Solo en cuadras asfaltadas, el gobierno de Mariano Gaido ha superado ampliamente todo lo realizado en la ciudad en las últimas 4 décadas.
La obra pública en Neuquén dejó de ser solo pavimento. La conectividad, transporte, empleo, planificación y desarrollo urbano aparecen como pilares de un modelo de gestión que busca incluir a todos los vecinos en una ciudad que crece al ritmo de Vaca Muerta.
Hay una pregunta que comienza a sonar con fuerza entre los analistas: ¿la ciudad está creciendo más rápido de lo que somos capaces de comprender?
La respuesta no es sencilla. Quien recorra la capital neuquina después de varios años de ausencia probablemente encuentre una ciudad distinta. Nuevas avenidas, barrios conectados, transporte renovado, paseos costeros, obras en ejecución y un movimiento permanente que ya forma parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, para quienes viven aquí, el cambio suele ser más difícil de percibir porque ocurre todos los días.
La transformación de Neuquén no se explica únicamente por Vaca Muerta, aunque sería imposible entender el fenómeno sin ella. Lo que sucede es que la ciudad se convirtió en el centro económico, logístico y de servicios de uno de los desarrollos energéticos más importantes del mundo. Frente a ese escenario, la discusión ya no pasa solamente por crecer, sino por cómo se gestiona ese crecimiento.
En ese contexto aparece un concepto que atraviesa buena parte de las políticas públicas impulsadas durante los últimos años: la inclusión social a través de la infraestructura.
Durante décadas, la obra pública fue entendida casi exclusivamente como pavimento, cordón cuneta o alumbrado. Hoy la discusión es mucho más amplia. Una avenida nueva no es únicamente una calle asfaltada. Es la posibilidad de que un vecino llegue más rápido a su trabajo, que una ambulancia reduzca tiempos de respuesta, que una línea de colectivo pueda ingresar a un barrio o que una actividad económica encuentre mejores condiciones para desarrollarse.
Pensar en la ciudad de los próximos 50 años
La propia gestión municipal sostiene que la planificación apunta a varias décadas hacia adelante. “Estamos pensando esta ciudad para los próximos 30, 40 o 50 años”, afirmó el secretario de Infraestructura, Alejandro Nicola, al describir proyectos que van desde nuevos corredores viales hasta un centro ambiental, un parque industrial de mil hectáreas y nuevas inversiones tecnológicas.
Los números ayudan a dimensionar la magnitud del proceso. “Cuando comenzó la actual gestión, cerca del 20% del presupuesto municipal se destinaba a obra pública. Hoy esa cifra ronda el 45%. También se duplicó la cantidad de cuadras pavimentadas respecto de las existentes años atrás y se ejecutaron decenas de avenidas troncales destinadas a conectar sectores históricamente aislados de la ciudad”, indicó ell funcionario.
Pero quizás el aspecto más interesante no sea la cantidad de obras, sino la lógica que las vincula.
“Neuquén dejó de pensar únicamente en el centro para empezar a pensar en la conectividad integral de la ciudad. Desde la meseta hasta el río, desde los barrios más nuevos hasta los sectores consolidados, la infraestructura aparece como una herramienta para reducir desigualdades territoriales”, comentó a este cronista el intendente Mariano Gaido, hace algunas semanas.
La modernización del sistema de colectivos es otro ejemplo. “La discusión ya no pasa solamente por tener más unidades. El objetivo es que el transporte público se convierta en una alternativa real frente al uso del automóvil. Aplicaciones en tiempo real, unidades climatizadas, mayor frecuencia y mejor cobertura buscan construir una ciudad más accesible para quienes no tienen vehículo propio”, señaló.
La misma lógica aparece en obras menos visibles pero igualmente importantes. “Los sistemas pluviales, las redes de servicios, la iluminación LED, la fibra óptica y la planificación ambiental son inversiones que pocas veces generan fotografías impactantes, pero que terminan definiendo la calidad de vida de miles de personas”, indicó Nicola.
Diferencia de gestión
Hay otro dato que merece atención. “En un contexto nacional donde la obra pública prácticamente desapareció de la agenda del Estado nacional, Neuquén decidió profundizarla. No se trata solamente de una diferencia de gestión, sino de una diferencia conceptual”, agregó.
Mientras algunos sostienen que la infraestructura debe quedar exclusivamente en manos del sector privado, la experiencia neuquina plantea una pregunta concreta: ¿quién construiría las avenidas, los pluviales, los puentes, los parques industriales o los sistemas de transporte si el Estado no asumiera ese rol?
Por supuesto, ninguna transformación está exenta de tensiones. El crecimiento genera tránsito, molestias, obras prolongadas y cambios en hábitos que llevan años. Adaptarse a una ciudad diferente nunca es un proceso automático.
Sin embargo, detrás de cada máquina vial, cada colectora, cada semáforo inteligente o cada nueva conexión urbana existe una discusión mucho más profunda que la simple ejecución de una obra.
La verdadera discusión es qué tipo de ciudad quiere ser Neuquén en los próximos 30 años.
Y todo indica que la respuesta ya empezó a construirse mucho antes de que terminen las obras.
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