Más del 38 por ciento de los estudiantes secundarios de la provincia de Neuquén considera que en su escuela no hay un ambiente de buena convivencia, según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación. La investigación tuvo como objetivo analizar y visibilizar los problemas de bullying que se enfrentan en la escuela tanto por parte de los estudiantes como de las autoridades educativas.
Los resultados fueron obtenidos en los cuestionarios complementarios del operativo Aprender 2019 realizado para estudiantes del último año de la escuela secundaria. “Las distintas dimensiones relevadas en esos cuestionarios permiten analizar distintas dimensiones del clima social escolar”, señalaron Alejandro Castro Santander, integrante del Observatorio de la Convivencia Escolar, Universidad Católica de Cuyo, Martín Nistal y Eugenia Orlicki, del Observatorio Argentinos por la Educación.
El informe indicó que el 38,2 por ciento de los estudiantes de la provincia de Neuquén considera que en su escuela no hay un ambiente de buena convivencia, es decir que respondieron que no están “nada de acuerdo” o “poco de acuerdo“ sobre la existencia de buen ambiente de convivencia en la escuela.
Neuquén está por encima de la media nacional, ya que a nivel país el 34,6% de los estudiantes del nivel secundario relevados respondieron que está “nada” o “poco de acuerdo” con la afirmación de que hay buen clima de convivencia en la escuela.
“Al analizar esa misma pregunta por jurisdicción, se observa una dispersión entre la cantidad de estudiantes que responden que no están ‘nada de acuerdo’ o ‘poco de acuerdo’ sobre la existencia de buen ambiente de convivencia en la escuela. Las provincias con mayor porcentaje de estudiantes que consideran que en su escuela no hay un ambiente de buena convivencia son Jujuy (43,4%), La Rioja (43,1%) y Catamarca (41,2).
Por otra parte, el 93,7 por ciento de los estudiantes respondió que su escuela cuenta con normas de convivencia. La mayoría de las provincias registran valores superiores al 90% en relación de la existencia de normas de convivencia, con excepción de Catamarca y La Rioja, 85,2% y 86%, respectivamente.
En tanto, el 96,1 por ciento de los directores respondió que la escuela en la que se desempeña cuenta con normas de convivencia explícitas y conocidas por la comunidad educativa.
Los autores del trabajo explicaron que los sistemas educativos deben promover el desarrollo integral de los estudiantes en sus dimensiones psicológica, física y social , gestionando un clima de bienestar que favorezca la convivencia y la colaboración. “Una mayor satisfacción y pertenencia de los estudiantes conduce a una mayor motivación y a mejores resultados académicos y sociales. Sin embargo, todas las formas de violencia que se producen en la escuela vulneran el derecho a la educación, a la salud y al bienestar”, señalaron. Y agregaron que “no es posible alcanzar una educación inclusiva, equitativa y de calidad si los estudiantes sufren violencia esporádica y acoso (bullying) en el que debe ser un hábitat seguro para el encuentro”.
Aclararon que las preguntas relevadas por Aprender no permitieron identificar cuántos alumnos padecen bullying en un aula pero sí permite identificar qué porcentaje de los alumnos perciben problemas de convivencia en su escuela.
Discriminación por el aspecto físico
El cuestionario Aprender preguntó acerca de la frecuencia con la que ocurren actos de discriminación por alguna característica personal o familiar, por aspectos físicos, amenazas o agresiones a otros compañeros ya sea en forma presencial o a través de redes sociales.
A nivel nacional, más de la mitad de los estudiantes reconocen que en la escuela suceden episodios de discriminación por aspecto físico (75,4%), discriminación por características personales o familiares –religión, nacionalidad, género, discapacidad– (67,7%), y amenazas o agresiones entre compañeros (54,5%).
Sin embargo, menos del 10% de los estudiantes considera que estos episodios suceden “siempre”. Con respecto a las amenazas o agresiones en redes sociales, más de la mitad de los estudiantes (52,8%) sostienen que esto no sucede nunca.
El 7,8 de los estudiantes respondió que “siempre” se discrimina por alguna característica personal o familiar, y el 10,7% que eso ocurre “la mayoría de las veces” mientras que el 32,2% respondió que “nunca” sucede eso en la escuela.
La discriminación por aspectos físicos resultó ser la más frecuente. Según el 8,3% de los alumnos, “siempre” se discrimina por aspectos físicos mientras que solo el 24,6% respondió que “nunca” pasa eso en la escuela. El 15,6% respondió que “la mayoría de las veces” se discrimina por aspectos físicos y el 51,5% respondió que “algunas veces” se presenta este hecho.
En cuanto a las amenazas a otros compañeros, el 3,5% respondió que “siempre” suceden, y el 6,5% que ocurren “la mayoría de las veces”. En tanto, el 45,5% respondió que “nunca” suceden agresiones o amenazas a otros compañeros.
La problemática de menor frecuencia , de acuerdo a las respuestas de los estudiantes, es la amenaza o agresión a través de las redes sociales. El 2,8% respondió que “siempre” suceden estos eventos mientras que el 52,8% manifestó que “nunca” hay amenazas o agresiones vía redes sociales.
Según los directores de escuela, la frecuencia con la que suceden amenazas o agresiones a otros compañeros o discriminación por alguna característica personal, son menores que las percibidas por los estudiantes. Mientras que para los estudiantes el principal problema se ve en la discriminación por aspectos físicos, para los directores el principal problema se ve en las amenazas a través de redes sociales.
Opinión
El único recurso para enfrentar los conflictos y la violencia
Por Alejandro Santander (Observatorio de Convivencia Escolar), Martín Nistal y Eugenia Orlicki (Observatorio Argentinos por la Educación)
Existe en las escuelas argentinas una larga experiencia en la construcción de las normas o códigos de disciplina y convivencia. Es un documento que necesita ser consensuado con la participación de estudiantes, docentes y padres, pudiendo también contar con la participación de otras personas que se integran con distintas funciones en la vida de cada comunidad escolar.
Algunas dificultades que se encuentran en relación a la utilización de estas normas, están relacionadas en primer lugar con el proceso de elaboración, ya que es necesario que las mismas tengan su origen en los distintos valores que deben ser protegidos en el ámbito escolar u otras actividades y espacios extraescolares, algo en lo que no es sencillo alcanzar el consenso. En segundo término, la ausencia de aceptación de las mismas por parte de algunos padres o tutores, cuando se transgrede una norma y deben notificarse de la aplicación de una sanción, por lo que es necesario que exista una aceptación fehaciente al momento de la inscripción.
Las normas de disciplina y convivencia son muy útiles y en muchos casos son el único recurso frente a los conflictos, la indisciplina y la violencia, pero en la actualidad reconocemos que necesitan ser acompañadas de otras acciones para facilitar un adecuado clima de convivencia. Sin respeto y orden, el docente no puede enseñar ni el alumno aprender. Por eso afirmamos, como señaló el biólogo chileno Humberto Maturana, “la educación es un proceso de transformación en la convivencia”.
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