Nació en San Martín de los Andes y usaba el dibujo como un refugio para el bullying. Hoy, redefine el estilo retro pop desde una mirada Queer y con una estética nostálgica que se viralizó en las redes sociales.
Tini no lo entendía entonces. Pero cada vez que volvía de la escuela, en su San Martín de los Andes natal, se encerraba en el cuarto de costura de su abuela y soñaba con ser una persona distinta, lejos de las burlas de sus compañeros. Y ahí, entre los hilos y las agujas, la mujer le puso un pincel en la mano y la incitó a pintar ese mundo nuevo que sólo existía en su imaginación. Así nació esa vocación que no para de abrirle puertas en el mundo digital y que la ayudó a convertirse -en la vida real- en esa Tini que protagonizaba sus propias historietas.
Aunque no tomó clases formales de dibujo, su perfil autodidacta la llevó a nutrirse de los dibujos animados, el animé y los comics americanos para definir una estética propia con toques nostálgicos. Tini dibuja escenas que parecen tomadas de un poster de cultura pop de los años '60, pero con otra impronta: lejos de los superhéroes musculosos de las antiguas historietas, en sus diseños están presentes las personas trans.
Sus dibujos vibrantes se plantan con mensajes valientes. Y se viralizan rápido. En su perfil oficial de Instagram, Cartoon Marica, Tini tiene casi 35 mil seguidores y algunos dibujos icónicos, que fueron celebrados por artistas nacionales de la talla de María Becerra, Lali, Emilia Mernes y hasta internacionales, como Cristian Castro, Brunos Mars y Paris Hilton. "No puedo creer que estos garabatos hayan llegado a estas personas", dijo con humildad.
Las buenas repercusiones la impulsan a seguir adelante, y aunque sueña con dedicarse al dibujo a tiempo completo y hasta migrar sus dibujos de las redes a una novela gráfica en formato de libre, su conquista más grande es otra: saber que esas versiones imaginarias que hacía de Tini durante la infancia hoy son autorretratos que demuestran que es la persona que siempre quiso ser.
Transformar el bullying en oportunidad
"Las plumas se me notaban muy de chica", dijo Tini sobre su infancia en San Martín de los Andes, cuando todos veían con curiosidad sus modos femeninos y una forma de comportarse que no eran propios de un varón. Y aunque su identidad de género parecía evidente, atravesó la etapa escolar entre los 90 y los 2000, cuando había más prejuicios hacia las personas que no encajaban en la norma.
"Me costó sobre todo al principio, en la primaria y primeros años de la secundaria, después aprendí a camuflarme más, decir y hacer lo que esperaban de mí, y el bullying fue cesando", contó a LMNeuquén. En el aula, Tini dejaba de estirarse los puños para taparse las muñecas, porque eso sólo lo hacían las mujeres, y copiaba actitudes más varoniles para pasar desapercibida.
Pero después, cuando llegaba a su casa, se retraía en un refugio de lápices y pinceles, donde podía ser la persona que ella quisiera, sin más límites que los márgenes de una hoja de papel. "Siempre fui muy autorreferencial", se rió ahora. Y aclaró que se dibuja a ella misma vestida como le hubiera gustado vestirse, maquillada tal como había soñado. Y hoy, con una sonrisa, aclaró que esos dibujos ya son parte de la realidad.
Aunque sus padres no rechazaban su identidad de género, sí la observaban con preocupación. "Entiendo que era el temor propio de ellos, miedo a que me molestaran o me pasara algo en la calle, es un miedo que tienen todavía hoy, era desde la preocupación y no saber abordar con una criatura queer, a veces no tenemos las herramientas y les tocó una hija complicada", relató.
Su abuelo no. Siempre se dirigió a Tini con términos femeninos y fue la que la impulsó a pintarse ese mundo y ese cuerpo que todavía no se animaba a habitar. "Ella es artista todo terreno, cosía, tejía y me daba los elementos para que yo empezara a probar con el arte", dijo Tini sobre la mujer, que también le cosía muñecas en plena infancia para que jugara a ella lo quisiera, más allá de los estereotipos de género.
Frente a un mundo infantil tan hostil, la ilustradora prefirió aislarse en la protección de su casa de San Martín de los Andes. Dibujaba, pintaba y miraba mucha televisión. Disfrutaba, sobre todo, las caricaturas. En plenos 2000 empezó el auge del animé, con Ramna 1/2 o Sailor Moon como sus principales referentes. "También veía dibujos americanos más viejos, como Looney Tunes, y leía historietas de Condorito que coleccionaba mi abuelo", relató.
De La Plata al mundo
Cuando terminó el colegio secundario en San Martín de los Andes, Tini se mudó a La Plata para estudiar la carrera de artes audiovisuales. Pasó la adolescencia interesada en la fotografía y por eso consideró que seguir la carrera de cineasta era la mejor opción. Pero con el cambio de ciudad, también pasaron otras cosas, que ampliaron sus horizontes de un mundo inesperado.
La joven descubrió un universo más diverso que abrazaba las diferencias. "Mis salidas del closet, porque tuve varias, fueron todas en La Plata", dijo y contó que a los 21 años se atrevió a hacerse preguntas que habían quedado escondidas detrás de los camuflajes forzados.
