Descalzo y sin comida: encontraron huellas del tucumano desaparecido y sigue la intensa búsqueda
Continúan los rastrillajes en la zona de Villa Traful para dar con Salvador Álvarez Cano. Difundieron que podría sufrir una descompensación de su salud mental.
Este jueves de rastrillajes en la zona de Villa Traful, la búsqueda de Salvador Álvarez Cano —el tucumano de 32 años desaparecido desde el martes— encontró un indicio que renovó la esperanza: huellas en un sector complejo, de cuevas y desniveles, que podrían orientar el operativo hacia un punto más preciso.
El despliegue es masivo: está a cargo del comisario mayor Guillermo Alfaro, director de Lagos del Sur de la policía de Neuquén y cuenta con una gran cantidad de efectivos policiales además de la colaboración de efectivos de Río Negro, con la Brigada de Canes.
A ese esquema se sumó la Secretaría de Emergencias y Gestión de Riesgos. "Fuimos alrededor de 60 personas, entre médicos, enfermeros, el equipo de rescate de Villa La Angostura. Contamos con una ambulancia, e hicimos sobrevuelo en un avión con cámara térmica. Incluso el avión que alquilamos para manejo de fuego fue muy útil ayer", explicó la secretaria Luciana Ortiz Luna.
La esperanza en los rastrillajes de búsqueda del joven desaparecido
Luego del hallazgo de su auto al costado de la ruta 237, el rastrillaje se realiza por aire, tierra y agua. Hay drones con cámaras térmicas, un helicóptero que intentará acceder a una meseta de difícil ingreso, y embarcaciones que recorrieron el río, aunque en muchos sectores el bajo caudal impidieron el paso. La geografía va cambiando, en algunos puntos hay pozones y en otros el río puede cruzarse a pie.
Anoche, cuando los equipos comenzaban a replegarse cerca de las 20, aparecieron huellas que obligaron a retomar el trabajo hasta la 1 de la madrugada. “Es un terreno muy complejo y peligroso. Los equipos trabajaron hasta muy avanzada noche, en una tarea muy peligrosa y compleja”, detalló Ortiz Luna.
Incluso lograron que un poblador los cruzara en lancha hacia un sector donde surgió el indicio que hoy concentra la búsqueda.
Un cuadro de salud mental delicado
La secretaria confirmó que estuvo con la madre de Salvador y que pudo recabar información clave sobre su estado de salud. En múltiples oportunidades el joven abandonó la medicación que tomaba, con antecedentes de internaciones previas. Según indicó, esa descompensación podría haber agudizado rasgos paranoides y conductas de escape.
“El sábado tuvo comunicación con un amigo que notó síntomas de descompensación. Parte de su enfermedad puede estar llevándolo a huir”, explicó. “Él debe sentir, con su descompensación, que lo estamos persiguiendo”.
Ese dato modifica la lectura del territorio: no se trataría solo de alguien perdido, sino posiblemente de alguien que intenta esconderse. A eso se suma otra preocupación. Salvador habría sido visto caminando descalzo y con una malla. Días antes le habían suturado una herida en un pie. “En algún momento eso va a limitar su marcha”, advirtió Ortiz Luna.
El dato surgió del último registro de una cámara de un poblador que lo marcaba hace dos noches caminando descalzo. Los canes trabajaron sobre sectores ribereños, pero en un punto se detuvieron, lo que abre la posibilidad de que haya cruzado el río y esté en cualquiera de los márgenes.
“Se reanuda la búsqueda con drone y avión, de manera más precisa. Lo vamos a encontrar con vida”, sostuvo, sin titubeos.
Agua, frutas y esperanza
El territorio es enorme y agreste. Hay cuevas, paredones rocosos y un sector rocoso al que intentarán acceder en helicóptero. Las temperaturas diurnas complicaron el uso temprano de cámaras térmicas —el calor corporal se mimetiza con el ambiente—, pero durante la noche la tecnología ofrece mejores condiciones de detección.
“Agua tiene. Tenemos esperanza de que esté tomando del río”, dijo la funcionaria. También mencionó la presencia de frutales silvestres en el recorrido. “Ojalá haya podido comer”.
Los pobladores de la zona están alertados de su estado de salud delicado y colaboran con información. La búsqueda no se detiene.
Mientras tanto, en algún punto de ese paisaje que Salvador conoce —es escalador, habituado a la montaña—, la pregunta sigue abierta. Si esas huellas encontradas en la tercera noche son suyas, podrían ser la señal que permita achicar el mapa. Y, con él, la angustia.
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