Javier Milei sigue teniendo amplio apoyo social pese a que sus medidas desguazan la economía familiar. La última palabra del DNU la tendrá la Corte Suprema.
El verano es una suerte de anestesia social para los argentinos. Mientras muchos aprovechan a reventar los pocos pesos en un viaje pagado hace un año para poner los pies sobre la arena, otros hacen cuentas, todavía poco claras, para amortiguar lo que será la ola más alta de un tsunami a la economía personal.
La gente critica, debate y hasta acepta desconcertada los profundos cambios en el país, como si se despertara dentro de una pesadilla. Aunque estos cambios, por ahora, sean sólo la aceleración de la inflación en el país y el alarmante escenario en las góndolas, con las remarcaciones de precios en los alimentos.
El DNU de Javier Milei profundizó otra grieta: la de quienes lo votaron y piden “más tiempo” para que el presidente libertario estabilice la economía (algo incierto) y quienes advierten que un modelo de alta inflación, sin actualización de salarios y con una pobreza del 50%, se volverá inviable.
De fondo, está la misma discusión de siempre y sin fin: la idea que tiene una gran parte del país de que se puede gobernar sin el peronismo. Pero eso no está tan claro, mucho más si la economía no se recupera y arrastra a la clase media.
La CGT convocó a un paro general para el 24 de enero para organizar la tropa, que está dispersa por el efecto del verano. La Cámara Apelaciones del Trabajo aceptó la cautelar de la central obrera, y el expediente pasará a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Es decir, que la salida este embrollo, al menos por unos días.
Milei hizo lo que tenía que hacer, según los manuales de la política. Actuar rápido los primeros días de gobierno, pero con algún costo en su imagen, de acuerdo a lo que planteó la consultora Zuban Córdoba. La imagen positiva del león bajó a razón de un punto por día, después de la asunción del 10 de diciembre.
Economía: difícil el "día a día"
Las miradas están puestas en marzo, que es el mes de organización familiar de toda la economía, en un país donde en menos de un mes aumentó un 100% el precio de los combustibles.
El libertario propone un cambio de paradigma y un vuelco radical en el país, que no tiene precedentes. Mientras tanto, nadie se percibe como variable de ajuste. Mientras haya un otro para ajustar, el modelo parece tener luz verde de una mayoría enemistada con la clase política.
En estos meses se sabrá cuál de las fuerzas tiene más peso más allá de lo electoral, en este juego de leer la política. Si "el modelo de la casta", como dice Milei, una frase sacada del líder de Podemos de España, Pablo Iglesias, que representa al movimiento obrero organizado. O, por el contrario, "las fuerzas del cielo", esa masa silenciosa cansada de la política que lo respaldó y que hoy también padece el escarnio de sus medidas.
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