando que un mundo mejor puede ser vivido”.

Ambas referentes coincidieron en que las nuevas generaciones tienen un rol central en esta etapa. Nietos, nietas, jóvenes militantes y organismos que se renuevan son parte de una trama que mantiene viva la lucha.

“Las nuevas generaciones están tomando la posta de esta lucha histórica”, señaló Hormazábal, y agregó: “Eso demuestra que, a pesar de todo, el legado de las Madres sigue vigente”.

A 50 años del golpe, Neuquén se prepara para marchar una vez más. Con Inés Ragni y Lolín Rigoni, marcadas a fuego en la piel de todos los neuquinos.

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