El clima en Neuquén

icon
10° Temp
65% Hum
La Mañana diseño

De la basura al diseño: una roquense creó una marca de carteras que desafía la moda tradicional

Con una propuesta que fusiona diseño y sustentabilidad, Nani demuestra que la moda puede ser una herramienta de cambio social.

A simple vista, hay objetos que parecen estar hechos para durar apenas unos días y después de cumplir su función, casi siempre terminan en la basura. Para Nani, en cambio, esos mismos materiales pueden convertirse en el punto de partida de una pieza de diseño exclusiva.

Nani Seguel tiene 38 años, nació en General Roca y hace casi dos décadas se mudó a Buenos Aires para estudiar Diseño de Indumentaria en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tras trabajar durante años para distintas marcas de moda, la pandemia la llevó a bajar el ritmo, volver al Alto Valle y dar forma a una idea que venía madurando desde hacía tiempo: crear una marca capaz de transformar materiales descartados en piezas con una nueva vida.

Así nació Volsa (@volsa_arg), un emprendimiento que comenzó como un espacio de experimentación artística y hoy se convirtió en su principal proyecto. A través de bolsos confeccionados con redes de polietileno y descartes textiles, busca demostrar que la moda también puede abrir preguntas sobre el consumo, el ambiente y la forma en que nos relacionamos con los objetos cotidianos.

Mirar la industria desde adentro

En Buenos Aires Nani trabajó durante varios años en el mundo de la moda. Diseñaba prendas para distintas marcas y conocía de cerca cada etapa del proceso de producción. Fue esa experiencia la que le permitió descubrir una cara menos visible de la industria: la enorme cantidad de materiales que se descartaban incluso antes de convertirse en una prenda.

"Yo le pedía al cortador que me guardara todos los sobrantes de tela. En ese momento nadie se hacía cargo de esos residuos y todo terminaba en un contenedor", recuerda.

Sin un proyecto definido, comenzó a guardar esos retazos. No sabía exactamente para qué los usaría, pero intuía que todavía tenían algo para ofrecer. Al mismo tiempo, otros materiales también empezaban a despertar su curiosidad. "Venía haciendo algunos experimentos con distintos materiales. Siempre me gustaron los colores y las texturas", cuenta

Todavía no existía un plan de negocios. Lo que sí había era una pregunta que empezaba a tomar fuerza: ¿cómo transformar esos materiales en algo nuevo sin borrar la historia que llevaban consigo?

Una pausa que cambió el rumbo

La pandemia terminó de cambiarlo todo. Como les ocurrió a muchas personas, el ritmo frenético de la ciudad se detuvo de un día para el otro y aparecieron preguntas que hasta ese momento habían quedado relegadas por la cotidianeidad. Nani decidió regresar al Alto Valle, seguir trabajando de manera freelance para Buenos Aires y aprovechar ese cambio de vida para experimentar con las ideas que venía postergando.

"La pandemia me hizo preguntarme qué es lo que quería. Vivía una vida de mucha vorágine y en el Valle todo pasa más lento", explica.

Lejos del ritmo acelerado de la Capital Federal, encontró algo que hasta entonces escaseaba: tiempo. Tiempo para coser, probar combinaciones, observar materiales y recorrer los paisajes que habían marcado su infancia. Los fines de semana cargaba sus creaciones y salía hacia el río, las bardas o Valle de la Luna para fotografiarlas.

Del descarte al diseño

A diferencia de lo que ocurre en el diseño tradicional, donde primero aparece una idea y luego se buscan los materiales para concretarla, en Volsa sucede exactamente lo contrario. Cada pieza nace a partir de aquello que llega a sus manos.

"No pienso un producto y después busco con qué hacerlo. Me gusta que el material me proponga algo. Lo observo, lo pruebo y recién ahí aparece la idea", explica.

Uno de los ejemplos más claros es Agatha, el bolso que con el tiempo se convirtió en uno de los más elegidos de la marca. Todo comenzó cuando recibió una gran cantidad de redes tubulares, como las que suelen utilizarse para envasar frutas y verduras. Durante un tiempo las dejó a un costado, sin saber qué hacer con ellas. Hasta que un día descubrió que su capacidad de expandirse podía convertirse en la característica principal del diseño.

