Carlos Dante Basile es parte del elenco estable de la Feria de Artesanos de Neuquén y desde hace más de20 años ofrece sus cuchillos a los visitantes, pero su arte trasciende su obra y su historia comienza mucho más allá de la confluencia de los ríos.
Hijo de inmigrantes italianos, nació en el tanguero barrio de Villa Parque, en Casero, provincia de Buenos Aires y su nombre está inspirado en un afamado cantor del 2x4. Desde chico lo cautivó el oficio metalúrgico y el destino lo llevó a convertirlo en su vida.
Basile tenía 16 años cuando, por un accidente, tuvo que reemplazar al jefe encargado de la tornería en la fábrica de fundición y forjado que trabajaba.
"Al principio entre como ayudante de tornero haciendo la matriz del volante de conducir del coche y la camioneta “Champ” de la marca Studbacker, que eran unos vehículos multi-carga bajitos, pero con un motor V8. Los volantes antes eran de vaquelita y se fabricaban inyectado ese producto dentro de una matriz de acero de unos 15 cm de grosor y con una tapa de 5 cm", contó a LMNeuquén.
Un inconveniente obligó al joven Basile a buscar una alternativa, que terminó siendo la solución a todo el proceso. "Trabajábamos sin planimetría por no contar con los planos de la matriz. Así que le adaptamos un taladro de mano para hacerle ojales, para equilibrar en el sistema de ajustes, la temperatura de la vaquelita, logrando así que los volantes salieran perfectos", recordó.
Esa experiencia en el torno lo motivó a estudiar y finalmente a recibirse de tornero, uno de los rubros más artesanales y específicos dentro de la industria del metal. El tiempo pasó, ese joven se convirtió en un adulto y hoy es el señor de los cuchillos, oficio que ama.
Carlos es un enamorado de sus obras, desde que ve nacer a los cuchillos en su cuna cuando son sólo una simple plancha de acero, pasando por el surgimiento del filo y hasta llegar a la perfección de la pieza terminada. Sus manos callosas tantean las futuras formas del metal, las que adivina, marcándolas con el lápiz chato con el que las boceta. Parece escuchar dentro del metal los anhelos de su próxima creación y en un diálogo de chispas contra la piedra, les cumple el sueño de ser ya, un verijero, un facón o una pieza de lujo para lucirse en los asados. Suenan los tangos en su taller mientras pule, desgasta, angosta y les da forma a sus creaciones. Allí reinan las historias inconclusas, no todos los cuchillos nacen al mismo tiempo, ni llegan a completarse, en ocasiones esperan meses el cabo adecuado, de asta, de hueso o tiento y el artesano les promete terminarlos luego, mientras con un cigarrillo va encendiendo otro y los tangos y el folklore se suceden en la vieja radio.
“Empecé con el tema de los cuchillos porque en la tornería entre los procesos de producción tenía tiempo para trabajar piezas de metal y darles forma, mientras los viejos aprovechaban para irse a fumar o a distenderse. Yo andaba con ganas de hacerme un cuchillo, desde una vez en que habíamos ido a acampar al Tigre con unos amigos y la pasamos muy mal porque nos habíamos olvidado de llevar uno. La cuestión que pasó mi jefe, lo vio, le gustó tanto que me dijo que me hiciera otro para mí, porque ese se lo iba a quedar él. Al mes me encargaron otros dos más. Después también hice gubias para unos comerciantes judíos ebanistas que tenían negocio frente a la fábrica", dijo.
Basille llegó al Valle cuando tenía 11 años, junto con su hermano, por cuestiones de trabajo. Primero a Villa Regina, él era “service” de refrigeración de la firma “Cortéz Dumont”.
"Nosotros vivíamos en un barrio muy bravo en Buenos Aires, cerca de Fuerte Apache, en el que en un momento ya no se podía vivir tranquilo. Comenzó siendo un barrio tranquilo de laburantes, casi todos inmigrantes italianos y polacos. Con la cercanía del Fuerte, que al principio fue el barrio en el que reubicaron a los estibadores del Puerto de Buenos Aires, que estaba en la zona de Retiro, se fue volviendo un lugar jodido porque las nuevas generaciones, claramente no eran como sus padres y era una cuestión de peleas y robos todos los días", recordó.
