El gobierno provincial entra en su primer dilema serio de gestión: cómo atender la presión gremial sin romper el vínculo con Nación ni desarmar la obra pública.
Todo gobierno provincial enfrenta siempre, en mayor o menor medida, cuatro frentes simultáneos: el interno, el político, el nacional y el sindical. Difícilmente un gobernador pueda controlarlos todos al mismo tiempo. Cada frente tiene su momento y sus circunstancias. Y cada uno, si se descuida, puede comprometer no solo la continuidad de un proyecto, sino la gobernabilidad misma.
Hay una idea clásica de Maquiavelo que sigue vigente en cualquier análisis político de la actualidad: quien llega al gobierno con poder prestado dura poco. El florentino advertía que los líderes sostenidos por fuerzas que no controlan —grandes aliados, corporaciones, mercenarios, estructuras ajenas— gobiernan condicionados y con fecha de vencimiento. Por eso insistía en que “las armas ajenas son inútiles y peligrosas” y que “quien debe su poder a otros se mantiene con más dificultad”.
En el caso de Rolando Figueroa, este frente es —al menos por ahora— el más despejado. Vale recordar que, si Figueroa hubiera llegado al poder con la estructura del MPN, hoy estaría seriamente condicionado en sus decisiones.
Pero otra fue la historia, y el norteño no enfrenta disputas significativas por su liderazgo ni por la conducción del Ejecutivo ni del Legislativo. Su llegada al poder no dependió de una estructura que lo condicionara, y eso explica la ausencia de presiones internas relevantes.
Las recientes expresiones de rebeldía del MAPO o los distanciamientos de referentes de centroderecha como Juan Peláez y Nadia Márquez y la salida del bloque oficialista de los legisladores Federico Méndez y Mónica Guanque, no alcanzan a configurar una interna real. El predominio político del gobernador es hoy, incuestionable. Si existiera una grieta interna significativa, probablemente recién emergería a mitad de un hipotético segundo mandato, momento donde históricamente empiezan las peleas sucesorias.
El frente político: ordenado tras la elección legislativa
El segundo frente también muestra luz verde. Las elecciones legislativas dejaron conclusiones claras: Figueroa logró superar la grieta nacionalizada que domina buena parte de la conversación pública. Instaló la idea de una gestión provincialista de los recursos y consolidó sus alianzas con los socios del 2023 a la que sumó sectores del Movimiento Popular Neuquino en todo el territorio provincial, desde los liderazgos del interior profundo hasta la estructura capitalina de Mariano Gaido.
Sin embargo, el punto más importante en este eje de análisis, es la ausencia de una estructura política provincial opositora. Con un peronismo desgastado y deslegitimado, el único espacio que hoy ostenta suficiente fuerza para disputar la gobernación en 2027, La Libertad Avanza Neuquén, parece estar totalmente enfocada, al menos por el momento, en la conversación nacional, evitando cualquier confrontación a nivel local.
El frente nacional: equilibrio, recursos y Vaca Muerta
Aquí también el panorama aparece favorable. Con la llegada de Julieta Corroza al Senado y Karina Maureira a Diputados, la Neuquinidad logró voz propia en el Congreso. A eso se suma el peso específico de Vaca Muerta en la agenda energética nacional, lo cual otorga un peso de negociación mayor frente al Gobierno Nacional.
La primera acción de Figueroa después de las legislativas fue una señal política cuidada: reunirse con el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo. Un gesto de no confrontación, tendiendo puentes hacia el desarrollo de los recursos naturales sin necesidad de alineamiento total. Algo similar hizo al participar del Pacto de Mayo, en línea con un modo pragmático de gestión: acuerdos básicos de convivencia para sostener obras, financiamiento y previsibilidad.
El pasado sábado el Ministro de Interior Diego Santilli y Figueroa intercambiaron agendas. Ninguna sorpresa: Reforma tributaria, laboral y penal por un lado, obras e infraestructura para el desarrollo hidrocarburífero y turístico por el otro. Por el momento, ninguna incompatibilidad a la vista. En ese sentido, Figueroa aseguró que Neuquén va a cumplir un rol fundamental en el diseño y en la construcción de la nueva Argentina”.
El frente sindical: el único que está encendido
El frente sindical es hoy el foco de tensión principal. ATE y ATEN y UPCN llegan a la mesa salarial con un dilema claro: los aún altos niveles de inflación combinados con un costo de vida en Neuquén que supera holgadamente el promedio nacional. Un alquiler puede rondar entre un millón y dos millones de pesos, cifras equivalentes a los ingresos mensuales de buena parte de la masa salarial estatal.
¿Qué queda para vivir, comer, vestir, sostener a la familia?
Pero al mismo tiempo, el gobierno provincial enfrenta un límite estructural: el 67% de los recursos provinciales se destinan a salarios, y la Legislatura acaba de aprobar un crédito de 300 millones de dólares para obras. Subir sueldos implica bajar obra pública. Sin embargo, aumentar el gasto salarial implica tensionar el frente nacional, que avanza hacia una etapa de control del gasto en las provincias.
Aquí aparecen las preguntas clave:
¿Podrá Figueroa equilibrar el frente sindical sin romper el frente nacional o comprometer su plan de obras?
¿Usará la presión de Nación de salarios a la baja como argumento para poner límites a las paritarias (“no puedo subir más porque Nación no me deja”), o buscará una ingeniería fiscal que reparta costos sin fracturar la relación con los gremios?
Luego de la crisis institucional que terminó con la destitución de la vicegobernadora Gloria Ruiz a fines de 2024, y después de un muy luchado estreno electoral como oficialismo en octubre de 2025, Figueroa enfrenta hoy su tercer gran desafío en el poder: sostener un equilibrio entre todos los frentes en una provincia con un perfil socioeconómico tan dinámico como exigente.
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