"Nunca tuve crisis con la edad"

Andrea Frigerio. Una abuela muy sensual. La ex modelo disfruta del éxito de El ciudadano ilustre después del Festival de Venecia, sueña con la nominación a los Goya y hasta al Oscar. Además, a los 55 años, dice que nunca se operó la cara ni lo haría, porque es su identidad.

Paula Bistagnino

Especial

Andrea Frigerio camina por un hotel de Buenos Aires vestida de negro de pies a cabeza, con el pelo largo y apenas maquillada, y parece que estuviera desfilando. A los 55 años, la ex modelo sigue teniendo ese estilo espigado y elegante que hace que varones y mujeres se den vuelta para verla y comenten su belleza. Ella está feliz por que le hayan ofrecido un personaje en el que no es esa mujer refinada, regia, cheta y mala que casi siempre le ofrecen. Está feliz por aparecer en la pantalla grande en la piel de una madre de familia y esposa que no se maquilla, lleva el pelo recogido y, de alguna manera, opaca su belleza. “Me encanta verme maquillada ‘en contra’”, dice. Y no es casual: llegó a la actuación desde las pasarelas y el desafío es que puedan verla en papeles que no respondan a lo que se llama el “physique du rôle”.

Una nueva experiencia: "No dejo de sorprenderme. Caminar por la alfombra roja, llegar a Venecia y hacer una rueda de prensa".

¿Imaginabas vivir este momento?

No, no, jamás. La verdad es que fue algo que no me lo esperaba para nada, porque nunca había estado en un festival de cine. Hice mucho teatro, mucha televisión y nunca había hecho cine así que todo lo que trae el cine, y esto de circular por el mundo y dar entrevistas a periodistas de otros países... No dejo de sorprenderme. Caminar por la alfombra roja, llegar a Venecia y hacer una rueda de prensa con periodistas de todo el mundo... Tuve la suerte de ser elegida para un personaje que no es el que habitualmente me piden.

¿Preguntaste por qué te eligieron?

Justo estos días, después de Venecia, les pregunté a los directores por qué me habían elegido. Y me dijeron: “Vos no sabés el registro que tenés. No tenés idea de todo lo que podés hacer”. Y me agradeció mucho que no me hubiera tocado nunca la cara.

Como modelo en la década del 90, cuando todas se tocaban la cara, fue toda una decisión…

Es que no se me ocurrió nunca realmente. Porque siempre tuve claro que si algo no me gusta no son las marcas naturales de la edad sino el no reconocerme. Sería dejar de ser quien soy: se borrarían mi mamá y mi papá de mi cara. Y no quiero. Porque yo soy ellos y quiero parecerme a ellos.

Cuando te llamaron, ¿te sentías preparada para un papel así?

Sí, si bien en la tele siempre me llaman para hacer el mismo tipo de personaje, que es una señora de clase alta y refinada, yo no es lo único que he hecho: en La casa de Bernarda Alba hice a Angustia, que era una de las más oscuras de las hermanas, la solterona, odiada por todas…

Llegó pasados los 50, ¿fue en el momento justo?

Llegó cuando tenía que llegar. Yo no creo que hubiera podido hacerlo antes ni creo que ellos me hubieran convocado. Y por eso, por las oportunidades que han llegado en los últimos años, yo siento que el paso del tiempo vale la pena. Nunca tuve crisis con la edad. Tengo 55 años, soy abuela y me encanta todo lo que me pasa.

¿Imaginabas lo que iba a pasar con esta película?

No, en absoluto. No me imaginaba nada. Y en un punto me alegro de que me vaya sorprendiendo: porque, por ejemplo, cuando fuimos a Venecia, así como al terminar la película, nos ovacionaron de pie, me dijeron que a veces también puede pasar que se paren y se vayan o que te abucheen… Creo que si hubiese sabido eso, no habría ido.

¿Con qué expectativas aceptaste el papel?

Esta es la segunda película que hago. La única que hice antes fue Pasaje de vida y ahora esta… Y el único criterio que tengo para elegir es que me guste el guión. Y todo estuvo bien desde el comienzo, aunque tuvo muchas vueltas la película y en un momento parecía que no se hacía. Es más, una vez me crucé a Oscar (Martínez) en un cumpleaños y le dije que íbamos a hacer una película juntos. Y él me dijo: “No, no, esa película… Cuando las cosas empiezan mal”. Y yo le dije: “Vas a ver que sí, la vamos a hacer”.

¿Tan segura estabas?

Sí, soy muy intuitiva y confío en eso. Pero además hago todo con ganas y buena energía, soy optimista, confío en que las cosas van a salir bien. Y si me parece que no, me voy…

Lo contrario de tu personaje, Irene, una mujer sumisa…

Claro, Irene es una mujer que ha resignado todo por su familia y que siente que tienen que bancarse todo porque no puede desarmar eso que armó, porque en un punto es lo único que tiene, y no puede por sus hijos, por lo que va a pensar el resto de la gente. Yo no soy así. El único punto en común es que yo soy una mamá y una mujer que elige la familia como formato. Pero yo no he resignado nada. Yo cuido y apoyo a mi familia y ellos me cuidan y me apoyan a mí.

¿No te importa el qué dirán?

No, para nada. Yo elijo cuándo entrar y cuándo retirarme de un lugar en el que no estoy bien, que no me hace bien. Yo no padezco. No me interesa para nada lo que piense nadie.

¿Cómo fue trabajar con Oscar Martínez?

Es divino, porque es un actor increíble, una personaje sensible y muy fácil para trabajar.

¿Te imaginás en la pantalla de los Oscar?

No me quiero adelantar, pero quién sabe. Están pasando tantas cosas inesperadas y a la película le está yendo muy bien. Creo que lo primero importante son los Premios Goya y después lo que tiene que pasar es que la elijan para participar.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído