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Dejó su trabajo en la fábrica y ahora se dedica al arte: las esculturas de Cristian Méndez que recorren Neuquén

Aunque desde chico es un apasionado por el arte, recién hace dos años se dedica de lleno a su amor. Instaló obras en Moquehue, Los Catutos y Villa Pehuenia.

A los 43 años, Cristian Méndez logró algo que durante mucho tiempo pareció un sueño lejano: vivir de su arte. Autodidacta, perseverante y profundamente arraigado a Zapala, este artista plástico neuquino encontró en el cemento un lenguaje propio para contar historias, rescatar memorias y dejar huellas duraderas en el espacio público de distintas ciudades de la provincia.

Mineros, bomberos, mariposas, caballos y figuras ligadas a la identidad local forman parte de un recorrido que, en apenas dos años, empezó a expandirse con fuerza y a consolidar su nombre en el mapa cultural neuquino.

“Desde chico me dedico a las esculturas”, contó Méndez, con la naturalidad de quien habla de algo que siempre estuvo ahí. No pasó por academias ni talleres formales: su camino fue el de la experimentación constante, los trabajos pequeños que se vuelven cada vez más ambiciosos y el aprendizaje cotidiano.

“Soy autodidacta. Empecé a practicar con trabajos chicos y después me largué a los más grandes. Muchas dudas las saco viendo videos, y cuando hay cosas que no sé cómo resolverlas, consulto con otros escultores”, explicó a LM Neuquén. En ese intercambio aparecen nombres de referentes que lo acompañan en el proceso, como Aldo Beroisa y Alejandro Santa Ana, con quienes comparte consultas técnicas y miradas sobre el oficio.

Desde Zapala al espacio público: el arte de Cristian Méndez que recorre Neuquén

Durante años, el arte convivió con otros trabajos. Cristian trabajaba en una fábrica y la escultura ocupaba los márgenes de su tiempo libre. Hasta que tomó una decisión clave: renunciar para dedicarse de lleno a crear. “Hace dos años dejé mi trabajo y me dedico al arte. Fue un salto grande, pero necesario”, dijo. Desde entonces, su casa en Zapala se transformó también en estudio: un espacio donde conviven pinturas, esculturas, bocetos y estructuras de hierro que anticipan las obras finales. “Hacemos pinturas y esculturas. Tengo el estudio en casa y ahí pasa todo”, resumió.

El arte se comparte con la familia

La familia es parte central de ese proceso. Cristian vive con su esposa, Mariela, su compañera desde hace 22 años, y sus dos hijos: el mayor, de 20, y la más chica, de 6. “Mi hijo siempre me da una mano, y Mariela también. Ella tiene un ojo tremendo: si ve algún error en una obra, se da cuenta enseguida”, contó con orgullo. El arte, en su caso, no es una actividad solitaria, sino un proyecto compartido y sostenido en lo cotidiano.

Desde el punto de vista laboral, Méndez asumió el desafío de profesionalizarse. Es monotributista y trabaja por encargo: “Me mandan a hacer una obra y el proceso es siempre parecido. Primero el boceto, después el armazón de hierro y, finalmente, el tallado y todos los detalles”. La elección del cemento no es casual. “Me encanta trabajar con cemento porque tiene muchas posibilidades de manipulación. Además, son obras muy duraderas, siempre y cuando se cuiden”, explicó. En un contexto de espacios públicos atravesados por el clima y el paso del tiempo, el material se vuelve aliado para pensar esculturas pensadas para permanecer.

Desde Zapala al espacio público: el arte de Cristian Méndez que recorre Neuquén

Esa durabilidad dialoga con la idea que Cristian tiene del arte. “Para mí el arte es un estilo de vida. Es algo que te abre la mente, un cable a tierra. Uno llega a esta tierra y se pregunta para qué vine; yo sé que esto me identifica”, reflexionó. Y va más allá: “Con el arte podés trascender”. En sus palabras aparece una concepción del arte como puente entre generaciones, como herramienta para contar historias que de otro modo se pierden. “En muchas ciudades, preguntás quiénes fueron los primeros pobladores y no lo saben. A través del arte llegás mucho más allá de lo que uno piensa”, sostuvo.

