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La Mañana forrajería

Se fundió con la forrajería y a los 70 sale a ganarse el pan en la calle

Carlos comenzó justo en Semana Santa con su rebusque en Ruta Chica porque hoy “no me alcanza para comer”. Su historia y ¿resurrección laboral?

“Me trajiste suerte pibe”, le dice con una sonrisa el vendedor a este cronista pues su mercadería vuela, justamente, “como pan caliente”. Unos obreros que venían desde La Criollita hacia la ruta chica, un abuelo en bicicleta que llevaba “para los mates con la patrona ” y hasta el playero de la estación de servicio de enfrente que metió un "pique" fueron algunos de sus clientes en el breve y fructífero lapso que duró el contacto con LM Cipolletti.

A partir de esta Semana Santa, Carlos Viozzi (70 años) sueña con su resurrección laboral, tras una fuerte decepción. Un comercio por el que apostó mucho y al que, lamentablemente, tuvo que bajarle la persiana al cumplirse tres años de funcionamiento.

No se le caen los anillos por vender pan casero en la vía pública, ahí a un costado del transitado camino. Su camioneta blanca apostada en un cruce estratégico de Fernández Oro, un par de pizarrones que anuncian lo que vende, y los cajones de plástico con las bolsitas de nylon que contienen 5 panes calentitos (“casi un kilito”) y comercializa a $ 1.500.

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En medio de la calma propia de un Viernes Santo, con el sol pegando fuerte, este vecino sigue firme allí, desafiando al destino y esperando que la cosa mejore. Ganándose el mango “dignamente, que va a hacer, no me alcanza la jubilación y hay que comer”, explica la razón por lo que a los 70 años sale a pelearla desde temprano a la calle.

Yo tenía una forrajería en Los Alerces y Chile. La sostuvimos 3 años, invertimos todo lo que teníamos allí. Lamentablemente, nos fundimos. Y ahora no me queda otra que venir a buscar el mango a la calle. No es lo que más me gusta, pero lo necesito y por suerte estoy vendiendo bien”, reflexiona el hombre. A pesar de desearía que las cosas fueran distintas, no se desanima.

Nunca se quedó quieto este comerciante devenido en vendedor ambulante. Pese a los vaivenes del país y de su propia economía, jamás bajó los brazos. “Antes del local propio también trabajé en la fruta, en un galpón de empaque”, repasa su trayectoria laboral el oriundo de Barda del Medio, que llegó a Oro “por amor, ya que mi mujer es de acá”.

Un pan de Dios

Con ella tienen un hijo de 18 años. La señora no solo que le hace el aguante en esta nueva aventura, sino que también vende donde funcionaba la forrajería. “Yo trato de vender unos 50 paquetes, ella unos 30”, comenta mientras se hace sombra con la mano derecha para no perder de vista a su interlocutor ni a la clientela.

Invita a probarlos y ya que insiste le damos el gusto. Y la verdad que al paladar son deliciosos. “Viste, es que son de elaboración reciente, los hace mi primo Arturo en Cipolletti, él tiene el permiso para comercializarlos en toda la región y nosotros los vendemos acá y los fines de semana en la Isla Jordán. Yo me paro enfrente de los departamentitos (complejo habitacional de esa zona de Oro), por lo que con toda la gente que pasa que nos compre el 1 % nos conformamos”, asegura y le indica el precio al conductor de una camioneta.

Dentro de todo, hay cosas que le agradan de su nuevo laburo. “No es que tengo un trabajo forzado, ni jefe, no hay que cumplir horario, eso para mi edad es ideal. Igual trato de estar mínimo de 11 a 14 ó 15”, aclara el hincha de River que aún le mantiene el crédito abierto al presidente Milei.

En el final, el trabajador expresa su deseo comercial: “Mi sueño es vender 100 panes y salir adelante, que me dejen trabajar tranquilo”.

El bueno de Carlitos Viozzi espera un “pan de Dios” en esta Semana Santa y para lo que viene. Una masa.

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