Nadie puede discutir el placer veraniego de sentarse cómodamente en una reposera frente al río, sea el Limay o el Neuquén y con un buen libro entre las manos. Tener un libro y sumergirse en su lectura –sea una historia real o de ficción hasta de autoayuda y superación personal- es una experiencia única, que nos desconecta de los problemas, del trajín cotidiano, de las obligaciones, de los horarios. Sobre todo si complementamos esa lectura observando cada tanto el fluir del agua.
También es cierto que la escenografía que nos ofrece la costa del río es la de cientos de personas con los ojos fijos a la pantalla del celular y no pasando las páginas de un libro. Sin embargo, existen todavía esos seres que pueden apartarse por un buen rato de las redes sociales o las noticias en las pantallas y concentrarse en una buena historia o la receta para lograr el crecimiento personal.
“Cuando está lindo y necesito otro ambiente suelo venir al río y leo”, confiesa Ailén, quien se encuentra “enganchada” con el libro Una luna sin miel, una novela romántica firmada por Christina Lauren, un dúo conformado por las escritoras estadounidenses Christina Hobbs y Lauren Billings.
Ailén cuenta que en su mochila siempre lleva una o dos novelas además de una manta y el equipo de mate. Precisa que antes del libro que está leyendo, leyó La dama oscura de Cristina Pérez y El día que sueñes con flores salvajes de Paola Calasanz. Lo hace siempre frente al río porque “me llama ese contacto con la naturaleza, escuchar el río y a los pájaros”.
Aguantando los más de 36 grados que indica el termómetro, con los pies en las aguas del Limay, Nicolás, de 24 años, no puede parar de leer Cuentos para pensar de Jorge Bucay. El estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional del Comahue, afirma que no se fue de vacaciones “para venir al río”.
“Cuando está lindo y necesito otro ambiente, suelo venir al río y leo. Me llama ese contacto con la naturaleza, escuchar el río y a los pájaros”, afirmó Ailén, vecina del barrio Belgrano.
“El río es un buen lugar para leer pero a veces pasa que te encontrás con algún conocido y te rompe ese momento. Cuando quiero concentrarme en la lectura trato de buscar algún lugar apartado”, comenta el joven que en su mochila tiene un ejemplar de Gente tóxica de Bernardo Stamateas y cuenta que hace unos días terminó El hombre en busca de sentido, escrita por el psiquiatra austriíaco Viktor Frankl en el que reseña sus experiencias en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y presenta su método psicoterapéutico para hacer frente a ellas.
Nicolás se considera un buen lector ya que “no tengo drama de leer cualquier género” aunque prefiere las novelas o de autoayuda en formato papel aunque no desecha la posibilidad de comprarse en algún momento un dispositivo para la lectura de libros digitales.
Quien disfruta de la lectura en pantalla en la tranquilidad de la tarde ribereña es Walter, de 41 años, viajante de calzado. En su Kindle lee Un cuento perfecto de la escritora española de novelas de comedia Elísabet Benavent. “Era fanático del libro de papel hasta que me regalaron un Kindle y me acostumbré a leer de esta manera”, se sincera el hombre que disfruta del río al que suele venir seguido por los buenos recuerdos que le trae de su luna de miel aunque actualmente está separado. “Me encanta este lugar del río para leer”, dice sentado en su reposera en el balneario Río Grande.
Tras los festejos por Copa del Mundo, Jordi se propuso enfrentar el calor del verano 2023 con los libros que le regalaron en Navidad y algunos otros que esperaban en su mesita de luz. “Los regalos de Navidad se hicieron presentes para reencontrarme con algunos de los cuentos clásicos de fútbol de Eduardo Sacheri y descubrir otros que tocan las fibras que también fueron tocadas por el mundial”, explica el joven que muestra el ejemplar de La vida que pensamos: cuentos de fútbol de Sacheri.
Mientras recorre las últimas páginas de este libro que reúne los mejores relatos futboleros del autor de La pregunta de sus ojos, entre otros exitos literarios, Jordi ya tiene apuntada su próxima lectura. Será Crónicas maradonianas de varios autores (Juan Stanisci, Lucas Jiménez, Santiago Nuñez, Esteban Bedriñan y Lucas Bauzá), un libro que no es una biografía de Diego Maradona sino que está centrado en los primeros treinta años de la existencia del Diez y en una serie de crónicas de cómo se consolidó el mito.
Verano con libros, una forma de la felicidad
En materia de lecturas, todo vale en el verano. Clásicos o novelas, ensayos o biografías, cuentos o policiales, porque el verano no dura para siempre y hay que aprovechar al máximo estos momentos en que se dispone de más tiempo libre, relajados, por ejemplo, frente al río.
El tiempo parece detenerse mientras pasamos las páginas de esos libros que fuimos apilando en la mesita de luz durante el año.
Disfrutar cada página como si fuera la última que vamos a leer. El mundo entre esas hojas de los libros o bien en una pantalla siempre es fabuloso, deslumbrante. Hasta nos pasa, en algunos casos, que lo que leemos nos parece que fue escrito para nosotros.
En el verano uno tiene mayor disponibilidad de tiempo y de concentración para leer. Como decía el gran escritor argentino Jorge Luis Borges, la lectura debe ser una forma de la felicidad.
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