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Florencia, la directora de cine que filma a las mujeres gitanas de Neuquén

Es psicóloga y decidió rodar un documental en la ciudad para contar la historia de superación y empoderamiento de Karina, la primera mujer gitana en recibirse de abogada en el país.

Aunque no es neuquina, Florencia García Long posó los ojos en la capital de la provincia al encontrar allí una historia de vida que parecía resumir eso que ella quería contar: una transformación absoluta, para adentro y para afuera. Así, esta psicóloga de la UBA se convirtió en cineasta y rodó un documental que narra la vida de Karina Miguel, la primera mujer gitana en recibirse de abogada en su comunidad, que se presentará en el Cine Teatro Español durante la última semana de abril.

"Lo que yo estaba buscando era trabajar con historias de resiliencia, de transformación y cambio", explicó. Aunque no sabía demasiado de la comunidad gitana, lo primero que le contaron de Karina la motivó a viajar al sur para visitarla en su despacho de la Legislatura de Neuquén, donde trabajaba como asesora técnica.

Su graduación en la carrera de Derecho la había convertido en noticia a nivel nacional, pero lo cierto es que Florencia no sabía demasiado sobre las normas internas de su comunidad ni sobre los valores que ella y las otras mujeres gitanas tenían en común con ella misma y con muchas otras criollas que también buscan empoderarse y crecer mientras tejen lazos de sororidad en sus propios círculos.

"Mis saberes de la comunidad gitana eran muy pocos. No estaba lejos de tener solo algunas pequeñas representaciones fragmentadas. Y en el proceso de indagar, descubrí un universo interesante, sensible, profundamente humano", afirmó la directora de "Ella va de largo", que se presentará en Neuquén el 24, 25 y 26 de abril a las 20, en el Cine Teatro Español.

"No solo me encontré con una mujer que produjo un gran viraje en su vida, sino también con el impacto que este cambio produjo en su familia y en su comunidad", dijo en diálogo con LMNeuquén y agregó que tras visitarla en su despacho, Karina la invitó a su casa, donde la psicóloga tuvo la chance de inmiscuirse en su círculo íntimo y comprender el entramado de vínculos que dan sentido a su historia de superación.

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"No esperaba encontrarme con sus padres, hermanas, maridos, hijos e hijas, en una mesa larga, a tomar el té gitano, con masas y medialunas. En ese encuentro entendí que esta película era indisociable a la de los miembros de su familia", dijo y agregó: "Yo no tenía claro si iba a ser una película, o ser parte de una serie. Sí tenía claro que quería trabajar con el lenguaje audiovisual. El proceso fue mostrando las propias coordenadas desde donde iba a contar esta historia. Los espacios de tutoría a los que pude acceder en la etapa de desarrollo del proyecto en distintos festivales fueron claves para mí".

Y así, con saberes fragmentados que muchas veces estaban alimentados por ignorancia o prejuicio, Florencia se plantó como una tabula rasa para dejarse empapar por una realidad diferente que prometía atravesarla por completo. Derribó mitos, y aprendió no sólo las cosas que las mujeres criollas y gitanas tienen en común sino todas las diferencias que, puestas en diálogo, pueden resultar constructivas para la sociedad en su conjunto.

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"Creo que la comunidad gitana genera muchas preguntas, mucha curiosidad, que hay un misterio alrededor para quienes no formamos parte de ese colectivo, y más aún cuando se trata de la perspectiva de las mujeres, de sus historias de vida, de su mirada del mundo", señaló. "Pienso que es clave abrirse a conocer. Suspender los juicios, asumir la parcialidad de la propia mirada y abrirse a conocer. Se teme lo que se desconoce. Hay una infinidad de prejuicios resonando, y creo que es un ejercicio muy importante ponernos en discusión. Formamos parte de la misma comunidad, de la misma sociedad. Y nos enriquece la diferencia", sumó.

Para Florencia, el intercambio con Karina y su familia en el proceso de rodaje implicó un doble aprendizaje. Mientras se dejaba atravesar por la historia para encontrar valores universales y derribar prejuicios, también se desafiaba a nivel profesional para compaginar sus saberes de la carrera de Psicología con una vocación que descubrió de forma tardía y que encontró necesaria para plasmar historias: el cine.

"Yo creo que todo el proceso, desde sus inicios, significó para mí un proceso de aprendizaje, de descubrimiento y de crecimiento en todo sentido. Por un lado, en lo que hace a la propia experiencia de investigar, escribir, producir, dirigir, con el equipo técnico y profesional con quien trabaje. Hacer una película no es fácil", dijo a LMN.

Y siguió: "Es un desafío enorme, desde aquello que comienza siendo un impulso, una curiosidad, un deseo, a lo que termina siendo una pieza audiovisual, y todos los procesos que se atraviesan para llegar allí. Procesos creativos, técnicos, narrativos, éticos, estéticos. Cuestionamientos, preguntas. El proceso me exigió formarme, buscar lugares de apoyo, de guía y maestría".

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Con un curso acelerado sobre estos nuevos lenguajes y las buenas repercusiones que le permitieron aventurarse en rodajes nuevos, Florencia logró reflexionar sobre la humanidad detrás de esa historia que contó, y que no se encasilla en rasgos culturales, procedencias ni idiomas.

"Detrás de las determinaciones y los valores propios de su cultura, detrás de los rituales y los creencias de una comunidad como la gitana ( situada en este territorio y en este tiempo) dialogue con un grupo de mujeres deseantes, luchadoras, contradictorias, aguerridas, sensibles, con historias muy ricas, que atravesaron experiencias de dolor y construyeron un proyecto de vida. En ese sentido, ellas y yo nos parecemos mucho, y creo que las mujeres en general nos podemos identificar", afirmó.

"Después están las singularidades propias de las maneras en que esas vidas, esos planes toman forma. Los mandatos propios de su comunidad. Lo que significa ser mujeres dentro de ese colectivo. Las propias luchas que ellas encarnan dentro de su propia comunidad", agregó.

Es que la propia experiencia de producción la ayudó a comprender no sólo las propias contradicciones sino la diversidad interna de la comunidad gitana, o de las mujeres gitanas, que cortan de raíz cualquier intento de generalización. Hay montones de formas de ser gitanos, de ser mujeres dentro de una comunidad, de un colectivo. "No todas tienen las mismas expectativas, no todas tienen ganas de resignar lo mismo porque siempre cuando se cambia hay algo que se gana y algo que se pierde. Y esa tensión que provoca cambiar, es el eje de esta exploración, porque cada una tiene su propia batalla y algo para decir", concluyó.

Ella va de largo - Tráiler

Sobre la película

Según la reseña "Ella va de largo" se centra en las hermanas y primas de Karina Miguel que, apegadas a su tradición, lamentan, en algunos casos, no haber tenido la libertad para elegir su futuro. Aunque, también, agradecen pertenecer a una comunidad que se acompaña y ayuda. Es esta tensión, con el peso del machismo, la que tracciona una historia íntima y que rompe prejuicios sobre una cultura que, dicho por los protagonistas, tampoco se mantiene muy abierta a los "criollos".

Más allá de la parte comunitaria, los escrúpulos y la censura para con la mujer, también emerge el amor filial y cómo el padre de Karina se sobrepuso a lo que la comunidad decía sobre la "libertad" que le daba a su hija. El apoyo de todo el núcleo no sólo habla de lo que pudo crecer Karina, sino la familia entera. Incluyendo su casamiento con un "criollo", según la reseña.

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