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Virólogo neuquino sigue su avance en la lucha contra el VIH

Andrés Finzi lleva adelante en Canadá una nueva investigación para reducir el riesgo de comorbilidades en las personas que viven con el VIH.

El virólogo neuquino Andrés Finzi, quien reside en Canadá hace veinticinco años, continúa con sus investigaciones para buscar la cura del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). El científico que está al frente del laboratorio del Centro de Investigación del Complejo Hospitalario de la Universidad de Montreal (CRCHUM), Canadá, junto a la doctora Madeleine Durand se encuentra trabajando para reducir la inflamación crónicas y el riesgo de comorbilidades en las personas que viven con el virus. El CRCHUM es uno de los principales centros de investigación hospitalaria de América del Norte. Su misión es mejorar la salud de los adultos a través de una serie de investigaciones que abarcan disciplinas como la ciencia básica, la investigación clínica y la salud de la población.

En un artículo publicado en EurekAlert, una agencia de prensa creada por la Asociación Americana Para el Avance de la Ciencia (AAAS), los científicos explicaron que la activación constante del sistema inmunológico en el cuerpo de las personas que viven con el VIH conduce a una inflamación crónica y en algunos individuos provoca complicaciones asociadas como enfermedades cardiovasculares, osteoporosis o deterioro neurocognitivo. Estos problemas de salud, denominados comorbilidades tempranas, se deben principalmente a los reservorios virales en los que persiste el VIH.

"Estas comorbilidades ocurren aproximadamente 15 años antes en las personas que viven con el VIH, y esta brecha no se ha cerrado en la última década. Hoy en día no existe ningún tratamiento específico para el VIH que pueda frenar este envejecimiento prematuro", afirmó Durand, profesora adjunta de la mencionada universidad e investigadora del centro de investigación canadiense donde trabajan más de 2.100 personas, entre ellas 500 investigadores y unos 650 estudiantes y pasantes postdoctorales.

Cabe destacar que la especialista participó con la doctora Cecile Tremblay en la creación del primer estudio de cohorte canadiense sobre VIH y envejecimiento que reúne a 850 personas que viven con el VIH y 250 personas de control. Esta fuente de datos y muestras está ayudando a varios equipos de investigación de Canadá a comprender cómo estos individuos envejecen de manera diferente.

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Andrés Finzi y la doctora Madeleine Durand están trabajando para reducir la inflamación crónica y el riesgo de comorbilidades en las personas que viven con el VIH. En la foto junto a Mehdi Benlarbi, estudiante de doctorado en el laboratorio que dirige Finzi en Montreal, Canadá.

Andrés Finzi y la doctora Madeleine Durand están trabajando para reducir la inflamación crónica y el riesgo de comorbilidades en las personas que viven con el VIH. En la foto junto a Mehdi Benlarbi, estudiante de doctorado en el laboratorio que dirige Finzi en Montreal, Canadá.

En un estudio recientemente publicado, los científicos demuestran que existe un vínculo entre la inflamación en personas que viven con el VIH y el nivel sanguíneo de la proteína superficial gp120. La gp120 es una glucoproteína que forma parte de la envoltura del VIH. Esta molécula es parte de la "llave" de entrada que utiliza el virus para infectar células humanas. "Aún cuando la carga viral es indetectable, hemos podido detectar esta molécula en la sangre de una de cada 3 personas infectadas. Demostramos que actúa como una toxina y se asocia con inflamación crónica que conduce a comorbilidades", explicó Finzi, profesor de la Universidad de Montreal y titular de la Cátedra de Investigación de Canadá en Entrada de Retrovirus.

Para lograr estos resultados, el equipo de investigadores midió el nivel de gp120 en el plasma de 386 personas de la cohorte dirigida por Durand. Estos adultos mayores de 40 años viven con VIH desde hace un promedio de 16 años, están en triple terapia y tienen una carga viral indetectable, señalaron. "Conseguimos contrarrestar los efectos nocivos de la gp120 in vitro utilizando fostemsavir, un fármaco solo para determinadas personas resistentes a los tratamientos tradicionales contra el VIH y cuya carga viral es detectable", describió Finzi.

Impulsados por los resultados del estudio, Durand y Finzi preparan un ensayo clínico doble ciego para determinar si apuntar a gp120 reduciría la inflamación y, por lo tanto, el riesgo de comorbilidades tempranas.

