En 1978 fueron hangares blindados para ocultar aviones cazas ante un conflicto con Chile. La historia oculta de la Operación Soberanía, el plan para bombardear El Chocón y los días en que la ciudad vivió a oscuras.
El crecimiento desmedido de Neuquén ha transformado su fisonomía. Hoy, la calle Crouzeilles se consolida como una avenida de doble carril por la que transitan miles de personas diariamente. Sin embargo, en ese trayecto de tres kilómetros que bordea canal V y la zona del aeropuerto, hay cuatro estructuras que rompen la monotonía del paisaje: cinco techos de hormigón que parecen emerger de la tierra. Para el conductor desprevenido, son solo galpones antiguos. Pero para la historia, son reductos de una guerra que estuvo a punto de estallar.
Aquellos hangares fueron construidos en 1977, cuando el cielo de la Patagonia se volvió gris: Argentina y Chile se encontraban al borde de un enfrentamiento total por el Canal de Beagle, ese paso estratégico que conecta los océanos Pacífico y Atlántico. En el corazón de la disputa estaban las islas Lennox, Picton y Nueva; pequeños trozos de tierra cuya soberanía definía el control de las aguas, los recursos marinos y la proyección hacia la Antártida.
Aunque el Tratado de Límites de 1881 intentó trazar una línea, la ambigüedad sobre estas islas dejó una herida abierta. En 1971, ambos países buscaron una salida diplomática bajo el arbitraje de la Reina Isabel II de Inglaterra. Sin embargo, cuando el Laudo Arbitral de 1977 favoreció a Chile, otorgándole la mayor parte de las islas y derechos oceánicos, la tensión estalló.
Operación Soberanía
La dictadura argentina declaró el fallo como "insubsanablemente nulo". Lo que siguió fue un despliegue de piezas de ajedrez bélico: movimientos de tropas, blindados hacia la frontera y la construcción de estos cinco hangares estratégicos en Neuquén. Su función era vital: ocultar y proteger los aviones de reserva, manteniéndolos listos para despegar en cuanto se diera la orden de combate. Neuquén como otras provincias fronterizas estaban en alerta.
El punto de no retorno llegó el 22 de diciembre de 1978. Bajo el nombre de Operación Soberanía, la Junta Militar argentina ordenó movilizar gran parte de las tropas que se desplegó hacia la frontera. Se movilizaron entre 270 y 300 mil hombres.
Alejandro Corbatta, bahiense que llegó a Neuquén junto a su familia en la citada década, fue uno de los solados que custodió los hangares previos a la guerra de Malvinas. Y si bien no fue participe del conflicto años antes vivió es clima tenso que se generó en la ciudad ante la posible guerra con el país trasandino.
Luego de finalizar sus estudios secundarios en el colegio San Martín, Corbatta debió afrontar el Servicio Militar. Así, fue como llegó a esos bunkers previo a la guerra de Malvinas.
“Donde actualmente está Carrefour se encontraba uno de los cuarteles del ejército. Y ahí fuimos seleccionados 40 solados –entre 600- para formar parte de lo que fue la Policía Aeronáutica Nacional”, recordó.
“Los hangares se encontraban a 200 metros de la torre de control del aeropuerto y a 50 metros de un Eolo, edificio construido para estudio de los vientos. Lo habían construidos unos franceses y fue destruido por un extraño incendio en 1983”, acotó.
El proyecto Eolo tenía estaciones distribuidas en todo el mundo. En Argentina solo había dos estaciones: en el Aeropuerto Neuquén y en la de un paraje en Tierra del Fuego.
“Tras la elección para el resto de los solados nos decían los ‘maricas’. Había varios que estaban enojados. Entre los elegidos estaba el Gallego Lozano, Jorge Ludo Caberzán (reconocido ex piloto de la zona), Oscar Buchiniz, el Loco Larroulet, que era enorme”, contó.
El Gallego Lozano, a quien se refiere Corbatta, fue nada más ni menos que José Luis Lozano, ex patinador neuquino que en los Juegos Panamericanos de Indianápolis se adjudicó cinco medallas de oro.
El Chocón en la mira
Los refugios de cemento armado que custodiaban los jóvenes soldados fueron construidos bajo Normas Militares NATO con capacidad de resistir bombardeos con armamento de esa época. Poseían las dimensiones para poder operar un Interceptor Mirage, Caza Bombardero Skyhawk Douglas A4 C, Caza Bombardero Sabre F.
“Hubo aviones de reserva. No llegaron a tener despegue. Los hangares también sirvieron de acopio. Después, en los 80’, se guardaba un helicóptero de gendarmería que a veces nos servía para dormir”, reveló.
“Pero Neuquén era un corredor en peligro por la cercanía que había con Chile. Y se convirtió en un centro importante de operaciones. Nunca hubo un comunicado oficial pero mucha gente decía que podían atacar la represa de El Chocón. Estaba en el radar de los chilenos”, afirmó.
La represa se comenzó a construir en 1968. Luego de cuatro años, en 1972 entró en funcionamiento la primera turbina de la central. A partir de ese momento, todos los años inauguraron nuevos generadores similares, hasta que se estrenó el sexto en 1977.
