Con las temperaturas bajo cero, la lluvia persistente y la nieve, el refugio nocturno para personas en situación de calle funcionó al límite de su capacidad.
Las lluvias persistentes, las temperaturas bajo cero y la nieve que sorprendió a Neuquén esta semana pusieron a prueba al dispositivo de atención nocturna para personas en situación de calle. Mientras la ciudad amanecía con calles anegadas y los niños jugaron con un poco de nieve acumulado, en el refugio nocturno instalado a la vera de la Ruta 7 cada cama ocupada representó algo más que un lugar para dormir: fue la diferencia entre pasar la noche bajo techo o quedar expuesto a un frío que muchos describieron como "inhumano".
El espacio, impulsado por la secretaría de Emergencias y Gestión de Riesgos con el acompañamiento de distintos organismos provinciales, iglesias y organizaciones sociales, atravesó sus jornadas de mayor demanda desde su apertura. El incremento de personas que buscaron asistencia obligó incluso a ampliar la capacidad prevista inicialmente.
"Estos días fueron muy intensos, muy intensos", resumió a LM Neuquén Jorgelina Novoa, del ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano. "Tuvimos mucha cantidad de personas, tanto mujeres como hombres, adultos mayores y personas con discapacidad. Se ocupó el total de todas las camas", destacó.
La imagen se repitió noche tras noche. Afuera, el viento y la lluvia castigaban la ciudad. Adentro, decenas de personas encontraron una cama, una comida caliente, una ducha y un lugar calefaccionado para pasar la noche.
Para Alejandro Riffos, referente de la organización Menos Bla Más Amor y uno de los voluntarios que participa diariamente en el dispositivo, las últimas semanas dejaron en evidencia la importancia del refugio.
Entre las escenas que más lo marcaron recordó la conversación con una mujer mayor que, mientras tomaba un té caliente dentro del refugio, le dijo: "Decí que está esto. Imaginate si hoy estuviéramos durmiendo afuera con la nieve y la lluvia".
"Ellos celebraban que exista este espacio", aseguró Riffos, quien además destacó el trabajo conjunto que realizan desde la secretaría, con las organizaciones sociales, iglesias evangélicas y la Iglesia Católica para sostener el funcionamiento cotidiano del lugar.
El voluntario contó que las personas en situación de calle encuentran en este parador duchas, alimento y un ropero en el que trabajan para tenerlo completo. Aceptan donaciones de pantalones, calzado para adultos, ropa de abrigo y ropa interior.
"Salir del refugio e ir a mi casa me hace sentir distinto el calor, la ducha caliente. Estar todos los días con personas que necesitan una oportunidad te humaniza muchísimo. Valorás cosas que normalmente damos por hechas", destacó.
Del parche a una solución concreta
Antes de la apertura del refugio, las organizaciones que recorrían la ciudad repartían comida caliente y frazadas a quienes dormían en la calle. Sin embargo, sabían que esa ayuda apenas alcanzaba para paliar una emergencia.
"Antes les dábamos una frazada, pero era un parche. Nos íbamos preocupados porque sabíamos que esa persona iba a pasar frío igual", recordó Riffos.
Hace apenas unos días vivió una situación que resumió el cambio que produjo la apertura del dispositivo. "Vi a un chico acostado afuera de una iglesia. Lo desperté, hablamos y lo llevé al refugio. Para quienes trabajamos en la calle poder decirles 'venite a dormir acá' es una satisfacción enorme", aseguró.
El refugio no funciona únicamente como un espacio para pasar la noche. Durante el día distintos organismos provinciales desarrollan intervenciones para intentar que quienes llegan puedan comenzar un proceso de inclusión.
Novoa explicó que desde el ministerio de Trabajo se llevaron adelante capacitaciones laborales a través del programa Emplea Neuquén. "Cinco jóvenes participaron de las capacitaciones y dos ya consiguieron trabajo", señaló.
También hubo personas que decidieron regresar a sus provincias de origen y otorgaron pasajes para que vuelvan a Comodoro Rivadavia, Buenos Aires, Jujuy y Tucumán.
El padre Jorge "Chicho" Cloro, uno de los referentes que acompaña el dispositivo, aseguró que el frío extremo llevó el funcionamiento del refugio a un límite que nadie imaginaba.
"Llegamos a tener 121 personas cuando el refugio había sido pensado solamente para 50", reveló. Para responder a esa demanda fue necesario incorporar catres y ampliar los espacios disponibles mediante globas.
Aun así, destacó que el dispositivo logró garantizar atención integral. "Reciben atención médica, odontológica, cena, duermen con calefacción, colchones, sábanas y mantas. Al menos pueden pasar un invierno un poquito más contentos", aseguró.
Los desafíos que todavía quedan
Más allá de valorar el funcionamiento del refugio, Cloro planteó que la experiencia también dejó al descubierto nuevas problemáticas. Una de ellas tiene que ver con quienes trabajan durante el día y utilizan el refugio únicamente para dormir.
"Muchos tienen que salir en las primeras combis y solamente contamos con un vehículo que hace el recorrido desde la Catedral. También tienen dificultades para dejar sus pertenencias", explicó.
Otro aspecto que preocupa al sacerdote es la convivencia entre perfiles muy diferentes. "Hay personas que trabajan y están intentando salir adelante compartiendo espacio con otras que tienen graves problemas de salud mental y consumos problemáticos. Esa socialización a veces no resulta positiva y tendremos que pensar dispositivos diferentes en el futuro", consideró.
Para Cloro, la alta demanda del refugio también refleja un fenómeno social que viene creciendo en Neuquén. "Mucha gente llega porque escucha que esta es la provincia del trabajo, por Vaca Muerta, por el superávit. Pero muchos no consiguen empleo porque no tienen la capacitación necesaria y terminan en situación de calle", dijo.
Esa realidad, sostuvo, obliga a pensar políticas públicas que vayan más allá de la asistencia durante el invierno. "Hay que trabajar mucho más en prevención, tanto en las escuelas como en el mundo laboral. Si el Estado no está presente, toda esta vulnerabilidad va a seguir creciendo", concluyó.
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