"Cuando vi cómo se comportaba ese material, armé un tubo con distintos remanentes textiles en el interior para darle estructura y dejé la red por fuera. Me interesaba que siguiera viéndose de dónde venía", cuenta.

Más que un bolso

Detrás de cada pieza que sale del taller hay mucho más que un objeto de diseño. Hay horas de experimentación, materiales que parecían haber cumplido su ciclo y una búsqueda personal por demostrar que la moda también puede convertirse en una herramienta para repensar nuestros hábitos de consumo.

Por eso procura intervenir lo menos posible cada material. Lejos de esconder su origen, busca que ese pasado siga presente y forme parte del mensaje. "La moda me apasiona, pero también tiene un costado muy superficial y yo quería encontrar una manera de ejercer mi profesión sin seguir sumando a esa contaminación", explica.

Para Nani, sus bolsos no nacieron solamente con la intención de ofrecer una alternativa sustentable. También son una invitación a detenerse por un momento y mirar con otros ojos aquello que suele pasar inadvertido: el impacto que generan los residuos y la relación que construimos con los objetos que usamos todos los días.

"No me interesa poner el dedo acusador. No creo que la responsabilidad sea solamente de quienes consumimos. Es un problema mucho más profundo. Lo que sí creo es que el arte puede ayudarnos a cuestionarnos ciertas cosas", reflexiona.

Ese es el verdadero propósito de Volsa. Si alguien toma uno de sus productos y, aunque sea por un instante, se pregunta de dónde viene ese material o qué destino habría tenido si no hubiera sido reutilizado, una parte del objetivo ya está cumplida.

Entre las raíces y los nuevos caminos

Aunque hoy pasa buena parte del tiempo entre Buenos Aires y General Roca, Nani asegura que el Alto Valle sigue ocupando un lugar central en su manera de crear. No solo por los paisajes donde realizó las primeras producciones de Volsa, sino también por los recuerdos que aparecen en cada proceso.

Hay una parte de esa identidad que heredó de su papá, maestro mayor de obras. Entre herramientas, sogas, mosquetones y materiales de construcción transcurrió buena parte de su infancia, un universo que hoy, casi sin proponérselo, también forma parte de sus diseños. "El otro día mi papá me decía: 'Cuántos elementos conocidos veo'. Y claro, porque crecí rodeada de todo ese mundo industrial", cuenta entre risas.

Del otro lado estaba su mamá, una apasionada por la moda que siempre acompañó sus decisiones y celebró cada uno de sus proyectos. "Fue mi fan número uno", dice con emoción. Aunque ya no está, asegura que su apoyo fue fundamental para animarse a seguir un camino que muchas veces estuvo lleno de incertidumbre.

Un proyecto en crecimiento

Durante los primeros años, Nani combinó Volsa con otros trabajos. Mientras continuaba ejerciendo freelance para distintas empresas, aprovechaba sus tiempos libres para darle forma a una marca que buscaba abrirse paso en un mercado acostumbrado a otro tipo de productos.

Con el paso del tiempo, ese espacio de exploración empezó a crecer. Hoy el proyecto se convirtió en su principal fuente de trabajo y ella misma confecciona la mayor parte de las piezas. Solo cuando aparecen pedidos de mayor volumen recurre a un taller que la acompaña en la producción, mientras que una colaboradora se encarga de parte del contenido audiovisual y las redes sociales.

A la par, también fue construyendo una comunidad. Muchas de las personas que compran sus bolsos vuelven a escribirle cuando aparece un nuevo color, le acercan materiales que creen que pueden servirle o recurren al servicio postventa que ofrece para extender la vida útil de cada pieza. Para Nani, esa relación también forma parte de otra manera de entender el consumo: una en la que el vínculo no termina en el momento de la compra.

Cinco años después de aquellos primeros experimentos, Volsa sigue siendo un proyecto que está creciendo. Quizás porque la creatividad nunca es un punto de llegada, sino un proceso permanente. Uno que se alimenta de la curiosidad, de probar nuevas ideas y de animarse a mirar desde una perspectiva diferente.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas