El clima en Neuquén

icon
Temp
81% Hum
La Mañana Tragedia

Tragedia del avión Sol: la historia de la mujer que perdió al marido, estaba embarazada y él nunca lo supo

Rubén fue una de las víctimas del accidente del 18 de mayo de 2011. El destino le jugó una mala pasada a Milca, pero la vida le dio una nueva oportunidad.

Rubén llegó tarde al aeropuerto porque se había olvidado las llaves y volvió a su casa a buscarlas. Cuando regresó pensó que perdería el vuelo, pero como lo conocían, una empleada le dijo “pasá derecho nomás”. Y así tomó el avión que poco después se estrelló en Río Negro convirtiéndose en una de las peores tragedias de la aeronavegación argentina.

Rubén Demaría fue una de las 22 víctimas que el 18 de mayo de 2011 murieron en el accidente del avión de la empresa Sol Líneas Aéreas que tenía destino final a la ciudad de Comodoro Rivadavia, tras despegar de Córdoba, luego de haber hecho escalas en Mendoza y Neuquén.

“Si alguien se olvida algo no hay que volver a buscarlo”, decía siempre Rubén. Por eso su esposa, Milca Mora, se extrañó aquella noche cuando vio que su marido había regresado a su casa por ese pequeño olvido. Más aún con el riesgo de perder el vuelo. Pero Rubén tomó las llaves y salió rápidamente rumbo al aeropuerto. No podía fallarle a un compañero de trabajo al que se ofreció reemplazar en aquel viaje porque el hijo cumplía años.

Ese mediodía llamó por teléfono a su mujer y le dijo que a la noche tenía que volar a Comodoro. Y le explicó la razón. Milca lo entendió porque él había sufrido lo mismo cuando su hija llegó al primer año de vida. “Está bien que lo hagas”, le contestó.

Tragedia aérea Rubén.jpg
Rubén y Delfina, poco antes de que ocurriera la tragedia.

Rubén y Delfina, poco antes de que ocurriera la tragedia.

Milca estaba orgullosa de su marido. El buen humor, el sentido de la solidaridad, la forma de comprender el mundo y mirar la vida habían sido motivos suficientes para que ella se enamorara como lo hizo ocho años antes cuando ambos se conocieron. No se había equivocado a la hora de elegirlo para formar esa familia que ya había comenzado a echar las primeras raíces con el nacimiento de Delfina, que en ese momento tenía apenas un año y medio.

“Cuando llegues mandame un mensaje, así me quedo tranquila”, fue lo último que le pidió Milca aquel miércoles a la noche antes de despedirlo por última vez.

A las 20.00 el Saab 340 comenzó con los preparativos para el despegue. Rubén llegó con lo justo gracias a la empleada que lo hizo pasar sin trámites por la sala de embarque. Así, se sentó aliviado, aunque mirando con cierta vergüenza a los 18 pasajeros que compartirían el viaje con él por la demora que había tenido. A los pocos minutos el avión decoló y se perdió en la noche.

Los informes periciales determinaron que la aeronave entró en emergencia 50 minutos después de haber despegado del aeropuerto de Neuquén, producto de una gran formación de hielo en las alas y hélices y que minutos después se estrelló en el paraje Prahuaniyeu, cerca de Los Menucos, en plena estepa rionegrina. No hubo sobrevivientes.

Milca presintió que algo había ocurrido cuando pasadas las 22 no tuvo noticias de Rubén ni respuesta alguna a los mensajes que le envió. El drama estaba a punto de comenzar.

Tragedia aérea el lugar.jpg
En el lugar del accidente no encontraron más que restos calcinados.

En el lugar del accidente no encontraron más que restos calcinados.

Al día siguiente la noticia del accidente fue el principal título de todos los medios de comunicación del país. Decenas de corresponsales viajaron a Río Negro para cubrir la tragedia y buscar eventuales palabras de pobladores que pudieran haber sido testigos de aquella catástrofe. Las fotos y filmaciones del lugar mostraron la magnitud que había tenido el impacto del avión sobre el terreno. Apenas se podía apreciar una enorme mancha negra con restos de metales esparcidos por todas partes. Todas eran postales de desolación.

La vida de Milca cambió de manera brutal. En un instante había perdido a su pareja y ahora se encontraba sola con una beba, tratando de contenerse en el dolor, buscando preguntas que no tenían respuestas, recibiendo mensajes de condolencias una y otra vez, intentando aceptar que la ausencia de Rubén sería para siempre y que no se trataba de una pesadilla sino de la vida real. Pero el destino le pondría un desafío mucho mayor.

