Cuenta la leyenda que al amanecer del primer día del septiembre del 2023, Samanta (la fotógrafa) y Küyen (la Luna) por unos breves y mágicos dos minutos tuvieron un encuentro personal cara a cara. La única testigo: la lente de una vivaz cámara de fotos. Lo que habrán sentido, lo que habrán pensado o lo que se habrán dicho quedó simplemente entre ellas.
Sin embargo, la belleza inconmensurable de ese cuerpo celeste que gira alrededor de nuestro planeta quedó retratada en una secuencia de cinco fotografías imperdibles. Lo demás es leyenda. Una más de las tantas que distinguen al indómito norte neuquino.
“Me encanta observar la luna. Más en Charra Ruca donde estás en completa oscuridad. Sale la luna y es como si una gran linterna te alumbrara, es hermoso”, contó Samanta Saso en diálogo con LMNeuquén.
La joven, de 27 años, es una autodidacta de la fotografía. “Soy profesora de matemáticas desde hace 5 años. Cuando empecé a trabajar y con los primeros sueldos, me compré la cámara”, contó entusiasmada.
Su amor por la fotografía
La inquieta fotógrafa es oriunda de Charra Ruca, un paraje de Huinganco, y actualmente se desempeña laboralmente en CPEM 11 de Andacollo.
“La fotografía para mí es como mi cable a tierra”, resaltó Samanta. Sobre su eterna compañera de raides fotográficos dijo que “la cámara es como si perteneciera a mí, no sé cómo explicarlo bien. Pero sin dudas para mí no es algo externo, un pasatiempo o un chiche como llaman algunos”. Comentó también que la fotografía puede ser una perfecta herramienta educativa y formadora. “Creo que con la fotografía se pueden enseñar muchas cosas: el cuidado del ambiente, de los animales y de la naturaleza en sí”, expresó.
Samanta es muy activa en las redes sociales y periódicamente comparte con sus seguidores el resultado de sus trabajos en eventos sociales, deportivos y culturales. No obstante, los mayores halagos los cosecha a partir de la publicación de sus fotografías de los paisajes y la naturaleza extrema de su pueblo y del norte neuquino. “Comencé sacando fotos solo guiándome con el manual de la cámara. Luego empecé a hacer cursos cuando podía”, resaltó.
El místico encuentro
“Era la última vez que se iba a ver la Superluna. Durante la noche no la pude ver por la nubosidad que había. Era una mañana fría, pero para ese momento es como que todo se calmó y sentí una enorme y una única paz”, recordó Samanta sobre aquel especial momento. En otro tramo del diálogo rescató la importancia de los cielos diáfanos que caracterizan al norte neuquino en general y a su Charra Ruca natal en particular. “Creo que el lugar es importante. Es decir, que la zona nuestra con muy poco de contaminación lumínica ayuda y favorece a la captura y a que se contemple más el paisaje nocturno”.
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