Don Tolín: historia viva de los buscadores de oro
Hay personas en la vida que son la historia andante de los pueblos. En sus almas, en sus corazones y en sus recuerdos habitan los pasajes de su propia existencia y los de aquellos lugares por los cuales en algún momento vivieron o transitaron. Es el caso de don Antolín Muñoz, que con sus 88 años sobre sus espaldas es una referencia obligada de la historia, de la cultura y de las costumbres de varios rincones del inconmensurable norte neuquino. Nació hace 88 años en Los Bolillos, un lugar que turísticamente hoy es una maravilla siempre por conocer. Sin embargo, en tiempos lejanos hubo historias de una vida dura y difícil entre los lugareños.
Don Tolín, como lo conocen en el pueblo de Las Ovejas, es uno de los 10 hijos que le entregó a esta parte del territorio neuquino la pareja de crianceros compuesta por Orfilia Rosa Oses (quien es considerada la primera cantora del norte neuquino allá por la década del 30 del siglo pasado) y Arturo Muñoz. “Nosotros éramos 10 hermanos. Cinco mayores que yo y cuatro menores. Aparte de mi madre eran 3 mujeres y 7 varones”, contó mientras se servía un mate al lado de una estufa a gas natural. Mientras le daba pequeños y hasta meditados sorbos a la infusión, siguió relatando que en aquel remoto lugar los hermanos se criaron todos juntos. El sustento vital era la producción de la tierra. Tenían grandes huertas y sembradíos de trigo. En su memoria privilegiada y lúcida aún corren los recuerdos del funcionamiento de cuatro molinos.
Don Antolín repasó la historia familiar en su primera infancia y dejó en claro que fueron épocas donde reinaba la nada misma y había que “apechugar” entre todos para salir adelante. “Había poco trabajo y todos en la familia teníamos alguna responsabilidad. Teníamos animales y siempre había que trabajar en la siembra de trigo. En aquellos tiempos toda la gente vivía de lo que producía en la tierra” aseguró.
Además, agregó que “todo lo que se sembraba y se cosechaba era para la casa, no había ventas, era todo para consumo propio”. En relación con los trabajos en el trigo refirió que “en las épocas de invierno había que moler bastante trigo porque si no se humedecía y no servía más. Mi abuelo Carmen Oses tenía un molino y mis tíos eran los molineros”. Los primeros años, al igual que el resto de su vida, fueron muy duros y difíciles. A don Tolín por aquel tiempo le tocaba de alguna manera “custodiar” la casa y llevar adelante varios quehaceres como ir a buscar leña de ñire (en la época aún se permitía) a los cerros y cargarla al hombro para acercarla a su hogar. A los 11 años la vida prácticamente lo obligó a irse del nido familiar y se fue con otros rumbos a pelearle al destino. Él utilizó siempre el término “alquilar”. “Apenas me fui de mi casa, llegué a Andacollo y me alquilé para trabajar en el campo cuidando chivas”, contó. Así empezó una vida de intensos trabajos en lugares y oficios distintos por más de 70 años.
A los 11 años se fue de su casa de Las Ovejas y comenzó a trabajar como cuidador de chivas en un campo de Andacollo. Toda una vida de sacrificio.
Más tarde, al igual que a algunos de sus hermanos, el trabajo lo encontró buscando oro. Algo muy común décadas atrás. “Hubo un tiempo que volví a mi casa y allí me encontré con mi amigo Arsenio Retamal y empezamos a trabajar en la minería de Varvarco para abajo, en el arroyo Huaraco”. Relató que se dedicaban a la búsqueda del preciado metal en beta y también en la clásica labor de los pirquineros. “A veces nos iba muy bien y otras no tanto. El oro que lográbamos encontrar lo vendíamos al negocio de un turco en Andacollo. Lo cambiábamos por mercaderías o por plata y con eso sobrevivíamos”. En esos tiempos con su amigo Arsenio eran sus “propios jefes”. Con el tiempo se trasladó a Huinganco y allí se “alquiló” para trabajar bajo el mando de patrones en las minas Helvetia y El Surco.
Contando ya con unos 30 años de edad fue a probar suerte al “valle” como siempre se lo definió a la zona de la confluencia neuquina y un poco más allá. “Allá estuve trabajando en las chacras (por Cinco Saltos) y cuando se terminaba la temporada de cosechas trabajaba en una yesera”, contó. Con los años trabajó en Indupa pero el contacto con los químicos en forma permanente le pasó factura a su salud. Estuvo como 30 años en aquella zona hasta que decidió volver al norte neuquino, a sus raíces.
En el valle se había casado con Teresa Barrera y juntos criaron a tres “hijos del corazón”: Nancy, Orlando Darío y Deidamia.
El productor del pan casero para empleados de Corfone
Al volver al norte de la provincia, Las Ovejas le abrió los brazos y Corfone lo tuvo como empleado 14 años hasta su jubilación. “En esta empresa forestal en los veranos estaba de puestero en los campos. Tenía que cuidarlos y protegerlos de los animales y arreglar los alambrados”, contó. Más adelante detalló la actividad por la cual siempre es recordado. “En el invierno hacía el pan para todos los empleados. Estuve como 7 años haciendo pan. Me daban una pieza y todos los materiales. Tenía un horno de barro donde hacía 30 panes de una sola vez”. Don Tolín confió que esta última etapa laboral fue una linda etapa de su vida. “Me gustaba mucho mi trabajo y estaba acostumbrado a compartir con los compañeros. Tengo 3 compañeros que quedaron como amigos porque me recibieron de la mejor forma”, dijo. Más adelante señaló que se jubiló hace más de 10 años.
La esposa de don Tolín (Teresa Barrera) falleció hace unos 11 años. “La conocí en Cinco Saltos pero ella también era de por acá, ya que en ese tiempo todos se iban para el Valle a trabajar”. En aquel momento la soledad lo comenzó a abrazar. Salió adelante con el tiempo y pudo rehacer su vida con una amiga de la infancia en Los Bolillos. Lamentablemente el destino de la muerte también se la quitó de su lado.
Te puede interesar...










