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Las cerámicas que se distinguen en confiterías y otros puntos de Neuquén

Valeria Valle habló de Afra, el emprendimiento de producción y docencia que acaba de a abrir un local en el centro de la ciudad.

Dicen que en los últimos años estalló un boom por la cerámica. Lo aseguran las entusiastas aprendices que se apuran para conseguir un lugar con las profes más destacadas. También quienes enseñan, al advertir que sus talleres se llenan, en contraste con años anteriores en los que la alfarería parecía interesar a un círculo minúsculo.

Redes sociales como Instagram ayudan a contagiar las ganas de crear. También son la vidriera por excelencia que dan lugar al crecimiento de emprendimientos y que, a su vez, van estimulando el deseo y el gusto por las nuevas creaciones y estéticas.

Lo artesanal se impone, con sus originales diseños, no solo en los locales de regalería, también en confiterías cada vez más ávidas de distinguirse y ofrecer a sus clientes un plus jugando la calidez y autenticidad.

Todas esas pinceladas -y otras más- convergen en Afra Cerámica, la propuesta de Valeria Valle que, además de conjugar la docencia, la producción y una cuota de hobby terapéutico, acaba de estrenar su faceta de alianza emprendedora al inaugurar un local de regalería en el centro de la ciudad.

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Nacida en La Plata, pero con el corazón neuquino -conquistado desde su infancia zapalina-, Valeria decidió regresar a la provincia luego de estudiar y probar suerte en el rubro gastronomía en la ciudad de las diagonales.

"Tenía un buen laburo, pero me faltaba algo. Mi hermana, que ya se había vuelto a Neuquén, me dijo que me viniera, que estaba lindo, que estaba creciendo", comentó antes de recordar que -en paralelo- había empezado a incursionar en un emprendimiento de cerámica que estaba cosechando algunos frutos en el Alto Valle.

La semilla de lo que hoy es su vida, la plantó por intuición y casi de casualidad en los años de primaria cuando decidió -a diferencia de sus hermanas- hacer un taller de cerámica como actividad recreativa en la escuela José Antonio Estevez. Fue amor a primera clase. De ahí no paró.

Pese a ese enamoramiento, cuando terminó la secundaria pensó que sería más viable la gastronomía. Sin embargo, tiempo después, se daría cuenta que faltaba un condimento.

Con todo. en medio de esos años de preparación en la cocina, volvió a encenderse la llama por el modelado. "Mientras estudiaba quise volver a la cerámica como hobby y una amiga me comentó que había un lugar en el que te daban el título de técnica en tres años. Así que me anoté y arranqué otra vez a full", señaló Valeria, antes de recordar que las creaciones que iba haciendo en su tiempo libre eran vendidas por su hermana en Neuquén.

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"Por eso ella me dijo que me venga y que me fije de hacer algo acá. Y yo me mandé. Me vine a vivir acá en junio del 2009 y en agosto abrí mi taller. Sin pensarlo, me alquilé un local y así nació Afra. Le puse ese nombre por la diosa africana. Además, siempre dije que los nombres cortitos y con muchas "A", la gente los recuerda", argumentó.

"Al principio me costó bastante. Hace 14 años no estaban de moda los talleres de cerámica, como ahora que son un boom. Empecé a dar clases con muy pocos alumnos, unos cinco por año". contó y agregó que a medida que fue creciendo y haciéndose conocida, se mudó a talleres "cada vez más grandes".

"También me anoté en todas las ferias, esas eran mis redes sociales porque Instagram aún no la tenía como herramienta. Me ayudó mucho un escultor muy conocido acá en Neuquén, que se llama Oscar de las Casas. Es un genio, muy generoso. En ese momento me costaba mucho conseguir materia prima", recordó.

"Desde que arranqué pasé por varios estilos, pero siempre tuve como una impronta. Empecé haciendo modelos más rústicos, ahora hago piezas cien por ciento esmaltadas, que son más utilitarias. Y fui mejorando los materiales. Lo que sí, siempre estuve en la línea de vajilla: tazas, platos, cuencos, ensaladeras. También tengo mi línea de 'bruja', como le digo yo, que son los calderos, sahumadores, porta sahumerios. Puedo llegar a hacer floreros, pero no me incliné por lo decorativo", aclaró.

