El antiguo ómnibus brindó beneficios fundamentalmente a toda la comunidad, en épocas donde los vehículos eran escasos.
Las historias valletanas se nutren de los testimonios orales de los descendientes de quienes poblaron estas tierras.
Hace más de una década entrevistamos al hijo de don Gilberto Serraioto quien, gentilmente y con orgullo, nos narró la historia de uno de los antiguos ómnibus que funcionó en esta capital: “El Rápido de Neuquén”. Recordemos que los entonces territorios nacionales carecían de buenos caminos que unieran nuestra ciudad con localidades vecinas. La Ruta 22 aún no había sido delimitada ni construida, y eran recorridos muy difíciles de realizar.
Cuando la empresa comenzó a realizar el recorrido hacia Plottier, Colonia Inglesa, Plaza Huincul y Zapala, la ruta nacional 22 aún no estaba conformada como la conocemos,
Visión de transporte
Gilberto Serraioto había nacido en 1912 en la región de Véneto (Montebelluna, provincia de Treviso, Italia). Llegó solo, como tantos inmigrantes, a buscar nuevos horizontes. En 1930, con 18 años, salió del puerto de Génova rumbo a Buenos Aires; se alojó en el Hotel de los Inmigrantes. Viajó a Neuquén en el ferrocarril del Sud y se asentó por un largo período en Plottier.
Instalado en tierras patagónicas, se desempeñó en tareas rurales para luego convertirse en empleado transportista de camiones entre la zona del Alto Valle y la Región Cordillerana. Posteriormente, fue chofer de un pequeño colectivo que realizaba viajes de Colonia Centenario a Plottier.
Sus conocimientos en mecánica de automotores le permitieron, una década después, desarrollar sus actividades en las agencias Ford y Chevrolet, asentadas en esta ciudad.
En 1941, Serraioto se casó con Bruna María Simoni, integrante de una familia de inmigrantes trentinos que arribaron al país y se radicaron en Plottier en 1928. De esa unión nacieron Alfonso, Mario, Alberto y Eduardo.
Las primeras unidades de “El Rápido”
Entre 1949 y 1955, don Serraioto, junto con Venancio Izquierdo, Nogara y Manuel Martín, dieron vida a “El rápido de Neuquén”, que comenzó a funcionar en los galpones de la antigua agencia Ford, ubicada en la calle Sarmiento 330.
Las páginas de esta historia cuentan a los señores Galván, Formigo, Cevallos, Vázquez y Tersagui como empleados de la pujante firma.
Tras años de trabajo y sacrificio, el notable progreso de la firma posibilitó la construcción de talleres en Juan B. Justo 665.
En aquellos tiempos, la ruta nacional 22 no tenía el trazado actual; recién a partir de los ‘50 se asfaltó el tramo hasta el acceso a Plottier. Previamente era un camino de tierra muy angosto por el que sólo podían transitar vehículos livianos.
Durante años, gran parte de la ruta coincidía en su trazado con la actual calle San Martín, hasta las cercanías del actual aeropuerto.
Sin dudas fueron tiempos duros, de postguerra. Pero gracias al espíritu emprendedor de estos hombres, la firma adquirió la última unidad en 1953. Así fue que “El Rápido de Neuquén” brindó uno de los primeros servicios de transporte interurbano de pasajeros vinculando a las localidades de Plottier, Colonia Valentina, Colonia Inglesa con ocho frecuencias diarias; para Cutral Co, Plaza Huincul y Zapala el número de viajes era menor.
Este servicio brindó beneficios fundamentalmente a toda la comunidad agraria de los alrededores, en épocas donde los vehículos eran escasos. Permitió a jóvenes estudiantes acceder a los colegios de Neuquén, y a la vez a maestros de la ciudad neuquina concurrían a las escuelas rurales de la época. Asimismo, fue un gran aporte para la conexión entre familias locales y de la comarca petrolera.
De carácter afable y simple, don Serraioto falleció en 1986. Fue un hombre agradecido de este país.
Hoy los volvemos a homenajear: sembraron semillas de progreso en un pequeño poblado convertido hoy en pujante ciudad.
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