Hasta hace sólo quince días atrás, la esperanza de un futuro mejor de Margarita Troncoso (34) se deshojaba a un ritmo vertiginoso. Las tortas fritas que preparaba para salir a vender por las calles de Allen a veces se vendían mucho, a veces poquito, y otras nada. Andar a los tirones la tenía tan afligida que hasta pensó en marcharse a Chile con sus tres hijos y probar suerte allá. Pero antes de armar las valijas le surgió una oportunidad: la semana pasada la contrataron de una empresa constructora de Neuquén, para manejar una pala frontal, una bestia de cinco toneladas. Ella, que no le tiene miedo a nada y menos al trabajo, no lo dudó ni un instante y se convirtió así en la primera mujer maquinista en desempeñarse en la obra pública neuquina.
Sin saber que este iba a ser su destino, y sólo con la intención de sumar una nueva herramienta que pudiese ampliarle las posibilidades de encontrar un trabajo más estable y mejor pago, hace menos de tres meses sacó su licencia profesional. El que la motivó para que lo hiciera fue su cuñado, un eximio conocedor del rubro y un pariente que todos quisieran tener: la ayudó económicamente para que pudiese completar el curso obligatorio, y en la empresa en la que había trabajado pidió prestadas unas máquinas para que pudiese practicar.
Ella hizo todo al pie de la letra: manejó diferentes vehículos, completó su capacitación, se vio absolutamente todos los videos de YouTube vinculados a la temática, y con certificación en mano fue a sacar su licencia de maquinista vial, con la que ahora puede subirse a retroexcavadoras, motoniveladoras, retropalas, grúas y cargadores frontales, entre otras máquinas viales: “Nunca me imaginé trabajando de esto, pero muy rápido le agarré el gustito”, dice Margarita, quien agrega “conseguir algo fijo era algo fundamental para mí”.
Ahora en el barrio Gran Neuquén Norte, donde la Municipalidad está llevando adelante la construcción del Parque Lineal del Oeste y nueve lagunas de reservorio, Margarita está por arrancar su segundo día de trabajo. Le espera una prueba de fuego: por primera vez deberá bajar esta gigantesca máquina de un carretón, en una maniobra en la que no hay margen para el error. Las ruedas están al filo del vacío, y un mínimo mal cálculo acabará en un accidente y en un problemón: pero ella está segura, se preparó para esto.
Después de sacar las cadenas, revisar el panel y mover una palanca para levantar la pala, empieza a bajarla con una destreza propia de una experta, mientras se gana los aplausos de sus compañeros, que la van guiando desde abajo: “Son desafíos que van apareciendo en el camino. Hay que tomar coraje y agarrarlos, con cuidado, con mucho cuidado, y con las indicaciones que te va dando el camionero”, asegura ella.
Todavía sorprendida con lo rápido que le agarró la mano, y muy contenta con los desafíos diarios que le propone esta peculiar tarea, Margarita cuenta que “miro los videos de cuando recién agarré la máquina y me da mucha risa porque iba muy lento. Acá todos los días aprendes algo nuevo, cuando toca remontar hay que levantar bien la pala, fijarse los pozos y que no haya piedras”, dice con léxico propio de maquinista.
Cuando pasen estos primeros días de adaptación, además de manejar este armatoste amarillo con el que puede mover grandes cantidades de material en poco tiempo, seguramente también le toque realizar otras tareas que aprendió en su capacitación, como engrasar su herramienta de trabajo, cambiarle el aceite, ponerle combustible, limpiar los filtros, identificar fallas y realizar un reporte al mecánico.
“Estoy feliz, poniendo la cara por las mujeres. Es una oportunidad que la estoy aprovechando, y me siento agradecida por todas las personas que están confiando en mí”, dice Margarita, quien agrega que “las empresas tienen que apostar por las mujeres para estos trabajos, porque somos cuidadosas y detallistas”.
En este ámbito laboral históricamente masculino, asegura que sus compañeros la recibieron de la mejor manera. “El encargado y todos me han dicho que me van ayudar, y yo estoy muy receptiva a todo el que me pueda dar una mano, siempre a la pesca de algún dato nuevo para aprender”, dice esta mujer que se desempeña en RJ Ingeniería, una de las 23 empresas locales con las que la Municipalidad de Neuquén ejecuta la obra pública. “Yo quiero que me traten así, como a uno más. Con respeto, pero que no haya diferencias”, agrega.
Si hay algo de lo que pueden estar seguros sus compañeros y sus jefes, es que a Margarita no se le van a caer los anillos. Antes de llegar a este presente, y desde muy chica, en las chacras de su Allen natal realizó podas, raleos y juntó cosecha; también trabajó en limpieza y de delivery, y en galpones de fruta se desempeñó como embaladora y clasificadora. “Probé con todo y no encontraba de qué trabajar. Cuando surgió esta posibilidad me propuse aprender y ponerle todas las ganas, porque una hace lo imposible para que a los hijos no les falte nada”.
Tan reciente es todo esto, que esta mamá todoterreno todavía está organizando su nueva rutina. Desde Allen y en auto, cada mañana sale para Neuquén a las 6.50 am, para a más tardar 7.30 ya estar en la empresa, donde trabaja hasta las 18. Cuando regresa a su casa, cerca de las 19, todavía le esperan muchas tareas hogareñas: “La idea es dejarles a los chicos la comida preparada a la noche, pagarles un trasporte que los lleve a la escuela, y a la tarde que los pase a buscar su papá”, cuenta Margarita, que está separada, pero que “gracias a dios tengo su apoyo”. Tanto su hija más grande, Monserrat (17), como los dos más chiquitos, Ian (10) y Tomás (6), están chochos con la nueva vida de su mamá: “Ellos están felices porque saben que trabajo que había, trabajo que agarraba”, dice emocionada.
También cuenta con la incondicionalidad de su actual pareja, y de toda su familia, a los que ella les narra con fascinación cada avance y cada logro va destrabando día a día en este nuevo trabajo. “El apoyo de la familia es re fundamental, porque cuando una está por bajar los brazos llega la contención”.
Acerca de los sueños que tiene, asegura que el más importante es “poder darles un futuro mejor a mis hijos”, y que para ello “la estabilidad económica era algo fundamental”.
Parece que la suerte de Margarita empezó a florecer. Justo en primavera.
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