Hay nombres que siempre están de moda, mientras que algunos dejaron de inscribirse hace décadas y hoy son una rareza absoluta en los registros civiles.
Los nombres no son elecciones inocentes. A lo largo de la historia, funcionaron como marcas de identidad, tradiciones familiares y expresiones de fe, pero también como señales de época. Al igual que la moda o el lenguaje, los nombres propios acompañan los cambios culturales y revelan qué valores predominan en cada momento histórico.
En la Argentina, los registros oficiales permiten observar con claridad este fenómeno. Hay nombres que fueron frecuentes en otros siglos y que hoy resultan prácticamente desconocidos, al punto de haber desaparecido por completo de las actas de nacimiento. No se trata solo de una cuestión estadística, sino de un reflejo de transformaciones profundas en la manera de pensar y de nombrar.
A partir de mediados del siglo XX, comenzaron a consolidarse nuevas tendencias a la hora de elegir nombres. Ganaron terreno aquellos asociados a ideas positivas, neutras o vinculadas a la identidad personal, mientras que otros, cargados de simbolismo religioso o de significados considerados “pesados”, fueron quedando en desuso.
Este cambio responde a múltiples factores: la pérdida de centralidad de la religión en la vida cotidiana, la influencia de corrientes culturales globales y una mayor búsqueda de originalidad o bienestar simbólico en los nombres elegidos para los hijos.
Recién a partir de allí aparece uno de los casos más llamativos. Se trata de Angustias, un nombre femenino que no se registra oficialmente en la Argentina desde hace más de 70 años, según datos de los registros civiles. Su desaparición no parece casual y está estrechamente vinculada a su significado.
Qué significa Angustias
Angustias proviene del latín angustia, que remite al dolor profundo, la aflicción y el sufrimiento. Su origen es religioso y está asociado a Nuestra Señora de las Angustias, una de las advocaciones de la Virgen María que representa el padecimiento durante la pasión y muerte de Jesús. Durante siglos, este tipo de nombres fue habitual en familias profundamente creyentes.
Con el paso del tiempo, esa carga simbólica comenzó a jugar en contra. La asociación directa con el sufrimiento hizo que el nombre dejara de ser elegido por las nuevas generaciones, en sintonía con una sociedad que empezó a priorizar significados ligados a la alegría, la fortaleza o la esperanza.
Aunque Angustias conserva un fuerte contenido espiritual y una historia ligada a la fe católica, hoy quedan muy pocas personas vivas que lo lleven. Su ausencia sostenida en los registros durante más de siete décadas da cuenta de un cambio claro en las preferencias culturales.
Pero no es el único caso. Según el RENAPER, existe un ejemplo aún más extremo: el nombre Lesbia fue inscripto una sola vez en el país, en 1924, y nunca volvió a repetirse. Se cree que pudo haberse inspirado en la isla de Lesbos o en la poetisa griega Safo, reconocida por su obra dedicada al amor femenino.
Más allá de su peso histórico y cultural, Lesbia se convirtió en uno de los nombres más raros de la Argentina, con más de un siglo sin nuevas inscripciones. Junto al caso de Angustias, evidencia cómo los nombres también cuentan historias de cambio: lo que una sociedad elige conservar y aquello que, silenciosamente, decide dejar atrás.
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