Hay misterios que no necesitan ruido. Solo una noche, un poste y una bicicleta que nadie reclama en Junín de los Andes. Conocé la historia.
Hace varias noches apareció así, apoyada con una paciencia infinita contra un poste de luz de madera en el ingreso al barrio Nehuén Che, sobre calle Emprendedores. Una vecina, de esas que miran y cuidan, se puso en diálogo con el sitio informativo de Junín de los Andes “En Contacto con la Gente”, y dio a conocer la novedad. La imagen es clara: una bicicleta playera de cuadro rojizo, con canastito negro adelante, asiento negro y portaequipaje trasero, parada sobre la tierra, entre coirones y el alambrado. Con su candado puesto. Como si su dueño la hubiera dejado un segundo y ese segundo llevara una semana.
Y ahí sigue. Viendo pasar las luces del día y aguantando los fríos de la noche.
La vecina que avisó y los comentarios que la hicieron mito
El aviso corrió y, como pasa siempre en Junín, los vecinos comentaron. Y la convirtieron en historia.
Chelo Roddino lo dijo sin vueltas: “¡Hace una semana que está ahí!. ¡Ahora pasa a ser monumento del barrio!”
Jaime Aigo tiró el clásico humor cordillerano: “Del pata e' lana jaja”
Leonardo David arriesgó: “Alguno que viajó a Dubai”
Sin embargo, entre chiste y chiste, apareció una teoría que le dio entidad fantástica al asunto.
Alguien arriesgó de quién podría ser
Fue Martín BJ quien escribió lo que todos empezaron a compartir: “Esa es del hombre que va a ver a su caballo hacia abajo. Si no conoces Junín no sos de Junín, siempre paso por ahí”.
Y tiene sentido. Porque el Nehuén Che no es cualquier barrio. Está a unos 5 kilómetros al sur del centro de Junín de los Andes, cabecera del departamento Huiliches. Es un barrio de lote social, urbano, pero con alma de campo. Limita con las 101 Viviendas y Refugios del Sol, hoy viven más de 700 familias.
Allí funciona la escuela primaria 153 "Agustín Cacace" y se sueña con un Centro Deportivo Comunitario.
Es gente trabajadora, emprendedores, cuentapropistas, familias jóvenes que mantienen intactas las costumbres gauchas, el arraigo criollo y la herencia mapuche. Por eso es tan frecuente ver a gauchos en bicicleta, a la mañana temprano, yendo a ver sus animales campo abajo.
¿Será de él? ¿De un puestero que la dejó “atada” para volver a pie? ¿De una mujer que salió apurada y la olvidó?
Lo cierto es que nadie sabe. La bicicleta sigue ahí, con candado, esperando.
Y mientras tanto, ya es un poco de todos. Un mito urbano nuevo. El monumento involuntario de la calle Emprendedores.
El tiempo escribirá el final de la historia.
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