El fin de semana se produjo un ajuste de cuentas entre personajes lumpen que resuelven sus diferencias a los tiros. Es una fija en materia criminal, que los fines de semana la violencia tenga sus brotes acompañados por los consumos de sustancias y alcohol. Un combo letal.
En la madrugada del sábado en Senillosa, Jorge Bravo, de 23 años, encontró a su némesis en manos del Chino, alias del autor que ya se encuentra acusado y detenido con seis meses de prisión preventiva.
La historia es tan simple como brutal. Bravo, asociado al ambiente delictivo y la comercialización de drogas, le vendió al Chino una moto el pasado viernes. La Honda, modelo Wave 110cc, se la habían robado a una vecina de la localidad, todavía no está claro si fue Bravo o si Bravo la recibió a cambio de droga, un trueque bastante común.
Lo cierto es que el Chino recibió la visita de la dueña de la moto que le reclamó el rodado y fue así que entendió que se quedaba sin moto, a pata y sin plata, porque lo que resolvió ir a visitar a Bravo a la casa.
La resolución del conflicto fue extrema. Sin que mediaran muchas palabras, el Chino le demostró a Bravo que pragmáticamente él era más bravo. Fue así que sacó un revólver calibre 22 y le ejecutó cuatro tiro, uno de ellos le alcanzó la arteria de la pierna y Bravo murió desangrado.
Horas más tarde, el Chino que sabe que andar prófugo no es un arte sencillo, se entregó.
La violenta reacción del Chino, demuestra un terrible desprecio por la vida y la ausencia casi completa de frenos inhibitorios.
Lo peor de todo, es que esto no es nuevo y el fenómeno sigue creciendo. Pero el Estado que debe estar alerta frente al desmadre de la violencia, mucho no le interesa porque al ser entre personajes del ambiente, es un crimen sin impacto social. En algún momento esa violencia va a llamar a la puerta. Todo llega.
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