El sueño del cultivo en una tierra que parecía destinada solamente a la producción de petróleo, hoy es posible. Si, al igual que en Añelo, ahí donde el agua escasea, el ingenio pudo más. Los viñedos del Viento que -comenzaron a crecer y dar frutos -primero en las hectáreas de Filli Dei Sur y, más tarde, en las puertas de Cutral Co- son el orgullo de una comunidad que hace un tiempo comenzó a pensarse más allá de una matriz productiva. Es el esfuerzo de un pequeño grupo de personas que se animó a ponerle el cuerpo a una prueba piloto y una interesante y ambiciosa apuesta estatal para crear fuentes de trabajo que busca fortalecerse y seguir sumando logros.
"Esto arrancó cuando se trae la Tecnicatura Universitaria en Desarrollo Agropecuario con la idea de contar con profesionales porque estaba el proyecto de irrigar más de 300 hectáreas para cultivos", recordó Ivana Salgado una de las primeras egresadas de la carrera que hoy trabaja como encargada de los viñedos de la Bodega Cutral Co.
Con la escuela secundaria finalizada y sin ánimos de emprender nuevos rumbos, Ivana vio -allá por 2010- la posibilidad de cumplir el sueño de quedarse sin tener que incorporarse a la industria energética para abrirse camino en el terruño.
"Acá en Cutral Co/Plaza (Huincul) todo es petróleo. Así que trabajar la tierra era otra opción. Al escuchar que iban a poner tantas hectáreas bajo riego, yo pensé que íbamos a tener trabajo seguro. De modo que me inscribí en la carrera que es de tres años y me recibí en la primera camada, con unos 15 compañeros. El tema es que ya teníamos el título y no pasó nada con ese proyecto de cultivo. Luego asumió Ramón Rioseco y nos llaman de la municipalidad y nos propusieron que trabajemos en el proyecto viñedos, a cargo del ingeniero Marcelo Casazza. Era todo un desafío. Así que aceptamos y arrancamos unos diez técnicos, de los cuales quedamos solamente cuatro: Claudia Cifuentes, Andrea Orellana, Alejandro Sánchez y yo", sintetizó.
"Arrancamos a trabajar de cero en dos hectáreas de Filli Dei. Y fue muy duro porque hacíamos todo nosotros. Incluso al día de hoy lo seguimos haciendo: desde los pozos, hasta poner postes, espalderas, tirar alambre. Todo a fuerza de pulmón. Empezamos a plantar en noviembre del 2013, así que imaginate el calor. Era difícil, pero era algo nuevo en la zona y le teníamos fe a lo que estábamos haciendo", manifestó dando cuenta de la ilusión que generaba la iniciativa.
"Al principio era como que queríamos hacer todo ya. Tratábamos de hacer lo que más podíamos y eso implicaba un gran esfuerzo físico. Cuando empezamos a ver la plantita ya nos organizamos con un horario estipulado, pero antes le dimos con todo. Era como que queríamos el viñedo ya", agregó.
"En Filli Dei tenemos zonas altas y zonas bajas, así que fuimos mezclando variedades con plantas que vinieron de Mendoza. Pusimos Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah, Malbec, Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir, que es la que menos prospera por el tema de los vientos. Agarra, pero lo cuesta. Es tardío, a veces se termina secando por el clima", lamentó, antes de destacar -en contraste- la amabilidad del Syrah, Malbel y Cabernet.
El entusiasmo inicial se fue diluyendo en algunos de sus compañeros que no resistieron la exigencia corporal y quehaceres cotidianos que requería el cuidado de la vid.
"En el 2015 llegó la primera cosecha. Me acuerdo que que despalillamos y pisamos los técnicos manualmente. Íbamos descalzos aplastando las uvas", recordó divertida.
"Llegar a la cosecha es una felicidad enorme, porque es producto del laburo que se hace todo un año", agregó. "Ya con diez años trabajando en esto y tener la bodega es un sueño. No pensábamos que íbamos a poder llegar a esto. Siempre se llevó la uva a otra bodega, así que era como un sueño lejano. Así que estamos muy contentos. Que se produzca el vino acá con la próxima cosecha, en la bodega de la municipalidad, es algo soñado para todos los técnicos", recalcó.
Proyección
Desde otra perspectiva, Javier Méndez Cintas, subsecretario de Ambiente a cargo de Aguas y Viñedos, remarcó que la Bodega Cutral Co es consecuencia de "una apertura de cabeza de Ramón Rioseco, que pensó en hacer un viñedo". "Después de hacer un muestreo con el ingeniero Marcelo Casazza, vieron que la tierra era espectacular para la siembra. La vid se da mejor en lugares desérticos, sale mejor calidad de uva. Y así se decidió arrancar en Filli Dei Sur", señaló.
"Lo pensó en función a la necesidad de trabajo y por una cuestión de género también. Acá no se estila mucho el trabajo para la mujer", deslizó antes de destacar el nuevo hito que se producirá el año que viene con la primera producción de vino en origen, es decir en la flamante bodega.
"En 2017 se empezó a elaborar vino en la bodega Miras de Fernández Oro. En ese momento estábamos en la mitad de lo que cosechamos hoy, que son una 35 toneladas, entre blancas y tintas. Así se hicieron los primeros vinos de Cutral Co que no estaban a la venta, como aún no lo están hasta ahora", dijo y agregó que actualmente están tramitando todas las licencias comerciales para poder salir al mercado.
"Obviamente que desde ese tiempo el vino es apto para consumir porque tiene todos los protocolos de sanidad además de estar inscripto en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). El tema es que no lo podíamos vender porque nos faltaban las licencias comerciales", explicó y agregó que -de momento- el destino de la producción fueron regalos protocolares e institucionales.
En 2018 la propuesta cobró mayor impulso con la incorporación de dos hectáreas en un predio emplazado a la vera de la Ruta 22, en el kilómetro 1.333, donde hace unas semanas comenzó a funcionar la bodega. "Para la última producción dejamos Fernández Oro y pasamos a elaborar en Loma de la Lata, en Pampa Energía. Cambiamos de lugar porque creíamos que nuestra uva necesitaba más atención para que sea más exclusivo. Ahí se manejan muchas variables en taninos, gusto, en la redondez del vino y estoy seguro que el vino cosecha 2022 es mejor que el de 2020", postuló.
"Hoy estamos haciendo blend de tintas y blancas. La nueva bodega boutique nos va a permitir poder trabajar en los distintos varietales, además de trabajar el blend", dijo al poner la mirada en el futuro próximo.
"Creemos que a partir de diciembre se van a habilitar las visitas a la bodegas y que vamos a empezar a poder vender la producción 2022. Nuestra uva es de muy buena calidad y creemos que, a medida que vayan pasando los años, vamos a generar vinos de reservas. Estamos confiados en eso", subrayó y agregó que en el 2023 comenzarán a proyectar un restaurante.
Al ser consultado por el rol del Estado en la propuesta, el funcionario expresó: "Políticamente la idea es visibilizar y demostrarle a la sociedad que Cutral Co es una zona vitivinícola, en la que se pueden plantar 10, 20, 50 hectáreas y que se puede producir en origen, tal como lo hace Mendoza y San Patricio del Chañar. Esto implica diversificar la matriz productiva y no depender solo del gas y el petróleo". "Además somos conscientes que como Estado damos trabajo y que queremos dar trabajo", concluyó.
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