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La Mañana vendimia neuquina

Vendimia Neuquina: un cierre con tono íntimo y pura identidad local

Cande Vetrano y Julián Valenzuela dieron el cierre para un evento que ya es un clásico para cerrar el verano neuquino.

El otoño hizo una pausa para abrigar con un calor veraniego a la cuarta edición de la Vendimia Neuquina, que cerró este domingo a pura música y con auténtico sabor patagónico. Cientos de asistentes se congregaron en San Patricio del Chañar para disfrutar de una propuesta multifacética entre los viñedos y así vivir, a través del arte, la gastronomía y los vinos, una síntesis del terruño neuquino.

Los últimos racimos que resistían en las vides de la Bodega Familia Schroeder daban la bienvenida a los visitantes, que empezaron a llegar desde las primeras horas de la tarde para cerrar un evento que ya se convirtió en una clásico dentro de la agenda de festivales. Después de la masiva respuesta que tuvo el show de Natalie Pérez y una puesta de sol que tentó a todas las cámaras fotográficas, el segundo y último día prometía una jornada relajada de tono íntimo para disfrutar de un momento compartido con el vino como protagonista. Y cumplió.

Esta vez, el viento patagónico fue el gran ausente. Sin él, el sol del otoño golpeaba con fuerza a las hojas estáticas de los viñedos. El público lo combatía con sombreros de mimbre y de fieltro, con gorras, pañuelos o en la sombra de las alamedas y hasta de las palmeras de Saurus Restaurante. Desplegaban lonas y reposeras sobre el césped prolijo de la entrada, e incluso entre las hileras de frutales, buscando el lugar perfecto para disfrutar de la presentación de Cande Vetrano, que desembarcó en Neuquén como DJ Chancleta.

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En la Vendimia Neuquina todo parecía suceder al mismo tiempo. Los que preferían la soledad se perdían entre las hileras de la vid o a la sombra de los árboles más alejados, mientras otros se agolpaban muy juntos para no perderse un lugar en la visita guiada y así aprender el ABC del proceso de producción vitivinícola. Pero a las cuatro de la tarde, cuando el sol se ensañaba con la tierra del Chañar, el stand de helados artesanales de Cuore Di Panna parecía ser la atracción más convocante.

Si bien algunos se tentaron con las propuestas de espumantes o rosados y hasta hubo quienes iniciaban sus rondas de mate, el vino tinto no conseguía ser destronado. Muchos de los asistentes se animaron a degustar con propuestas en copas, mientras que otros que ya conocían su opción predilecta se llevaban una botella de Pinot Noir para compartir en vasos reutilizables.

Los que llegaron con apetito optaban por la pizza o las propuestas ahumadas con carne de cerdo. En paralelo, otros se escurrían para visitar los olivares en bicicleta, degustaban aceite de oliva en el stand de SUD o admiraban los autos de alta gama que estaban en exposición.

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En un ambiente relajado, donde se dejaban ver las familias que llegaron con niños y, sobre todo, los grupos de amigos, se destacaba una estética campestre en la que reinaban no sólo los sombreros y los anteojos oscuros, sino también las túnicas etéreas de color blanco, las camisas de lino y las botas de influencia tejana, que se adaptaban al terreno.

El set de Cande Vetrano

A las cinco de la tarde, y con exagerada puntualidad, Cande Vetrano se subió al escenario de la Bodega Familia Schroeder para hacer sonar "Cuando calienta el sol", una reversión del conocido hit de Luis Miguel que parecía describir con exactitud el estado meteorológico de la Vendimia Neuquina. Aunque los primeros sonidos sólo atrajeron a algunos curiosos que querían congelar ese instante con una foto, a Cande sólo le bastaron quince minutos de música para hacer bailar a todos los presentes.

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La actriz devenida en DJ se movía al ritmo del set con un vestido de encaje blanco, quizás demasiado abrigado para la ocasión, y un flequillo color azul sobre su pelo castaño que se enmarcaba con prolijidad entre sus enormes auriculares negros. Sin dejar de moverse, enfocaba su atención en su computadora portátil, personalizada con decenas de stickers coloridos y su sello de DJ Chancleta.

"¡Vamos que se viene el atardecer!", arengó a la audiencia, quizás a sabiendas de que los tonos ocres que prometía el cielo eran la postal más esperada por todos. Al menos así lo vivió la propia Natalie Pérez, quien se acercó al escenario y le regaló un gesto de complicidad a su colega, que Cande devolvió en medio del set. Después de la tarde de masiva convocatoria el último sábado, la cantante prolongó su estadía en la región para vivir, como una más entre el público, una jornada atravesada por la identidad neuquina.

Una tarde a pura identidad

Entre el ambiente relajado para bailar o simplemente dejar pasar las horas con una copa en la mano, la Vendimia Neuquina fue también una vidriera para mostrar lo que San Patricio del Chañar tiene para ofrecerle al mundo. Para el intendente Gonzalo Núñez, este tipo de eventos potencian todas las actividades que la localidad ofrece para el turismo, y que incluyen la pesca o las visitas a otros establecimientos.

La Legislatura de Neuquén ofreció una dosis de neuquinidad con un stand de Casa de las Leyes, que invitaba a sumergirse en los productos culturales y los libros de autores neuquinos que nutren su biblioteca. Tras declarar a la Vendimia Neuquina como un evento de interés legislativo, se hicieron presentes a través de una visita de la vicegobernadora Gloria Ruiz y con un espacio que recibía las inquietudes del público.

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Para los pequeños productores, el stand municipal fue una oportunidad de dar a conocer sus salsas de ajo, sus mermeladas o condimentos más picantes, que producen a baja escala y encuentran en estas ferias un canal de comercialización. Para los bodegueros, la convocatoria en los viñedos una forma de acercarse en un cara a cara con la población local, sin vinerías ni góndolas de supermercados en el medio.

Así lo vivió Lucy, que está al frente de Aicardi, una bodega boutique que coloca toda su producción vitivinícola en restaurantes gourmet de Buenos Aires o en el mercado extranjero, en plazas como California y Texas, en Estados Unidos, así como Brasil o Perú. Con sus stands contra las alamedas, se sumaron a otros bodegueros, como Secreto Patagónico o Puerta Oeste, para ofrecer degustaciones y dejar que la calidad de su vino se explicara por sí solo.

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Nico Mendoza, un ilustrador que se deja atravesar en cada trazo por su ADN neuquino, también sumó su cuota de arte autóctona a través de un mural de estilo urbano que creaba en vivo con materiales reciclados. Ante la mirada del público, que se dejaba cautivar por su habilidad o le sugería nuevas propuestas, mezclaba estampas eclécticas con un ítem infaltable para una vendimia: una copa de vino.

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