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La Mañana historias neuquinas

Los Robles-Sánchez: una familia de inmigrantes españoles que se enraizó en esta estepa

Arribaron a través del ferrocarril del Sud y marcaron la historia local.

La inmigración en la Argentina fue un polo de atracción para los inmigrantes europeos. La Patagonia fue una gran receptora de extranjeros y argentinos que abandonaban las grandes urbes para asentarse en el terruño. Neuquén los acogió plenamente, al punto que constituyó la base de nuestra sociedad.

Los recién llegados se desempeñaron en diversidad de tareas. De más está decir que las destemplanzas del desierto no le hicieron fácil la vida; entre tanto (escasez de medios, complicaciones para aprovisionarse de agua), los fuertes vientos producían grandes problemas en las construcciones, se formaban médanos tan grandes que tapaban puertas y ventanas.

Asimismo, otro tema muy importante fue la iluminación. Durante los primeros años de la capitalidad se usaban farolas a kerosene, que los fuertes vientos se encargaban de apagar o romper. La ciudad quedaba a oscuras.

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Matrimonio Robles.

Matrimonio Robles.

Esto fue lo que aconteció a don Joaquín Robles a principios del Siglo XX. Pronto ingresó a trabajar en el ferrocarril del Sud y por ese medio arribó a tierras neuquinas.

Don Joaquín estaba casado con Francisca Sánchez, ambos oriundos de Salamanca.

Tuvieron varios hijos; los mayores nacidos en España y los últimos nacidos en Argentina: -Bernardino Robles casado con Inés Piriz; Joaquín Robles casado con Rosa Filiponi; Rita Robles casada con Lucas Duffy; -María Robles casada con Martín Zilvechi; Amador Robles casado con Elvira Altube; -Dora Robles; -Juana Robles casada con Miguel Greloni; Ana Robles casada con Néstor Elissetche.

Apenas regresados de España, vivieron en la colonia ferroviaria de San Martín e Yrigoyen de la capital neuquina; posteriormente se mudaron a la colonia de Independencia y Córdoba. Permanecieron allí hasta que don Joaquín compró un terreno en la calle Rivadavia al 200, frente al Automóvil Club Argentino.

Las nietas recuerdan que en la casa había un sótano con mucha mercadería: panes de manteca, salamines, quesos…

Los hijos del matrimonio concurrieron a la Escuela n° 2, cuando estaba emplazada en Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez. Luego, los mayores ingresaron a trabajar en el ferrocarril; Dora, a su vez, trabajaba en la parte administrativa del mismo ferrocarril.

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Ana Robles en la escuela N° 2.

Ana Robles en la escuela N° 2.

Hace una década, cuando entrevistamos a las hijas de Ana, nos relataron que su madre fue a la inauguración del puente carretero que une Neuquén con Cipolletti. En la ocasión, cruzaron el río en balsa, allí vivían unos paisanos españoles de apellido Merchan que trabajaban la chacra y con quienes ellos mantenían un vínculo de amistad.

El abuelo Joaquín como su trabajo en el ferrocarril era de guarda, las nietas recuerdan que siempre que llegaba de viaje traía su canasta de mimbre con regalos para sus nietos

Una vez que se jubiló, Ana concurría a la Municipalidad lugar en el que se relacionó con el Club de la Amistad, allí, generalmente los domingos, jugaban a las cartas, tejían y pasaban amenas tardes. Formaron el Coro de la Tercera Edad.

Numerosos descendientes de una prolífica familia ejercieron distintas tareas en esta sociedad neuquina ferroviarios, amas de casa, docentes, Asistentes sociales, todos unidos por lazos inculcados de profundos valores. Numerosos nietos y bisnietos completan la historia familiar.

Hoy los volvemos a homenajear, forman parte de aquel paisaje ciudadano en donde las vías del ferrocarril, las colonias ferroviarias, unían las partes de la ciudad neuquina –el Alto y el Bajo-, ensamblaban familias, compartían recuerdos de sus tierras natales.

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