Dos semanas después de la tragedia, cuando todavía no terminaba de asimilar el golpe, comenzó a sentirse rara, con los mismos síntomas que había tenido cuando quedó embarazada. Un Evatest que compró en la farmacia le confirmó lo que ella presentía y que Rubén nunca supo: sería madre otra vez.

Tragedia aérea Milca y sus hijas.jpg
Las tres mujeres juntas: un horizonte distinto.

Las tres mujeres juntas: un horizonte distinto.

Levantarse y volver a vivir, a pesar de la tragedia

Pasaron 13 años de la tragedia del avión de la empresa Sol y Milca accede a la entrevista periodística para hablar de su historia y todo lo que tuvo que vivir a lo largo de este tiempo.

Está de buen humor y las inflexiones y el tono de su voz refleja simpatía y esperanza, pese a que “mayo es un mal mes” y que, inevitablemente, el día 18 revive viejas angustias, aunque no con tanta intensidad como antes.

“Trato de conservar los mejores recuerdos. Tengo fotos de Rubén por todos lados y con las nenas ya casi ni hablamos del tema del accidente, sino de él. Celebramos su cumpleaños, yo les cuento anécdotas de su papá”, asegura.

Las nenas son Delfina, que está pronta a cumplir 15 años, y Francesca, la beba que nació en medio del drama y que hoy tiene 12. Para las dos fue un hecho impactante, aunque están bien, aceptando la historia que les tocó vivir, igual que su mamá.

Tragedia aérea Milca y Delfi.jpg
Melca y Delfina, en una tarde de recreación y paz.

Melca y Delfina, en una tarde de recreación y paz.

“A las tres nos costó, pero siempre les digo que esta guerra es nuestra y tenemos que ser positivas. Yo tuve que aprender y tengo asumida mi realidad”, reflexiona Milca, pero reconoce que hasta lograr esa paz espiritual tuvo que atravesar largos procesos de terapia porque este tipo de desgracias disparan muchas preguntas contrafácticas y reflexiones sobre “qué hubiese pasado si…”. Otro hubiera sido el destino si Rubén perdía aquel vuelo por el olvido de las llaves o si el compañero de trabajo no hubiese comentado su malestar ante la posibilidad de perderse el cumpleaños de su hijo porque tenía que viajar a Comodoro. ¿Y si él no se ofrecía para reemplazarlo?

Son las mismas preguntas que seguramente se hacen los familiares de las otras víctimas que también murieron aquella noche. Como Adriano Bolatti, el copiloto de ese vuelo que a último momento reemplazó a un compañero en los comandos del avión porque no se sentía bien. Tuvo el mismo gesto solidario de Rubén.

“A veces estoy enojada con el destino”, reconoce Milca y cambia el tono de su voz. Pero inmediatamente se recupera y retoma el camino aprendido de la resiliencia, el mismo sendero que la llevó, sin darse cuenta, a rehacer su vida y a empezar de nuevo.

Tragedia aérea Ernesto.jpg
Ernesto llegó a la familia y le dio un giro a las vidas de Milca y las nenas.

Ernesto llegó a la familia y le dio un giro a las vidas de Milca y las nenas.

En esa ruta conoció a Ernesto, un hombre que sabía de su historia con todos los detalles, que se convirtió en su nuevo compañero de vida y que hoy la contiene cuando aparece algún bajón y la ayuda a fortalecer este renovado proyecto de familia.

“Nunca me cuestiona nada y acepta mis llantos porque me conoció así”, asegura. Dice que hace 10 años que están juntos y que él se encarga de las nenas con dedicación y amor. Hay alegrías compartidas, vacaciones, salidas, cumpleaños, rutinas cotidianas que sirven para seguir cicatrizando heridas, aunque ese pasado se vaya alejando cada vez más.

Hace años que Milca ya no va a la localidad de Los Menucos para ver el monolito que construyeron los familiares de las víctimas de aquella tragedia, aunque sí acompaña a sus hijas al cementerio de Neuquén para recordar a su papá en cada cumple. Ya no le interesa demasiado seguir el curso de la larga causa penal que comenzó al otro día del accidente para determinar culpas y responsabilidades y que con los años se convirtió en un intrincado camino de expedientes judiciales, fallos y apelaciones que se transforman en viajes de ida y vuelta entre el presente y el ayer.

Tragedia aérea nueva familia.jpg
Posando en la foto para un recuerdo familiar.

Posando en la foto para un recuerdo familiar.

Hoy Milca vive sus días acompañada de los buenos recuerdos, enfocada en su rol de mamá y compañera, en su trabajo como empleada del Ente Provincial de Energía de Neuquén, en la organización de un esperado gran evento como es la fiesta de cumpleaños de 15 de Delfi, que se realizará en septiembre.

