Ovodonación, una compleja decisión para dar vida
Para la mayoría de las mujeres, enfrentarse a la noticia de su infertilidad supone un estrés que suele poner en riesgo su estabilidad emocional, una estabilidad que volverá a ser zarandeada si se encuentra ante a la decisión de si quiere o no tener un hijo por ovodonación. Y todo esto porque –y aunque las cosas están cambiando– vivimos en una sociedad donde la fertilidad se ha considerado históricamente un valor intrínseco, sobre todo para quienes viven en pareja y desean y creen que se espera de ellos que sean padres.
Según la psicóloga Soledad Chamorro, la ovodonación ya de por sí provoca “un desajuste emocional, una conmoción que empuja a la mujer a sentirse culpable por no ser madre, con la consiguiente disminución de su autoestima, que a veces conlleva una sintomatología depresiva”. Sin embargo, frente a esta causa de infertilidad sólo existe un tratamiento de reproducción asistida capaz de atajar el problema: la fecundación in vitro con óvulos de donante.
Una de las cosas que más les preocupan a las mujeres es no conocer al donante y que el niño pueda tener algún rasgo físico llamativo que no le permita identificarse con ella y su familia. También les obsesiona la idea de si serán capaces de cuidar, sentir y querer a su hijo como si fuera suyo y si pueden nacer con alguna enfermedad o un carácter complicado que les dificulte aceptarlo.
Paralelamente se sienten egoístas por haber retrasado tanto el momento de la maternidad, hasta llegar a una edad, tocando o sobrepasando los 40, en la que el reloj biológico juega ya en contra; y sostienen la duda de si los abuelos y familiares aceptarán sin problemas.
Carga genética
Otra cuestión traumática es la certeza de que se perderá la carga genética de la familia, una carga en la que todos nos reconocemos y a la que siempre aludimos para agradecer o culpar cualquier característica física o psicológica. “La genética –apunta la licenciada Chamorro- parece que tiene menos peso del que a priori pensamos y, sin embargo, es importante saber que atribuimos todo lo que somos a la genética y ademas eso nos da seguridad”.
Aunque algunas situaciones, en frío, pueden parecer insólitas, los temores y obsesiones que puede tener una mujer antes de aceptar una ovodonación parecen infinitos. Contarlo o no a la familia resulta un tema, en muchos casos, comparable con la traición. Y al mismo tiempo se sienten absolutamente superficiales cuando reflexionan y piensan que es exagerada la importancia que le atribuyen al parecido físico de su futuro hijo. “Los psicólogos nos planteamos contribuir a que el entorno social, emocional y personal sea integrador. Hay que darles mucha información para que puedan tener un cambio de actitud respecto de la ovodonación. Sabemos que tienen muchas dificultades para compartir su decisión con personas de su entorno y hay que buscar reducir esas resistencias”, explica Chamorro.
Es un conflicto interno al que se apunta esencialmente. ¿Cómo? De diversas maneras, aunque la premisa que se suele imponer es buscar que el significado de la ovodonación sea realmente positivo. Y fomentar a través de él una concepción más integradora: “Somos padres, da igual cómo lo hayamos conseguido”. Aceptar este modo de entender la situación va a ayudar a que la mujer y su pareja logren conformar una familia psicológicamente sana y equilibrada emocionalmente, con los fantasmas bien lejos.
Asistidas
Claves para una rápida aceptación
El niño nace sin prejuicios. Es central el eje narrativo que tenga la familia. Darle sentido a cómo se formó y montó el grupo familiar más que a su origen.
La estadística juega a favor. La realidad indica que la mayoría de las madres que aceptan la ovodonación, cuando tienen al bebé en su vientre, se olvidan de todos los temores previos.
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