“Se había realizado un estudio sobre hasta dónde llegaría el agua en caso de ser bombardeado El Chocón. Y el agua iba a llegar hasta la Torre del Periodistas”, acotó. El histórico edificio se ubica en Av. Argentina 800. Fue una de las primeras construcciones de altura que tuvo Neuquén capital.
Operativo oscurecimiento
Cotbatta, quien es contador público, vivía sobre la calle Montevideo, entre Bahía Blanca y José Rosa: “En esa zona había un edificio bastante alto y había ubicado un cañón antiaéreo. Recuerdo ver solados con 40 grados de calor junto a ese cañón”, detalló. En el oeste de la ciudad, en ese entonces era pura barda, el Ejército había montado una serie de defensas antiaéreas. Una de las protecciones se había hecho a la altura del barrio El Progreso.
“Las familias veíamos como se movilizaban las tropas que circulaban por la Avenida (Argentina) al Comando (actual Brigada de Montaña) y al batallón camino a Plottier (Batallón de Ingenieros de Montaña 6)”, recordó. El colegio Don Bosco sirvió de albergue para los solados. El Círculo Policial fue otro de los albergues.
Ante la tensión, Defensa Civil anunció un operativo de oscurecimiento. “En cada hogar debía apagarse todo. La gente empapelaba los vidrios de las ventanas y los paragolpes cromados de los autos debían ser tapados para evitar reflejos. El Ejército hacía rondas y, si veía algo mal, te tocaba la puerta”, detalló.
Emilio Eduardo Massera, el Almirante Cero, decía que si lo dejaban avanzar en dos minutos estaba tomando té en Santiago de Chile, según rememoró Corbatta. "Vamos a tomar champagne en el Pacífico”, era otra de las frases que se repetía.
El hospital, una guerra
Ana Patricia Sitzerman, médica clínica, vivió momentos terribles en el hospital de Zapala. Se había recibido en la UBA en 1977. Y en octubre del 78 llegó a la citada localidad. “Me recibí a los 22 años y llegué a Zapala porque me hacían ir a todas la guardia para que me vaya acostumbrando. Y vi de todo”, contó Sitzerman, quien el próximo año cumple 50 años en su profesión.
“El hospital de Zapala se trasladó a la cordillera. Porque el hospital de Córdoba ocupó ese espacio y era prácticamente un hospital militar. No vimos la no guerra pero vimos chicos destrozados”, contó.
“Había muchos vuelcos de camionetas del Ejército y eso pasaba porque los chicos de Córdoba (soldados) nunca habían manejado en cordillera. Y después heridas graves por lámala utilización e inexperiencia con en el manejo de armas”, explicó.
Uno de los episodios impactantes para Ana fue cuando comenzaron a llegar los ataúdes que fueron traslados desde Buenos Aires: “Fue impresionante porque para Navidad comenzaron a llegar a la terminal los cajones (ataúdes). Los iban acumulando”, recordó, y agregó: “Después se le pedía a la población si podíamos invitar a los solados a pasar la navidades para que no estén solos”.
La neuquina, que se jubiló en el hospital provincial, aseguró que fue una experiencia muy fuerte a sus 23 años. “Veía pasar los tanques todos los días. una locura”, aseguró.
Sitzerman, que sigue con la atención médica en su consultorio particular, el próximo año sacará a la luz un libro. “Aún no tengo el título y me falta un poco todavía. Tengo para contar muchas cosas. Y todo lo que vivó como profesional en Zapala va estar. Creo que soy una de las pocas médicas que hizo 50años de carrera en la provincia”, concluyó.
Finalmente, la guerra que no fue tuvo su final cuando el gobierno Nacional solicitó la mediación del Papa Juan Pablo II, que quedó oficializada por medio del Acta de Montevideo, firmada el 8 de enero de 1979.
El sumo pontífice envió al cardenal Samoré, que llegó a tiempo para frenar el conflicto. Justamente, uno de los pasos fronterizos recibió el nombre del cardenal. El mismo une Villa La Angostura con Entre Lagos (Chile).
Cinco años después, en noviembre de 1984, se firmaría en Roma del Tratado de Paz y Amistad entre ambos países. El conflicto había quedado borrado y en el olvido. Sin embargo, para Chile seguíamos siendo enemigos y apoyó a Inglaterra en las guerra de las Malvinas.
La última vez que La Fuerza Aérea Argentina utilizó operativamente los históricos hangares fue en 1988 con aeronaves de Combate Intercrptores Mirage III, Caza Bombarderos Mirage V, Aeronaves de Ataque IA 58 Pucará, Aeronaves de Transporte Fokker. En ese tiempo se realizó una exhibición estática para visita del público en general con un IA 58 Pucará.
En 2022, El gobierno provincial instrumentó un plan con el uso de cuatro hangares en desuso: buscó reflotar la exportación de frutas desde el aeropuerto. El objetivo fue readecuar la infraestructura para que funcionen como cámaras de frío.
Mientras tanto, las también llamadas monturas, siguen siendo un misterio en sus interiores. No se sabe exactamente si siguen siendo útiles, si albergan algún tipo de artefacto o simplemente están abandonados. Lo cierto es que siguen siendo parte del paisaje de Crouzeilles, una calle que siendo totalmente desconocida se preparó para la guerra.
Te puede interesar...















