El show de Javier Milei fue señalado por una conducta banal que remite a otras décadas, pero la distracción de la ciudadanía parece más propia que impuesta.
¿Distraídos o anestesiados? La presencia de Javier Milei en La Derecha Fest y su interpretación del “Rock del Gato” junto a Fátima Florez llegó a los titulares del mundo. Y entre las repercusiones se contaron los extranjeros sorprendidos, los que ya conocen y alientan las salidas estrambóticas del presidente y los que cuestionan su falta de lectura de un contexto sensible para la Argentina, con nuestro patrimonio forestal reduciéndose a cenizas.
No tardaron en llegar las comparaciones con otros bailes presidenciales, con jefes de Estado manejando Ferraris o los festejos de cumpleaños en plena cuarentena. Depende del contexto, la insensibilidad y la falta de empatía de los líderes puede costarles muy caro. Y, a veces, logra hasta diluir sus pretensiones reelectorales.
Pero Milei parece salir siempre indemne de esa indignación que, en este mundo vertiginoso, dura demasiado poco. Y es que nada consigue dolernos lo suficiente: los femicidios ya son solamente estadísticas, las capturas de dictadores pasan al olvido unos días más tarde, y las 45 mil hectáreas calcinadas de la Patagonia son pasajeras en la agenda pública, por más que las cenizas persistan durante décadas como un paisaje de negrura y de muerte.
Desde su política económica, su agenda diplomática y hasta su estética, el gobierno libertario trae reminiscencias de los 90. Y hoy vivimos esa cultura de pizza con champagne con una sobreestimulación sin precedentes, donde no hace faltan medios de comunicación que nos distraigan. No: ahora nosotros mismos somos los autores de nuestra propia distracción.
Es cierto que la banalidad no es novedosa. La postal de un presidente con patillas, vedettes en el centro de la escena o una canción de Los Ratones remiten a una época anterior. Pero hay algo que sí cambió: una revolución tecnológica que ya moldeó nuestros hábitos de consumo, con una competencia feroz por la atención que terminó por adormecernos.
Antes, nos distraían con el pan de circo que Juvenal le criticaba a los romanos. Hoy, por más que hagan circo, ya ni siquiera lo necesitan: de tanto evadir esta realidad dolorosa con la dopamina fácil de TikTok, ya estamos anestesiados. ¿Para qué distraer a quien ya está dormido?
Te puede interesar...
Leé más
Vuelco de un camión en la Ruta 40: un chofer tuvo que ser trasladado a San Martín de los Andes
Alerta naranja: las impresionantes imágenes de la tormenta que afectó a todo Neuquén
De la chacra a la pista: La Magnolia, el sueño de caballos criollos que crece en Paso Córdoba
Noticias relacionadas











Dejá tu comentario