Luego de aquella primera visita de niño, volvió a Neuquén años más tarde en busca de nuevos horizontes, al principio vendiendo ropa casa por casa, después con un pequeño negocio con un cuñado y finalmente le tocó hacer la colimba a pesar de ser "único sostén de madre desamparada”.
"Me enviaron al Batallón 181. Después ya me quedé trabajando en el negocio de compra-venta y cada tanto hacía algún cuchillo, pero para mí o para algún amigo como obsequio para un cumpleaños y cosas así. Un día fuimos a pescar al Chocón con mi señora y con Carlitos, mi hijo más chico, cuando era el furor de los dinosaurios en la tele. Ahí habían hecho un museo chiquito en el que había sido el Cine Club del Chocón y como no habíamos podido pescar porque el nivel del agua estaba muy bajo fuimos a visitarlo. Viendo las distintas imágenes de los dinosaurios le dije a mi hijo: “Decime si la cola del dinosaurio no parece un cuchillo”, el se rio porque no le encontró el mínimo parecido. Justo pasaba por ahí Rubén Carolini, el gran descubridor de fósiles y le pregunté lo mismo, explicándole que yo era artesano y que me dedicaba a hacer cuchillos, torció la cabeza sin decirme nada y siguió de largo. Así que me propuse demostrar mi teoría", recordó sobre sus inicios.
"A la vuelta comencé a tallar una madera, oficio en el que tengo mucha experiencia tanto como en el de aceros y cuchillos, ya que en la compra-venta que teníamos nos tocaba muchas veces restaurar piezas de muebles. Finalmente diseñé la figura de un dinosaurio ayudándome con ilustraciones que tenía. A esa talla le añadí después un cuchillo que se adaptara a la forma de la cola, que en ese caso le servía como vaina, así que el mango era el cuello y la cabeza del dinosaurio el pomo del cuchillo. A partir de eso empecé a hacer figuras de todos los dinosaurios de la Patagonia siempre integrados a las artesanías de mis cuchillos", contó.
"Un amigo artesano al que iba a consultar frecuentemente cuando la Feria estaba en dónde están ahora los viejos vagones de madera de ferrocarril, la Estación Neuquén, el viejo “Paseo de los Artesanos”, me invitó a participar en una exposición que se realizó en el Mercado Central en la que se montaron unas globas para representar las distintas actividades productivas de Neuquén, entre ellas la artesanía. A los artesanos les habían gustado mis cuchillos con figuras de dinosaurios así que también me alentaron a participar", agregó.
"Yo expuse mis 8 o 10 chuchillos en un stand muy modesto que consistía en una tabla improvisada de una puerta que había reciclado y dos caballetes, en medio de un despliegue del que participaban más de 650 artesanos. Pasaban los días de la feria y fueron muy duros, tanto que durante lo que venía transcurriendo la exposición yo no tenía dinero para poder echarle nafta a mi camioneta, ni tampoco siquiera para comer. Casi al término del evento se acercó a mi puesto una comitiva de personas entre la que reconocí a Don Felipe Sapag. Cómo yo había hecho unos cuchillos de acero de damasco, se los mostré y le hablé del metal que llevaba el nombre de una de las ciudades de sus ancestros sirios, pero se mostró sumamente interesado en cambio en la serie de cuchillos con forma de dinosaurios patagónicos. Ese día me hicieron subir al escenario y me dieron la mención de honor a los artesanos, que me entregó el mismísimo Negro Fontova que estaba animando la finalización del evento y que además era mi ídolo total", dijo Basile.
La Feria de Artesanos de Neuquén es una tradición cultural de la capital provincial que ya trascendió sus límites y que hoy alcanza a toda la Patagonia. "Tengo el honor de ser uno de sus artesanos y lo conseguí con mucho esfuerzo, porque, aunque hoy cuento con el reconocimiento de mis compas y del público en general que nos visita siempre, al principio fue muy duro poder establecerme”, contó.
A partir del jueves 10 noviembre y hasta el lunes 14 tendrá lugar en Neuquén el “26º Encuentro Nacional de Artesanos” y el “43º Aniversario de la Feria Artesanal de Neuquén” conformando “la Fiesta Popular del Arte Callejero”.
Se emplazará lugar en su habitual espacio de la remozada Avenida Argentina en el centro de la ciudad capitalina de Neuquén y participarán más de 500 artesanos. Será además una buena oportunidad de acercarse a los artesanos para conocer cientos de historias detrás de cada pieza, como la historia de Carlos “El Señor de los Cuchillos”.
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