La familia Arias-García, una historia de inmigrantes, trabajadores y amor
En la búsqueda de historias familiares volvemos a recordar a varios de los pobladores que se atrevieron a venir a estas tierras en el siglo XX y sembraron una fecunda tarea.
Doña Isabel Carmen Arias, conocida por todos como Chela, nació el 19 de marzo de 1931 en Neuquén. Sus padres eran Constantino Arias, nativo de Lugo, en la Comunidad Autónoma de Galicia, España, y Pura Concepción García, originaria de Andalucía. Pura vivió en Brasil, en el estado de Minas Gerais, junto a sus padres y hermanos antes de llegar a Argentina. Ambos emigraron a nuestro país en la década de 1920 y se conocieron en Cinco Saltos. En julio de 1923, Pura y Constantino, a quien llamaban "Constante", contrajeron matrimonio. La joven pareja se estableció en Neuquén y Constante comenzó a trabajar en Vialidad Nacional, desempeñándose como balsero en el río Neuquén. Su labor consistía en operar una balsa que conectaba Neuquén con Cipolletti, y desempeñó este trabajo hasta 1937, año en que se construyó el puente carretero. Luego, fue trasladado a Centenario, donde continuó trabajando en la balsa de esa localidad hasta su fallecimiento en 1942.
Cuando llegó el momento de su traslado, a Constante se le presentó la oportunidad de ir a Las Perlas o a Centenario, y eligió la última opción debido a la presencia de una escuela en esa localidad, ya que la educación de sus hijos era una prioridad para él. Así, los hermanos Arias asistieron a la escuela 109, la cual se encontraba a 5,5 km de distancia y a la que solían llegar a caballo. A pesar de la distancia, tenían una asistencia perfecta. La maestra de primer grado de Chela fue el Sr. Cámpora, recordado docente establecido en estas tierras.
Al año siguiente de la boda de Pura y Constante, nació Rosa del Carmen (Rosita), seguida por Benigno Alfonso (Gordo), Antonia Carmen (Tona), Isabel Carmen (Chela), José Luis (Coco) y Osvaldo Roel (Uca). Las mujeres llevaban todas, el nombre de Carmen en honor a su abuela materna, en una tradición típica andaluza.
Tras el fallecimiento de Constante, la familia se trasladó a Neuquén. Para ayudar a Pura en la crianza de sus hijos, se unió a la familia Manuel (Manolo), hermano de Constante, quién dedicó su vida a sus sobrinos y permaneció soltero. Radicados en Neuquén, en una casa ubicada en Alcorta 280 que Pura había heredado de sus padres, los hermanos Arias asistieron a la Escuela N°2, donde Chela guarda hermosos recuerdos. Allí fue alumna de las señoras Rosita Soler y Juanita Álvarez, entre otras.
Manolo- el tío- tenía la concesión del Club Pacífico, y los hermanos de Chela trabajaban con él desde pequeños. Por ejemplo, Gordo trabajaba como mozo, mientras que las mujeres cosían para clientes externos y cocinaban para las fiestas que se organizaban en el Club. Constante también tenía una hermana llamada Benigna, la única mujer entre 12 hermanos varones. Benigna estaba casada con Félix Pérez (Chaval recordado personaje del Neuquén del ayer), y aunque no tuvieron hijos, también ayudaron a criar a los hermanos Arias. Benigna les enseñó a las mujeres a coser, tejer y realizar las tareas domésticas, ya que Pura estaba ocupada trabajando para mantener a la familia.
Con el tiempo, todos los hermanos se casaron: Rosita con Simón Riba, Gordo con Olga Maschio, Tona con Laurentino (Vasco) Rosa, Chela con Ernesto Bünzli, Coco con Diana León y Uca con Ernestina Urrea. Todos ellos eran neuquinos, excepto Ernesto, que era rionegrino. Pura tuvo varios nietos y falleció a los 80 años, rodeada del cariño que supo ganar a lo largo de su vida. Fue una mujer fuerte y luchadora, a la vez que cariñosa y amable.
Esta es una historia de inmigrantes, trabajadores y amor por la familia. Formaron parte del tejido social de familias muy conocidas en el Neuquén del siglo XX y contribuyeron a escribir la historia regional. Hoy les rendimos homenaje.
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