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"En un momento llegué a tener 80 alumnas por mes, pero luego vino la pandemia; así que tuve que dejar de dar clases y me dediqué más a la producción. Ahora. además de enseñar todos los lunes en mi taller de Plottier - en el barrio Portal Río Colorado-, estoy dedicada a hacer vajilla para confiterías, casas de té y gente que ofrece desayunos. Le hice a Dulce Morena, Te & Compañía, Dulce Malvina, Barta, The Coffee Store. Muchos lugares están buscando productos artesanales y locales. Eso me parece buenísimo: soy de Neuquén y busco productos de la Patagonia", remarcó y agregó que, además de oficiar de proveedora de locales que venden sus creaciones, el pasado 1° de abril abrió las puertas de un showroom junto dos amigas aliadas, con la idea de brindarles a sus clientes un espacio diferente en el que prime la experiencia y el encuentro, más allá de la venta.

Una cita en Sarmiento 997

La iniciativa del showroom surgió a partir de un cuello de botella que debilitó la llama que la empuja. "Por suerte mis altibajos no son porque Afra no funciona, sino porque pierdo el disfrute. El año pasado, por ejemplo, estaba abocada a la producción mayorista y me sentía muy demandada, era como una máquina. Tenía un chico que me ayudaba, pero por lo general trabajo sola. Y dejé de disfrutarlo. Entonces hice un parate, decidí ir por el lado minorista para pintar cómo yo quiero y se me ocurrió la idea de abrir un showroom para vender mis diseños. Y así volví a ser feliz otra vez", dijo Valeria, haciendo alusión al espacio que inauguró en Sarmiento 997 con Ivana Caracoche y Soledad Rodríguez.

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"Armar un local sola cuesta un poquito, así que nos juntamos. Ivana hace accesorios energéticos con Magia Animal y Soledad tiene un emprendimiento de decoración que se llama Oh my pepa! Abrimos el 1° de abril y realmente nos sorprendió. Está yendo un montón de gente. Nosotras lo que queremos es que puedas ir comprar un regalo o comprarte vos una taza, un collar y que además charles con nosotras. Siempre tenemos algo rico para compartir, te podés tomar un cafecito, mandamos invitaciones personales para que caigan tal día, aunque siempre podés entrar cuando pasás por ahí. No queremos ser un comercio frío, queremos que sea más personalizado, contarte de nuestros productos, del trabajo que lleva hacerlos, el amor que le ponemos, cómo los podés usar", explicó sobre la modalidad que implementaron en el espacio que abre sus puertas de lunes a viernes (menos los miércoles) por la tarde y los sábados a la mañana.

Un cable a tierra

Más allá de las nuevas aristas que está explorando con Afra, Valeria no abandona la docencia. Para ella ese contacto con sus discípulos es tan enriquecedor como el cable a tierra que experimenta al realizar sus obras.

"Una vez que te metés con la cerámica no salís porque es muy lindo todo lo que podés crear. Creo que el boom actual tiene mucho que ver con la llegada de los materiales. Antes tenías que traer casi todo de Buenos Aires y ahora podés conseguir de todo en acá. Hay más lugares para formarse y también están las redes que potencian la tendencia. Lo que más motiva a la gente, además de meter las manos en el barro, es hacer piezas que luego van a usar en su casa. Eso es lo más", subrayó.

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"Yo, cuando estoy con las manos en el barro, me desconecto. Es una desconexión total. Pensás solo en la pieza, te desconectás para conectar con vos. Eso le pasa también a mis alumnos. Y yo todavía disfruto mucho eso, más allá de lo que es el trabajo. Por eso siempre le voy dando una vuelta, para buscar el disfrute", remarcó.

"Afra es como un hijo para mi. Le dediqué muchas horas y hoy veo los resultados: llegó a la gente, la gente reconoce mis piezas. Así que siento que voy por bien camino", concluyó al hacer un balance de los 14 años de su emprendimiento.

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