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Carmen y su mascota Solita rompen tabúes haciendo fletes arriba de un camión

Heredó de su papá la pasión por los fierros y hoy gana terreno con su emprendimiento de mudanzas y traslados junto a su perrita.

Carmen Contreras tiene apenas 22 años y, aunque parezca increíble, ya tiene diez años de experiencia al volante. Hizo sus primeras maniobras a los 12, en un tractor para cortar pasto, y hoy, ya con una licencia profesional, se dedica a hacer mudanzas y fletes por todo el Alto Valle en su camioncito de Mercedes Benz. A cada kilómetro de ruta desarma tabúes sobre el oficio y apunta a que más mujeres se conviertan en camioneras.

"Yo siempre soñé con ser camionera y estoy convencida de que los sueños se cumplen", dijo Carmen en una entrevista con LMNeuquén. Y su amor por los camiones es tan elocuente que no encuentra manera de ocultarlo: se filtra en cada viaje que le toca, en cada publicación en sus redes sociales y en cada conversación con un futuro cliente. Por eso, cada vez son más los que la recomiendan y que se convierten en sus clientes fijos para todas sus mudanzas.

Su amor por los fierros no nació por casualidad. Su papá es maquinista y se dedica a hacer movimientos de suelos y alquiler de máquinas viales. Por eso, el sonido de un motor se convirtió casi en el arrullo infantil de la joven, que esperó con ansias a alcanzar la altura suficiente para poder pisar los pedales de cualquier coche.

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A los doce, lo consiguió. Hizo sus primeras maniobras lejos de los peligros del tránsito, en un tractor para cortar el pasto y dentro de los límites seguros de una chacra. Así empezó a desplegar sus habilidades, hasta convertirse en una conductora experta con un sueño por delante: ser camionera y estar al frente de su propia empresa de transporte.

"A los 14 empecé a manejar en una Ranger y aprendí, pero después fui sumando experiencia para poder manejar máquinas viales como mi papá, que me transmitió esta pasión", relató la joven. Aunque ella y su familia son oriundos de Tigre, en la provincia de Buenos Aires, en 2016 se trasladaron a Neuquén para acompañar a su papá, que cada vez tenía más demanda laboral en la región.

"Él siempre tenía trabajos en el Sur y no lo veíamos casi nunca, y decidimos venirnos para estar más tiempo con él", dijo sobre su cambio de vida, que le permitió ganar más tiempo de calidad con su familia y más cercanía con el oficio de su papá.

Con 18 años ya cumplidos, obtuvo su licencia para poder hacer traslados, y ya lleva cuatro años con el emprendimiento. "Mi papá tenía el camioncito, lo arreglé, lo puse en marcha y empecé a hacer fletes", relató sobre su Mercedes Benz 710, que se convirtió en su fiel compañero y en su casa durante largas jornadas laborales.

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"Tuve que ampliar mi licencia para llegar a tener un E1 y también hice un curso de cargas generales y de cargas peligrosas para aprender a manejar las cargas", relató sobre los requisitos que tuvo que cumplir para poder sentarse arriba de un camión.

Quizás por el amor que le pone a cada tarea o por esa experiencia de conducción que creció casi con ella, Carmen reconoció que sus clientes valoran mucho su trabajo. Por eso, recibe comentarios positivos después de cada mudanza, y cada vez tiene más demanda de parte de sus clientes fijos y de otros que la conocen a través de recomendaciones.

"En el 90% de los casos me recomiendan y así voy sumando más clientes", explicó la joven, que hace distintos tipos de viajes y conecta diferentes ciudades del Alto Valle. Aunque ya tiene una historia de vida vinculada al mundo de los motores, Carmen se mantiene siempre alerta. Así, en cada nuevo trabajo siente que aprende un poco más, y también recibe instrucciones de otros camioneros de la región.

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"Estoy muy agradecida con ellos, son realmente compañeros de ruta y me ayudan cada vez que tengo algún problema o cada vez que me pierdo", relató la joven, que tiene pocos años en la zona, y por eso, todavía le quedan muchas nuevas rutas por conocer.

A pesar de la solidaridad que predomina en el rubro, también encuentra algunas muestras de rechazo. "Tristemente sigue siendo un ambiente machista y me llegan comentarios de gente que no le gusta ver mujeres en el rubro pero a lo malo no hay que prestarle mucha atención y hay que darle para adelante sin importar lo que digan los demás porque siempre fue mi sueño ser camionera y lo cumplí, cuando alguien me dice algo malo hago oídos sordos, siempre hay algunas personas que no le gusta lo que hace el otro y mira a los demás en lugar de mirar para adentro", relató.

Un trabajo compartido

Por su género y su juventud, Carmen llama la atención cuando promociona sus servicios como fletera. Sin embargo, su emprendimiento sumó ahora un nuevo condimento. La conductora ya no viaja sola sino acompañada por Solita, una perrita que adoptó hace apenas una semana y que se adaptó con facilidad a la rutina del camión.

"La semana pasada viajé a Buenos Aires y la chica que alquila allá mi departamento es rescatista", relató. Al conocer a Solita, le dijo en broma si se la podía regalar. "Y me la regaló", dijo sobre su nueva perrita, que toleró de forma asombrosa el viaje de regreso a Neuquén.

"Son 15 horas en camión y se portó excelente", contó. "Yo iba frenando para que hiciera sus necesidades, pero se adaptó muy bien, es una compañía que me da mucha felicidad, agradezco tener en mi vida porque el amor que me da es hermoso", señaló.

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Ahora, Carmen y Solita son compañeras de viaje. Andan juntas arriba del camión y ella se ocupa de hacer traslados de materiales de construcción, muebles o mudanzas. "La llevo a todos lados, a todos los fletes que hago, nos hicimos inseparables, no la puedo dejar ni con mi mamá porque siempre quiere estar conmigo, y como se porta tan bien en el camión, la dejo", explicó.

"Hay cosas que son muy pesadas para mí, pero siempre encuentro gente que me ayuda", afirmó. Para la joven, ser mujer y fletera tiene el obstáculo de enfrentar miradas de desaprobación o aquellos comentarios machistas que todavía persisten. Sin embargo, también le da ciertas ventajas, porque hay muchos que reparan en su género para ofrecer una ayuda adicional, y no dudan en invitarla a pasar al baño o darle agua caliente.

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Cuando le preguntan por su futuro, la joven no duda demasiado. "Quiero ser camionera toda la vida", dijo sobre un sueño que ya pintó de colores. Con letras rosadas y negras pintó el nombre que va a llevar su futura empresa: Fletes Carmen. "lo tengo todo pensado y sé que el universo me va a ayudar a conseguirlo", aseguró.

Y con ese empuje, transformó una pasión heredada en un sueño propio. Lo llenó de entusiasmo pero también de estrategia y capacitaciones. Y hoy, viaje a viaje, reafirma su amor por el rubro con cada mudanza que le confían sus clientes neuquinos.

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