El taxista baleado y un nuevo robo a otro trabajador del volante disparan las alertas sobre el tema de la seguridad, pero no son los únicos afectados y, si la situación económica continúa desmoronando los salarios, todo devendrá en hechos peores.
Los políticos que se perfilan para las PASO no dan señales claras sobre cuál será el proyecto económico que tendrán para el país y la clase trabajadora, que está con el agua al cuello, y la depreciación de los salarios, al menos observada en algunos rubros, arranca en un 60%. Evidentemente, la inflación no permite darle alcance al consumo y la irritabilidad social crece a pasos agigantados.
Acá en Neuquén, la delincuencia está desatada y sumamente violenta por varios motivos, algunos dignos de un análisis interdisciplinario.
Primero que nada, que se muestren pocos hechos en los medios no es porque no existan; todo lo contrario, hay una durísima política de cepo a la información de hechos policiales.
Aclarado esto, volvemos a los ataques a taxistas, donde los delincuentes buscan hacerse de efectivo fácil y rápido. Blancos similares son los kioscos, los almacenes, las verdulerías y todos aquellos que se manejan con efectivo.
Por suerte, son cada vez más los negocios que prefieren cobrar con distintos medios electrónicos para que, dada una situación de robo, se lleven la menor cantidad de dinero posible.
Esta medida de los comerciantes solo pone en resguardo el capital en efectivo, porque después los delincuentes arrasan con productos o todo aquello que puedan revender rápidamente. Pero siempre el riesgo está en la violencia con la que concretan los robos, que es extrema en comparación con el botín.
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