El experto Gustavo Camarota dio una extensa explicación de cómo pudo haber ocurrido la tragedia. "La deflagración no se dio a nivel del piso", sostuvo.
Se cae la teoría de la chispa, de que el incendio que se cobró tres vidas en la explosión en la Escuela 144 de Aguada San Roque, fue ocasionado por el trabajo del gasista sobre los calefactores aquel trágico 29 de junio de 2021.
Por el contrario, la deflagración y el incendio sucedieron por la fuga de una "cañería suelta" y producto del accionar de la electricidad, por el accionar de una llave de punto o una luminaria. ¿Tuvo entonces el gasista toda la responsabilidad en el incendio?
La sexta jornada del juicio estuvo centrada en las pericias de la explosión y declaró el perito y experto, Gustavo Camarota, quien realizó una inspección después de la tragedia, el 9 de agosto y 1 de septiembre de 2021. Hizo un informe pormenorizado, además de hacer sugerencias sobre las responsabilidades de un hecho "accidental previsible": no dudó en la falta de controles y documentación de una obra no declarada.
El experto declaró por más de cuatro horas, con una clase casi magistral, sobre el análisis de decenas de imágenes, de cómo quedó la estructura después del incendio, el estado de los calefactores y cómo habría sido al punto de deflagración y las lesiones que padeció la estructura escolar.
Es decir, la hipótesis del punto de inicio de la pérdida de gas y el fuego, que se cobró la vida de la docente Mónica Jara, el gasista Nicolás Francés y su sobrino, el ayudante Mariano Spinedi.
Explosión en Aguada San Roque: caños sueltos, pérdida y electricidad
Camarota fue determinante al señalar que por las marcas que dejó el fuego, la explosión no se registró en la zona de los calefactores. Puntualizó en una deflagración, que es una explosión cuya velocidad es menor a la del sonido y donde la temperatura inicialmente puede ser muy elevada, pero por milésimas de segundos.
“Los calefactores estaban en perfecto estado, no estaban desprendidos, ni deformados”, aclaró el perito, quien detalló que había tres artefactos colocados, y cuatro carcasas. Es decir, había una suelta, porque estaban trabajando.
Ese día hubo clases, la directora no las había suspendido, los albañiles trabajaban en el sector del baño, y el gasista estaba en la habitación de las niñas, donde ocurrió la trágica explosión.
“La deflagración no se dio a nivel del piso”, sentenció Camarotta, en una extensa explicación que incluyó todas las hipótesis de cómo se originó el incendio.
Lo primero que aclaró es el tipo de gas que usan en las escuelas rurales: propano, GLP. No es un gas natural y cualquier pérdida tiende a correr al nivel del suelo por la densidad. Es decir, es un gas “rastrero” muy difícil de detectar en olor, que tiene la mitad de la densidad del agua.
“Hay que tomar contacto con él para sentirlo”, dijo el perito, y aclaró que le llamó la atención la declaración de los obreros cuando aseguraron que habían sentido olor a gas antes de la explosión.
El experto sostuvo que el incendio se produjo en la parte alta de la habitación, presumiblemente en el entretecho debido a la forma de la onda expansiva, que levantó parte de las chapas del albergue de las mujeres. La construcción tiene dos partes, una vieja y otra nueva, que estaban pegadas. En la primera, se desplomó el entretecho, con daños visibles.
El perito hizo un recorrido de cómo pudo haber sido la deflagración en base a datos científicos, y el empuje de la deflagración en un sector del techo. La presión levantó seis tornillos autoperforantes, por lo que el inicio de la explosión y el "empuje" fue en ese sector.
Camarotta constató que la cañería del entretecho no estaba amurada, y que cualquier trabajo que se hubiera hecho de ajuste de alguna rosca, habría impactado sobre las uniones, por la misma palanca. Es decir, el mismo movimiento de la cañería pudo haber ocasionado una fuga de gas.
El experto descartó de plano que la explosión se hubiera generado en alguno de los calefactores, como se creía en un principio sobre la teoría del gas acumulado y la “chispa” necesaria para el incendio.
Gas licuado, "rastrero" e inflamable
Sostuvo que no fue posible, ya que el gas propano “tuvo que recorrer distancias importantes hasta llegar a los calefactores” y señaló con certeza dónde pudo haber sido el punto de fuga de gas, luego de una prueba de hermeticidad sectorizada. Fue en una pieza tipo T que venía de una termotanque y que recorría parte del entretecho.
El caño cruzaba de una pared a otra y señaló que la fuga pudo haber recorrido algunos metros, pero que no fue demasiado el gas propano de la pérdida que ocasionó la explosión. En ese sentido, indicó que para que el gas -extremadamente inflamable en la mezcla con el aire- produzca una explosión, tiene que concentrarse entre valores de entre 2% a un 9%.
El incendio no se produjo a una temperatura tan elevada en la habitación, de acuerdo al informe de Camarota, quien señaló que las ventanas de aluminio estaban enteras (el aluminio se funde a unos 700 grados) y también las cabreadas de acero del techo.
El experto sostuvo que no tiene dudas que no fue la chispa del calefactor la que originó el contacto con el gas que inició la deflagración, pero sí que fue producto de la electricidad. "No fue un cortocircuito, todo estaba bien", aclaró.
Sin embargo, dio detalles más específicos de lo ocurrido y estimó que pudo haber ocurrido por el accionar de un punto de luz, por un "salto de chispa". Es esa opción o una chispa ocasionada en una de las borneras de las luminarias. Eso produjo un efecto en cadena en la explosión, que terminó en el incendio.
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