Las obras de Cristian

Uno de los ejemplos más claros de ese vínculo entre arte e identidad es la obra dedicada a los mineros en Los Catutos. Allí, Méndez representó una actividad profundamente ligada a la historia local.

Otra de sus obras emblemáticas se encuentra en Zapala, en la Escuela de Arte N°1: un caballo frisón que condensa múltiples sentidos. “Es una raza muy elegante que se usaba para el campo en Holanda. Con el tiempo se empezó a extinguir, porque primero se usaba para el trabajo y después solo para exposición”, explicó. En la escultura, el pelaje y la musculatura le dieron la posibilidad de transmitir fuerza. “Son caballos muy fornidos y representan el trabajo, el impulso, las ganas de Zapala”, dijo. La obra dialoga con la identidad de una ciudad asociada al esfuerzo, la producción y el empuje colectivo.

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En la avenida Los Primeros Pobladores de Zapala, antes de llegar a la rotonda, otra de sus creaciones interpela desde un lugar distinto pero igualmente potente: la obra dedicada a las Hermanas Mirabal. Representadas a través de mariposas, las figuras remiten a las tres mujeres dominicanas que lucharon contra un gobierno que las persiguió, torturó y asesinó. “Ellas se pusieron en campaña para luchar contra el maltrato a las mujeres. Se hacían llamar Las Mariposas, y desde ahí empezó a surgir la lucha contra la violencia de género”, relató Méndez. Cada mariposa tiene un tamaño diferente: la más grande es Minerva, la hermana más involucrada en la militancia. El monumento no solo homenajea una historia latinoamericana, sino que instala un mensaje vigente en el espacio público zapalino.

El recorrido de Cristian Méndez también incluye obras en otras localidades de la provincia. En Las Lajas realizó una escultura de un bombero, hecha en cemento y ubicada frente al cuartel, a pedido del propio cuerpo de bomberos. “Es una obra que representa el servicio, el compromiso y el riesgo que asumen”, señaló. En Moquehue realizó una escultura de Marcelo Berbel, figura clave de la cultura neuquina, y en Villa Pehuenia llevó adelante una obra vinculada a las Islas Malvinas, sumando memoria histórica a un entorno turístico.

Desde Zapala al espacio público: el arte de Cristian Méndez que recorre Neuquén

“Hasta ahora hice los mineros para Los Catutos, Marcelo Berbel para Moquehue y ahora estamos trabajando en una sorpresa para otro municipio”, adelantó, sin dar demasiados detalles. “Vamos a ver si salen más este año”, confió. La expectativa convive con la cautela, pero también con la conciencia de que el camino elegido empieza a dar frutos. “Hace dos años que me estoy haciendo conocido y creo que voy bastante bien”, admitió.

Además de las grandes esculturas urbanas, Méndez también produce obras de menor tamaño, destinadas a jardines, viviendas particulares y empresas. “Me piden trabajos chicos. Un vecino me pidió un toro, otro un rinoceronte. Miden unos 50 centímetros por 70 de largo”, contó. Esa versatilidad le permite sostener su actividad y ampliar su público, sin abandonar la escala monumental que lo caracteriza.

Mirando hacia adelante, Cristian no ocultó sus deseos. “Me gustaría hacer una obra en Neuquén capital, llegar a la zona del Valle y, ¿por qué no?, a nivel nacional”, dijo. La ambición no suena grandilocuente, sino coherente con un recorrido que se construyó paso a paso, desde Zapala hacia el resto de la provincia.

Como ya se había contado años atrás en LM Neuquén, cuando su trabajo con materiales reciclados empezaba a llamar la atención, Méndez es un artista que no se detiene. Hoy, con el cemento como aliado y el espacio público como escenario, su obra sigue creciendo y dialogando con las comunidades que la reciben. En cada escultura hay técnica, esfuerzo y sensibilidad, pero también una convicción profunda: que el arte puede contar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

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