Los científicos cuentan con el apoyo financiero de los institutos canadienses de investigación en salud, la Red Canadiense de Ensayos sobre el VIH del Instituto Canadiense de Investigación Sanitaria (CIHR) y el Fondo de Investigación de Québec para ayudarlos a implementar el ensayo clínico. "En nuestro ensayo multicéntrico que durará dos años, analizaremos concretamente si la adición de fostemsavir a una terapia triple existente conduce a una reducción de las enfermedades cardiovasculares. Esto estará determinado por el cambio en el volumen de la placa coronaria al inicio y al final del estudio, medido mediante tomografía computarizada cardíaca", explicaron los especialistas. También se evaluará la fragilidad de los pacientes a lo largo del tiempo y sus habilidades cognitivas.

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Según informaron los especialistas, el ensayo clínica podría comenzar en septiembre de 2024 y para ello se reclutarán unas 200 personas utilizando los mismos criterios que los de la cohorte mencionada. El objetivo es reclutar al 50 por ciento de mujeres para el ensayo. Las mujeres que viven con VIH representan el 23 por ciento de los afectados en Canadá, y este grupo, después de las poblaciones indígenas, es el segundo de más rápido crecimiento. "Si nuestro ensayo tiene éxito, se produciría un cambio de paradigma en el tratamiento actual. Nuestro enfoque hacia la medicina personalizada, optimizando la terapia antirretroviral en muchas personas en quienes la gp120 es detectable, podría reducir la carga de sus comorbilidades y así mejorar su calidad de vida", señalaron los especialistas.

Un palo en la rueda al virus

Hace unos años atrás, en una entrevista con LMNeuquén, Finzi definió su trabajo de investigación contra el virus de la siguiente manera: "lo que yo hago de manera general es tratar de ponerle un palo en la rueda al virus. Y primero, para poder hacerlo, tenés que saber el tamaño de la rueda, la cantidad de rayos que tiene, a qué velocidad se mueve, cuánto pesa y la distancia entre los rayos. Todo, para poder saber con qué palo la podés frenar. Entonces, es una pasión tratar de encontrar y entender cómo funciona el virus, porque solo así vamos a poder atacarlo". Sobre si existe la posibilidad de cura, el especialista neuquino señaló que "lo que nos dimos cuenta es que el VIH tiene una 'capa de invisibilidad' que hace que sea invisible para el sistema inmunitario. Y entonces nos preguntamos cómo hacer para sacarle esa capa. Y encontramos una manera, se la sacamos de manera tal que entonces deviene visible y el sistema inmunitario puede atacarlo. Lo hicimos in vitro y funcionó muy bien".

Datos en el mundo y en Argentina

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a fines de 2022 más de 39 millones de personas vivían con el virus que causa el Sida y 630 mil murieron por enfermedades relacionadas con el Sida. Una de las cifras más alarmantes señala que tan solo el 79 por ciento de los seropositivos conoce su condición. Por lo tanto se han creado distintos planes de acción para prevenir y combatir esta enfermedad y brindar atención adecuada e igualitaria a quienes lo necesiten.

Los últimos datos dados a conocer por el Ministerio de Salud de la Nación, se estima que en la Argentina son más de 140 mil las personas con VIH en la Argentina, aunque un 13 por ciento de ellas desconoce su diagnóstico o lo hace en una etapa avanzada de la enfermedad, cuando su salud ya está deteriorada.

En la actualidad, el 68% de las personas que conoce su diagnóstico se atiende en el subsistema público de salud y más de 65 mil se encuentran en tratamiento antirretroviral en el mismo. El VIH en Argentina es una epidemia concentrada con prevalencias mayores al promedio en algunos grupos clave, como las mujeres trans, los varones que tienen sexo con otros varones y las/los trabajadores sexuales.

Por año se notifican un promedio de 5.300 nuevos casos, diagnosticándose un 68,4% de varones cis persona cuya identidad de género y sexo asignado al nacer son coincidentes) con VIH con una mediana de edad de 32 años, mientras que las mujeres cis representan el 30,4% con una mediana de 35 años.

La principal vía de transmisión del VIH son las relaciones sexuales sin protección (99%). Entre los varones cis, el 66 % se infecta durante prácticas sexuales con otros varones y el 32 % durante relaciones sexuales con mujeres cis.

Por otro lado, la tasa de mortalidad por patologías asociadas al VIH, si bien tuvo importantes cambios en los últimos 10 años, continúa con tendencia al descenso ubicándose en 2,8 cada 100 mil habitantes en 2021.

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