"Cuando fui a la facultad que se me abrió un panorama enorme, se me acercaron personas que me motivaron a ser yo misma, porque hay muchas capas que una se pone para no ser una misma, en La Plata hay una comunidad que te abraza y te acompaña, por ellas soy una persona feliz", dijo sobre las nuevas amistades que la llevaron a tomar esa ciudad como su lugar en el mundo, ya hace 15 años.
Sin embargo, la fotografía y el cine le generaron ciertas frustraciones. Sintió que ambas tenían limitaciones materiales para plasmar esas ideas que quería mostrarle al mundo. Y entendió que, más allá de los formatos y las técnicas, su vocación era contar historias con imágenes. Y eso fue lo que hizo.
En 2020, cuando se decretó el aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus, Tini vivía sola en su casa con su gata. Eligió las redes sociales como su forma de vincularse con el mundo y al dibujo como su idioma. Así, retomó los hábitos de la infancia y despuntó otra vez su perfil autodidacta, esa prueba y error que le había enseñado su abuela, para definir su propio estilo.
Con avidez, leyó todos los libros que pudo. Repasó las historietas de Condorito, los viejos cómics americanos de superhéroes y las viñetas de Maitena. Y esa nostalgia por otros tiempos pasados la atravesó. "Siempre fui muy nostálgica, pero no lo veo como algo malo; al contrario, trato de sacar lo bueno de lo vivido y reflexionar sobre lo que aprendemos de cada situación del pasado", contó.
Así nació Cartoon Marica, un espacio en redes sociales en el que contaba sus propias vivencias, los procesos que atravesaba y hasta estas crisis existenciales de identidad de género, pero en clave retro pop. Con sus ilustraciones digitales vibrantes y llenas de color, llegó primero a su círculo de amistades y, de ahí, expandió los horizontes hasta llamar la atención de artistas de llegada masiva.
Me dibujo, luego existo
Las imágenes que comparte Tini parecen rediseñar los dibujos de antes, pero con esos personajes que nadie dibujó. "Busco plasmar no sólo a ese superhéroe masculino y musculoso, sino esas personas que a mí me hubiera gustado ver", explicó sobre la presencia de las diversidades en esas viñetas que ilustra con clave queer. Y así, alcanzó otros públicos que no esperaba.
"La música fue un gran refugio para mí, he dibujado a Lali y María Becerra, que incluso han compartido lo que he dibujado", dijo con entusiasmo. "Tener el visto bueno, para un artista que hace dibujitos, y no solo ellas sino artistas internacionales como Paris Hilton, Bruno Mars, me sorprendió", dijo y agregó: "No puedo creer que por hacer estos garabatos haya llegado a esas personas de alguna forma, me da cierto aliento para seguir lo que estoy haciendo".
"Las redes tienen sus cosas negativas pero lo positivo es que con con muy poco, una puede alcanzar esos objetivos", dijo y agregó que sus dibujos virales le dieron la oportunidad de acceder a nuevos trabajos, aunque también le roban tiempo valioso para dedicarse a otros proyectos más ambiciosos.
"Me encantaría ser ilustradora full time, pero es complejo para cualquier persona que se dedique a esto", dijo y agregó que, con el impacto de sus ilustraciones, entendió que tenía un punto de vista y perspectivas para comunicar, por lo que se animó a trabajar en la radio y exponerse más, como presentadora de eventos.
Para ella, asumir su nueva identidad requirió de un largo proceso, con preguntas y respuestas que tuvo que sacar afuera. "Cuando empecé a dibujar a una Tini, solía dibujarme como me hubiera gustado vestirme o maquillarme", relató. "A mis casi 33 años puedo ser esa persona que dibujaba en la pandemia, puedo ser lo que yo retrataba, me permitió hacer presentaciones en vivo y siendo lo que soñaba con ser en mi infancia", agregó.
Mensajes, activismo y sueños
Aunque Tini empezó a dibujar como un proceso autorreferencial o casi como un pasatiempo durante el encierro, pronto entendió que tenía mucho para decir. Sus ilustraciones muestran canciones alegres que se llenan de reproducciones en Spotify pero también incluyen una postura clara sobre la defensa de los derechos humanos o cómo habitar la identidad de género.
También colaboró en la elaboración de un fanzine del Archivo de Memoria Trans, con los dibujos de "La abuela y la travesti", que ponen a dialogar a distintas generaciones y que Tini sintió como una forma de retribuir a otras mujeres trans que lucharon por ganar ciertos espacios para que las demás puedan hoy "salir a la calle al menos un poco más tranquilas".
Para el futuro, sueña con romper las barreras entre mundo digital y analógico para volcar sus trazos en una novela gráfica. "A muchos artistas digitales les cuesta pasar a algo más tangible como un libro", dijo sobre esa frontera imaginaria que limita a muchos dibujantes que se popularizaron en Instagram.
Y aunque sigue alimentando esos sueños, también duda de si es ahora el momento para enfocarse en "un libro de dibujitos", en un contexto atravesado por el miedo y la incertidumbre, no sólo para la comunidad trans sino para otros colectivos minoritarios. Sus ilustraciones podrían parecer superficiales frente a otros hechos más graves que aquejan a la sociedad, pero esos "garabatos", como los llama ella, fueron su refugio ante el bullying, la soledad y su crisis de identidad. Y si la ayudaron a ella, podrían darle respuesta a otros que se hacen las mismas preguntas.
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