Y hablando de proyectos importantes, del futuro y de la vida se despide de la entrevista con el mismo tono de voz que la comenzó, cargado de simpatía, desbordante de optimismo.

Reitera que se encuentra bien y que está decidida a ser una mujer feliz. Y está bien que así lo sienta, aunque mayo sea un mal mes; aunque el almanaque le recuerde el número 18.

Historias de dolor paralelas a partir de la tragedia

Carina Mansilla tenía 20 años aquel 18 de mayo de 2011cuando decidió viajar en avión para no exponer a su bebé (Santiago Sloper) a un viaje terrestre. Desde Neuquén hasta Comodoro sería una travesía extremadamente larga para una criatura de 10 meses que además sufría broncoespasmos. Por eso tomó el vuelo 5428 de Sol. Sus familiares la esperarían en Comodoro Rivadavia.

Tragedia aérea víctimas.jpg
Las 22 víctimas de la tragedia aérea.

Las 22 víctimas de la tragedia aérea.

Gustavo Basaldúa tenía planeado casarse el 7 de octubre de ese año y ya había reservado el salón para la fiesta. Gerente de un banco, tomó el vuelo de la empresa Sol para ir a una reunión de trabajo en Comodoro. Al mes siguiente regresaría a Buenos Aires para llevar a sus padres a conocer a la familia de la novia que residía en Gualeguay, Entre Ríos. Fue otro sueño que quedó trunco.

Adriano Bolatti tuvo un gesto solidario con un compañero de trabajo que no se sentía bien aquel día en el que tenía que subirse al avión, pero no como pasajero sino como copiloto. “No te preocupes que te reemplazo yo”, le dijo. Y así se convirtió en miembro de la tripulación de aquel vuelo que parecía de rutina y que terminó de la peor manera. Adriano era padre de dos hijos de 8 y 5 años.

Tragedia aérea el avión sale de Córdoba.jpg
La foto de una pasajera que tomó del avión, antes de partir desde Córdoba.

La foto de una pasajera que tomó del avión, antes de partir desde Córdoba.

Las hermanas Daniela y Agostina Piana se subieron al avión de Sol en Córdoba para viajar a Mendoza. Allí descendieron entre otros pasajeros cordobeses que tenían el mismo destino.

Un día antes de la tragedia, Daniela había posteado en Facebook un mensaje en broma que encerraba una gran premonición, según publicó el diario La Voz del Interior. "Confirmado el viaje a Mendoza... pero... en...'aviones' de SOL! Ya la otra vez ví mi vida pasar en un flash que duró hora y media (todo el vuelo) y ahora de vuelta! Tengo miedo!!! Esas 'avionetuchas' son la muerte!".

Al día siguiente, al conocer la noticia del desastre no lo podía creer. “Volví a vivir”, aseguró. Y guarda de recuerdo la foto que le tomó al avión cuando estaba por partir desde el aeropuerto de Córdoba.

Tragedia aérea azafata.jpg
Jésica Fontán era la azafata de aquel vuelo.

Jésica Fontán era la azafata de aquel vuelo.

Jésica Fontán era la azafata de aquel vuelo fatídico y también lanzó una frase estremecedora en el trayecto desde Córdoba a Mendoza. “Este viaje se me va a hacer eterno”, le dijo a Facundo Rossi, directivo del diario online MDZ que se bajó en la capital cuyana.

Rossi recordó que en ese tipo de aviones la tripulante de cabina siempre se sienta enfrentada a los pasajeros y que por eso tuvo la oportunidad de hablar con ella.

Jésica tenía 25 años y aspiraba a seguir la carrera de azafata en una línea comercial más grande. Sus sueños también terminaron en ese viaje.

Para Juan Manuel Ruiz (29 años) era su primer viaje a Comodoro Rivadavia como gerente interino de Recursos Humanos en una empresa petrolera porque su jefe había renunciado. Según su padre Juan Carlos, que vive en Centenario, estaba muy contento con el ascenso. Por eso aquel día Juan Manuel embarcó en el avión de Sol en el aeropuerto de Neuquén con muchas ilusiones que nunca se concretaron.

Todas las historias del vuelo 5428 de la empresa Sol son similares a la que vivió Milca y Rubén. Todas se convirtieron en breves cuentos increíbles, tristes y aterradores, de esos que generan muchas preguntas y pocas respuestas.

Todos son relatos que obligan a pensar una y otra vez. Y que ponen el foco en los caprichos que a veces muestra el destino.

Te puede interesar...

Lo más leído

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario