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La Mañana Crimen

No nos olvidamos de Cabezas

Como tantas otras víctimas, el apellido Cabezas quedó identificado con la búsqueda de la verdad.

"No se olviden de Cabezas”. La frase con la imagen del reportero gráfico que, luego de fotografiar en el verano pinamarense de 1996 al, hasta ese entonces, enigmático y oscuro empresario Alfredo Yabrán, apareció al año siguiente asesinado en un descampado con su vehículo prendido fuego, aún se mantiene en escritorios, en paredes de cualquier ciudad del país, en las mochilas de sus colegas y en cualquier lugar que uno pueda imaginarse.

El documentalEl fotógrafo y el cartero: el crimen de Cabezas”, que dirige Alejandro Hartmann y produce Vanesa Ragone, que se estrenó hace unos días en Netflix, no solo muestra una mirada emotiva y dolorosa sino también la indignación de una sociedad ante el crimen político más aberrante desde el regreso de la democracia. Un asesinato que se convirtió en el máximo emblema de la lucha por la libertad de expresión en la prensa en la Argentina y convulsionó a la opinión pública y al poder.

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La película despliega una hipótesis de que esas expresiones contra los tenebrosos tejidos del poder político de alguna manera terminó desembocando en la explosión del 2001. Quienes seguimos las instancias de ese crimen, ver el documental nos sigue conmocionando porque nos hace volver a esos momentos donde nos volcamos a las calles contra la impunidad.

Como tantas otras víctimas, el apellido Cabezas quedó identificado con la búsqueda de la verdad. No olvidarse de Cabezas es quebrar con esa idea de que el olvido es el método para lograr impunidad.

El lema “No se olviden de Cabezas” se repetirá por siempre. Acaso porque es un duelo que no termina de cerrar.

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