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La Mañana Aprender

Un Aprender para los que enseñan

Más allá de los vouchers educativos, un proyecto de ley propone padres más protagonistas y docentes que rindan cuentas.

Con la nueva conformación del Congreso y el respaldo de unas elecciones que se leyeron en clave plebiscitaria, el oficialismo nacional parece haber pisado el acelerador de las intenciones reformistas que empujaron la campaña presidencial de Javier Milei.

Además de la tan renombrada reforma laboral, otro proyecto de ley busca instrumentar cambios en la educación con una propuesta que excede los debatidos “vouchers educativos” de la campaña de 2023.

El objetivo apunta a fomentar la libertad educativa y perseguir la mejora a través de la competencia entre las propias escuelas, que podrán definir de forma autónoma el 25% de su currícula. La modificación también le da más protagonismo a las familias, con la opción de que los niños estudien en su casa y con la creación de consejos de padres que podrán dar su opinión sobre el desempeño de los docentes.

El oficialismo no sólo reafirma la evaluación periódica de los estudiantes con pruebas como las Aprender, una iniciativa muchas veces resistida por los gremios docentes que critican su perfil estandarizado. Va incluso más allá: propone que la estabilidad laboral de los profesores quede sujeta a su desempeño, que también será evaluado -como máximo- cada cuatro años.

En las pruebas Aprender, el 46% de los estudiantes de sexto grado de la provincia obtuvo un nivel de desempeño básico y por debajo del nivel básico.
En las pruebas Aprender, el 46% de los estudiantes de sexto grado de la provincia obtuvo un nivel de desempeño básico y por debajo del nivel básico.

En las pruebas Aprender, el 46% de los estudiantes de sexto grado de la provincia obtuvo un nivel de desempeño básico y por debajo del nivel básico.

En los últimos tiempos, la resistencia de muchos educadores de participar de las evaluaciones nacionales que son frecuentes en otros países se interpretó como una negación a demostrar sus propias capacidades de enseñanza y el impacto que tienen ellas en el resultado de los estudiantes. Este proyecto empuja a todos los actores a rendir cuentas de sus méritos y fuerza a las familias a asumir un rol protagónico en la educación de sus hijos.

El texto del proyecto abre una puerta inevitable a las injusticias, que pueden socavar la autoridad docente en el aula, limitar el control sobre las familias abusivas, profundizar la brecha de desigualdad entre los alumnos y hasta castigar a justos por pecadores con evaluaciones docentes estandarizadas.

Aunque el riesgo de una meritocracia mal entendida es real, también es cierto que sólo los diagnósticos permiten trazar estrategias de mejora. Y sólo una revisión continua permite la autocrítica y los replanteos que hacen falta para adaptar el sistema educativo a los desafíos de un mundo vertiginoso como el actual. En ese justo equilibrio, tan utópico como necesario, hay un faro para transformar la educación.

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